domingo, septiembre 16, 2018

PORTAZOS A LA "ALTA COMISIONADA" @mbachelet



En una sobria ceremonia en la sede de la ONU en Nueva York, la ex Presidenta de Chile cumplió con su juramento de rigor para asumir como Alta Comisionada de la oficina de derechos humanos del organismo. Previamente,  había estado en Ginebra,   conociendo las dependencias de su monumental centro de operaciones, el Palacio Wilson (en la foto), donde trabaja su numeroso Comité Asesor.

Desde ese lugar se monitorea el panorama mundial de los dd.hh. y se emiten las instrucciones u órdenes a los delegados locales. Era a dicha oficina en Ginebra hasta donde la siniestra Lorena Fries enviaba los videos espías  de las "represiones" de Carabineros a comuneros comunistas y a estudiantes extremistas.

Por identidad ideológica, la ex Presidenta consentía ese tipo de arbitrariedades, ignorando el atropello a los derechos de víctimas inocentes,  como los Luchsinger/McKay-, los profesores agredidos, la propiedad privada destruida por encapuchados y estudiantes impedidos de ingresar a clases.
El Gobierno actual está implementando un Plan Nacional de dd.hh., que incluye a todos los sectores de la sociedad y no sólo da protección a extremistas, vándalos  encapuchados y fabricantes de bombas Molotov, como ocurría con el anterior.

No es menor el desafío que el socialismo internacional le planteó a Bachelet para limpiar su imagen. Gústele o no, quiéralo o no, tendrá que enfrentarse a históricos aliados ideológicos, ser portavoz mundial de ¡todas! las víctimas de violaciones a sus derechos, correr riesgos -un antecesor suyo fue asesinado- y combatir flagelos que ella misma ignoró durante su Presidencia, como el tráfico de personas -con la inmigración descontrolada- y  el SIDA, que tiene a nuestro país ocupando el primer lugar en Latinoamérica.

Su flamante cargo, con rango de Secretario General adjunto, fue creado por la ONU en 1993, en Viena Lo han ocupado José Ayala Lasso, de Ecuador; Mary Robinson, de Irlanda;  Sergio Vieira de Mello, de Brasil, asesinado en Bagdad, el 2003; Bertrand Ramcharan, de Guyana; Louise Arbour, de Canadá; Navanethem Pillay, de Sudáfrica; Zeid Ra'ad Al Hussein, de Jordania, y ahora Michelle Bachelet.

La ex Presidenta, de entrada, se estrelló con la dura reacción de tres países que rechazaron sus "sugerencias" de respetar a las minorías, China, Austria e Italia. También se enfrentó a la obligación 'políticamente correcta' de reconvenir a Venezuela, lo que le significó, de inmediato, una severa  crítica de Guillermo Teillier, presidente del PC criollo y su antiguo y fiel aliado.

Entre las obligaciones  que le asigna la fundacional Declaración de Viena hay dos  que conmocionan su conciencia: una es la definición de su cargo como "autoridad moral" de los dd.hh., lo que practicó en Chile sólo a favor de la izquierda, y la otra es "ser  portavoz de las víctimas", lo que hizo mientras fue Presidenta pero sólo en beneficio de comuneros terroristas y de  exiliados políticos

En su primera misión oficial como Alta Comisionada, China rechazó sus críticas sobre las  "detenciones masivas" de  musulmanes uigures y de otras comunidades de esa religión  en los campos de reeducación de Xinjiang, una región del noroeste del país. Pidió el acceso de sus observadores a dicha  zona.
El vocero de la diplomacia china, Geng Shuang, solicitó oficial y públicamente a la Alta Comisionada que se "limite estrictamente a su misión" y "a  ejercer sus funciones de manera justa e igualitaria en vez de escuchar sólo  a una de las partes”...

El canciller de Austria, Sebastian Kurz, fue, incluso, más allá: respondió que tras la inspección sobre la situación de los inmigrantes en su país anunciada por Bachelet, "ojalá la ONU vuelva a dedicarse a Estados donde se practica la tortura".

Sin pelos en la lengua, el ministro dijo dar la bienvenida "a "la ex política socialista, así como miembro de la Internacional Socialista".  Afirmó que las condiciones de vida de los migrantes en Austria son tan buenas "como en casi ningún otro país del mundo", recordando que el suyo
 "es el segundo, después de Suecia, que más personas refugiadas per cápita ha albergado en Europa".

Desafiante. Kurz remató que "la ONU dedique tiempo y recursos a aquellos países donde la tortura y la pena de muerte están a la orden del día y donde se pisotean las libertades de prensa, opinión, reunión y religión".

En cuanto a Italia,  la Alta Comisionada denunció las medidas antiinmigrantes del Gobierno, el cual  prohibió el ingreso a sus puertos a barcos de rescate con inmigrantes. El ministro del interior, Matteo Salvini, le contestó que "no aceptamos lecciones de nadie y menos aún de la ONU, que es incapaz, inútilmente costosa y desinformada".

En cuanto a la situación de sus aliados ideológicos Venezuela y Nicaragua, tuvo el valor de hablar  directamente de "violaciones a los derechos humanos", pero, increíblemente,  invitó a sus Gobiernos a "profundizar en las razones"  de sus crisis, como si todo el mundo no las supiese.

Les solicitó a ambos   "atender los derechos humanos" de quienes huyen de sus países" y con Nicolás Maduro fue explícitamente piadosa, al pedirle que "agilice las gestiones" para someter a juicio a los encarcelados políticos de la oposición. Sobrepasó los límites de su parcialidad ideológica, al hacer un categórico llamado a los Estados que acogen a esos refugiados emigrantes "a tratarlos como corresponde"…

No ha sido fácil el debut de la Alta Comisionada. Pese a su centenar de asesores, está sola y la materia, que supuestamente domina, la conoce sólo del lado que siempre le interesó y le convino. En sus dos estadías en La Moneda no conoció portazos en sus narices, como los recibidos de China e Italia.

 Son gajes que tendrá que ir asumiendo, porque son muchas las piedras que le esperan en el camino.  Al mando de un inmenso barco se siente sola, y sola como nunca. Debe echar mucho de menos a sus queridos e inolvidables pararayos de La Moneda, Lya Uriarte, Pedro Guell y Paula Narváez, que impedían que sufriera más dolores de los que solía experimentar por sus limitaciones políticas y sus arbitrariedades ideológicas..

VoxPress.cl

martes, septiembre 04, 2018

A 45 AÑOS DEL "ONCE".



La chilena debe ser una de las democracias bien consolidadas que cada 11 de septiembre da un pésimo ejemplo de su decadente cultura.
Hace 45 años, la ciudadanía le exigió al mundo militar que se pronunciara para expulsar del poder al totalitarismo marxista, que conducía sin freno al país hacia una dictadura comunista.

Faltan días para que se cumplan 45 años de aquello y, en este largo lapso, la odiosidad que impera en el ambiente nacional parece haber crecido en lugar de disminuir.
Incomprensible resulta esta soberana estupidez de continuar conmemorando una fecha que marca la derrota de un régimen socialista totalitario y el principio de una dictadura militar.

A raíz de una mañosa e inmoral tergiversación de la historia, manipulada por los Gobiernos posteriores al régimen militar, se borró  lo mucho bueno que éste hizo por la recuperación de Chile y se preservó aumentado sólo lo  relacionado a las violaciones de los dd.hh.

Días atrás, un reconocido historiador declaró que "la derecha no abrió la boca para ganar la batalla de las ideas sobre lo que ocurrió el 73". La suya es una afirmación acertada, porque, efectivamente, se le dejó el campo libre a la izquierda para que impusiera sus propias reglas, y éstas son las que mantienen al país fracturado por rencores y odios que, en vez de aplacarse, han ido en aumento.

Lo que, en rigor, debiera conmemorar la izquierda es la fecha de recuperación de la democracia. Pero en dicho trofeo no participó el PC, al no creer en un plebiscito y sólo en la vía armada. Para el partido, por no ser protagonista, ese histórico episodio no cuenta.

Mientras estuvo con vida, Augusto Pinochet fue el único y gran argumento que le sirvió a la izquierda para rearmarse y salvar su razón de ser. Muerto aquél, pudo mantenerse en su línea de flotación gracias al uso y abuso en la explotación de los derechos humanos, el  tema coyuntural que lo copa y lo invade todo.

Hoy, los derechos humanos constituyen el justificativo para  cualquiera protesta populista y de múltiples propósitos, por insignificantes que sean. Estos 45 años  transcurridos del Golpe Militar, sorprenden a Chile en un peak de conflictos y confrontaciones, gracias a este  rico caldo de cultivo que calienta aún más la conmemoración.

Un motivo para pronosticar un ambiente político de alta temperatura es que después de cuatro años, el PC no es Gobierno y, por tanto, ahora carece de una obligada  autocontención.  En su condición de cerebro del programa de Michelle Bachelet y el que siempre "la llevó" al interior de la Nueva Mayoría sin ser mayoría, hubiera sido mal visto que articulase  manifestaciones antisistémicas.

Esta vez no tiene barreras,  y como se halla algo solo y mirado con recelo por sus ex aliados, requiere con urgencia visibilidad y sobreexposición.   Fue una de sus diputadas la gran activista para tener acusados constitucionalmente a tres ministros de la Corte Suprema y el partido  apoya el juicio -en desarrollo- de destitución del Fiscal Nacional.

Reactivó un conflicto pendiente desde el Gobierno de Bachelet: el cierre de la Universidad Iberoamericana por insolvencia económica: después de ocho meses, los alumnos cesados protagonizan violentas  protestas y tomas y copan los medios de comunicaciones con ataque a esta, siendo que las promesas incumplidas que les hicieron fueron de la anterior.

Justo en la víspera de este nuevo 'once', el movimiento feminista de la Universidad de Playa Ancha, históricamente cuna comunista, inició una huelga de hambre.

Un demostrativo preámbulo de lo que vendrá para este nuevo 'aniversario', fue el ataque de bengalas sufrido por el estadio Monumental. Nadie puede no explicarse cómo pudieron ingresar al recinto centenares de ellas sin mediar una planificada y secreta  organización previa: en el recinto estaban un ex ministro de Piñera y protagonista de la colusión del papel, Gabriel Ruiz-Tagle, y la Intendenta Metropolitana.

No hay que olvidar que fue en el anonimato de las galerías de las canchas de fútbol donde fraguaron las primeras expresiones de resistencia y desestabilización al régimen militar.

También muy cercana a este fecha que se avecina, los comuneros comunistas de La Araucanía retomaron sus ataques, destruyendo y quemando camiones en una empresa próxima a Pitrufquén. Habían depuesto sus acciones terroristas, luego de que se le permitiera a un machi condenado por asesinato salir de la cárcel para oficiar un ritual.

En un nivel menos artesanal de rebelión, justo en estos días se fortalecieron las presiones opositoras al Gobierno, exigiéndole duras condiciones para aprobar sus proyectos, como la adecuación a la reforma tributaria, el salario mínimo, la reglamentación para las inmigraciones y creció el boicot a las comisiones prelegislativas de La Moneda. Puso al Presidente contra la pared, al pedirle que hiciera obligatorio un aguinaldo equivalente a un sueldo al empresariado, un beneficio que siempre ha sido voluntario.

Como si no fuera suficiente este clima de fricción, los habitantes de Quintero y Puchuncavi exigen que el Gobierno clausure la veintena de  empresas de ese bordemar por contaminantes. Hace veinte años que los vecinos sufren los efectos de gases tóxicos, incluso durante los Gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría. Sin embargo, coincidentemente, es Piñera la única víctima hasta el momento, al sufrir una encerrona de grupos violentistas ajenos a la zona y con encapuchados tomando fotos de las detenciones policiales. Le gritaron "asesino" y apedrearon su vehículo.

Parece un contrasentido, pero todo esto es el reflejo fiel de la odiosidad política que  impera en la nueva cultura del Chile de hoy: se advierte más ambiente para conmemorar bélicamente  un año más del 'once' que celebrar patrióticamente otro 18 de Septiembre.


Voxpress.cl

lunes, agosto 27, 2018

CULTO A LA MENTIRA HISTÓRICA.




En lo que lleva en el poder, el Gobierno de Chile Vamos,  ha recibido no pocos golpes, y algunos muy duros, por su error de no consensuar antes de resolver.
El heterogéneo tipo de sensibilidades al interior del oficialismo y el abuso de protagonismo por parte de algunos dirigentes, han conducido al Presidente, ministros y partidos a constantes reuniones para "abuenarse".

Históricamente, la derecha ha derrochado infinitas oportunidades de consolidarse en el poder y de salir de su tradicional 'un tercio', precisamente a raíz de disputas internas. Ha carecido, y continúa careciendo, de la generosidad indispensable para priorizar, siempre, el objetivo común: que la izquierda no gobierne.
El 17 de diciembre del 2017, una categoría mayoría le devolvió el poder perdido el 2013, y el entonces Presidente electo advirtió estar "mucho mejor preparado que la vez anterior", aduciendo que "la mejor escuela para un Mandatario es haberlo sido".

No obstante, dicha reflexión parece no estar cumpliéndose, dados los tropiezos propios que han aumentado las abundantes piedras existentes en el camino por la mayoría opositora en el Congreso Nacional.
Meses antes de tomar posesión de La Moneda, Chile Vamos hizo un minucioso harneo de todos los aspirantes a cargos públicos. Fueron chequeados todos sus antecedentes y perfiles para no equivocarse. Pero alguien no fue lo suficientemente minucioso  en los controles: a poco de asumir debió salir el jefe de gabinete del MIINSAL, más tarde un intendente, seguido por tres ministros de Estado -uno, con duración de 48 horas- y la DC le niega la sal y el agua al Presidente mientras mantenga en su puesto al subsecretario de Redes Asistenciales.

Ahora, es inminente otra confrontación interna por el anuncio presidencial de crear un Museo de la Democracia. La iniciativa está en el programa de Gobierno y en el segundo piso de Palacio, una comisión de historiadores ha trabajado desde marzo en el tema.
En un claro error de cálculo, el proyecto fue anunciado días después de que se divulgaran las expresiones de Mauricio Rojas, muy ciertas, desde luego, emitidas el 2016 en cuanto a que "el Museo de la Memoria es un montaje".

Tratándose de una iniciativa en carpeta desde la campaña electoral, no había motivos para hacer el anuncio en esta fecha tan contaminada, siendo que siempre estuvo planificado hacerlo el 5 de octubre, día de conmemoración del plebiscito que puso fin al régimen militar.

Como era de esperar, el anuncio provocó de inmediato la respuesta opositora: "el Gobierno quiere ir al empate" con el Museo de la Memoria. Es un mito hacerse a la idea de que éste, el de la Democracia, será un memorial de todas las víctimas de la izquierda extremista, que es lo que supone el concepto de "empate".

El solo hecho de la fecha pronosticada para su formalización, implica que gran parte del contenido del eventual museo se destinará al período de  "recuperación de la democracia", la que se reestableció a partir de 1990, consecuencia del triunfo plebiscitario. O sea, loas para…¡la Concertación!

Pero, cuidado, porque si se parte de dicha premisa, la futura muestra tendrá que incluir absolutamente todas las "recuperaciones de la democracia", desde que Bernardo O'Higgins se proclamó Director Supremo de la Nación, pasando por los innumerables conatos de golpes y hasta el desbanco  de Presidentes, hechos  -aunque brevísimos algunos- que fueron frecuentes en la primera mitad del siglo XX.

Es antojadizo y arbitrario que una comisión se aboque  a decidir qué o cuántos "períodos de democracia" abarcará la anunciada muestra. Es un crimen parcelar la verdad  histórica.
Se supone que la acción militar del 11 de septiembre de 1973 será totalmente omitida y, tal vez, hasta duramente atacada, pero los patrocinadores del futuro museo no pueden ignorar, ni olvidar, que ella fue consecuencia de un clamor ciudadano que demandó sacarse de encima el yugo marxista. Si bien Salvador Allende fue electo por votación, su Gobierno desde los inicios fue una genuina dictadura.

Desconoció un paquete de garantías para respetar la Constitución, vulneró las leyes de propiedad privada, negó el derecho universal de acceso a los alimentos, violó la independencia de las FF.AA. al incorporarlas a ministerios como elemento de neutralización, pisoteó el artículo de la Carta Magna que lo obliga a reguardar la soberanía nacional introduciendo clandestinamente a milicianos cubanos, infiltró unidades castrenses para generar una Guerra Civil, desechó las resoluciones legislativas y la Cámara de Diputados declaró "oficialmente inconstitucional" su Gobierno.

¿Fue el suyo un Gobierno democrático? ¿Es democrático un Presidente que en su casa de reposo se entrenaba en el uso de ametralladora? ¿Se considera democrática a una nación con parte de su población en posesión de armas para defender la revolución?
La población actual, en especial la juventud, ha sido mañosa y arbitrariamente manipulada para que no se informe ni conozca en detalles el peor Gobierno de la historia de Chile,  embrión de una sumisión al marxismo y camino a convertirse en una segunda Cuba.

Existe literatura al respecto -aunque poca, por razones obvias- y en la Biblioteca Nacional se hallan ricos archivos que prueban lo funesta, odiosa, violenta y divisoria que fue la administración inconclusa de Allende, cuya "obra sin terminar" prometió continuar, felizmente sin éxito, Michelle Bachelet con su nueva Mayoría.

Si este prometido Museo de la Democracia va a generar más deformaciones históricas como el de la Memoria, es preferible dejarlo tal como está, sólo en proyecto. Nuevamente el Presidente  ha vuelto a decidir sin consensuar previamente, y de ello dan cuenta las fricciones internas que ya está produciendo al interior de Chile Vamos el solo anuncio de su materialización. Los auténticos demócratas de este país están cansados de la entreguista rutina de rendir culto a la mentira.


Voxpress.cl

miércoles, agosto 22, 2018

EL "CASO FREI".



Un típico ejemplo de cómo se arma un cuento sin base y se lo eleva a la categoría de verdad nacional es el caso Frei. El ex presidente se operó a fines de 1981 de una obstrucción en el esófago con el médico Augusto Larraín. Un error en la operación generó una infección y una peritonitis, la que dio lugar a otra operación. A ésta el ex presidente no pudo sobrevivir.
Nadie entonces dijo nada de “envenenamiento” ni de intervención de terceros ni menos de “asesinato”, porque Frei vivió sus últimos días protegido y rodeado de sus más próximos, especialmente de sus médicos más amigos y ex ministros, Patricio Rojas y Patricio Silva, y del ex senador doctor Osvaldo Olguín, a quien le oí personalmente el relato de los errores cometidos en la operación final, pues ambos éramos directores de Banmédica en esos años.
El doctor de la primera operación de Frei, Augusto Larraín, sufrió el consiguiente desprestigio a raíz del mal resultado, pero durante más de veinte años jamás dijo nada sobre una intervención de terceros en el desenlace. Al contrario, cuando poco después de la muerte del ex presidente tuvo una hija y recibió un ramo de flores de la viuda, señora María Ruiz-Tagle de Frei, se preocupó de mandar una carta a “El Mercurio” haciendo público ese gesto que lo reivindicaba y destacando la nobleza de la señora Maruja al manifestar así su ningún resentimiento por el fatal resultado de la operación de su marido.
Sólo cerca de quince años después del fallecimiento de Frei Montalva la hija de éste, Carmen, empezó a vocear sospechas de que hubiera habido intervención de terceros en la muerte de su padre. Ya se había puesto de moda culpar de todo al régimen de Pinochet sin pruebas. Y ya los totalitarios se habían transformado en “demócratas”, los agresores en  “agredidos” y los victimarios que preparaban el autogolpe de 1973, denunciado por Aylwin en octubre de ese año, se habían transformado en “víctimas”, declaradas e indemnizadas como tales por el mismo Aylwin.
Pero nadie tomaba en serio las sospechas de Carmen Frei, tanto que el entonces director de “El Mercurio”, Juan Pablo Illanes, nos refirió en una reunión de redactores que, tras preguntarle al presidente Frei Ruiz-Tagle por la denuncia de su hermana, le había replicado: “Son cosas de la Carmen”. Nunca su gobierno se hizo parte de ellas ni investigó nada, porque no había nada. Pero en Chile, si usted consigue el apoyo de la izquierda, puede fabricar un caso a partir de nada. Sobre todo si eso hace posible formular alguna acusación contra el Emmanuel Goldstein de esta nación orwelliana (“1984”) creada bajo la “dictadura del “No” que ya dura 28 años: Augusto Pinochet.
A todo esto, en 1997 el doctor Augusto Larraín también operó a la actual senadora Isabel Allende de lo mismo que había afectado a Frei y cuando ella, al igual que éste, estaba a las puertas de la muerte con una infección generalizada, acudió al doctor Arturo Jirón, ex médico de La Moneda bajo Allende, quien procedió a operarla correctamente, limpió y esterilizó y, en parte también gracias a la menor edad de la paciente, la salvó. Isabel Allende no había tenido inconveniente en declarar de manera pública que ella no creía en el “asesinato de Frei” porque había tenido la experiencia con el doctor Augusto Larraín y sabía que sus procedimientos la habían dejado al borde de la muerte. Pero hace pocos días vi en un tuit suyo, en “La Tercera”, que ha cambiado de posición, pues ahora manifestó su apoyo a la familia Frei en su tesis del “magnicidio”. Yo tuitée entonces: “¡Oh, la política!”. Demás está decir que a la misma tesis se había incorporado con entusiasmo Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que ya no dice “son cosas de la Carmen” sino que lanza tonantes acusaciones contra Pinochet por el “magnicidio” de su padre.
A todo esto, “el que se sube a toda las micros”, Sebastián Piñera, ya en su primera presidencia se trepó al carro de los Frei y les prometió ayuda para conseguir un pronunciamiento pericial norteamericano que acreditara el envenenamiento, pero el perito de allá no encontró rastros de veneno.
Antes de eso el país había sido remecido cuando, bajo el gobierno de Bachelet 1.0, el abogado de los Frei anunció que había un informe de la Universidad de Gante, en Bélgica, confirmatorio del envenenamiento. Entonces la inefable presidenta convocó a la prensa nacional e internacional a La Moneda para denunciar el magnicidio de Frei Montalva, ocasión en que su ministra Vivianne Blanlot lanzó una frase que hizo titulares: “El horror no termina”. Lo malo fue que “La Segunda” llamó a la Universidad de Gante y allá le contestaron que no existía tal informe sobre el envenenamiento de Frei. Pero el abogado de la familia replicó: “¡Hay un informe, hay un informe!”. Sin embargo, nunca lo mostró. Finalmente, renunció al patrocinio de la causa.
Casi un cuarto de siglo después de la malhadada operación el doctor Augusto Larraín, que nunca había dicho nada, apareció en Chilevisión y al día siguiente, 19 de agosto de 2006, en “El Mercurio”, diciendo haber sido citado por el juez Madrid a declarar en la causa abierta a iniciativa de Carmen Frei:
“Guardé por 25 años el secreto de mis impresiones respecto de las razones que habían complicado la salud del ex presidente Eduardo Frei Montalva”, señaló. Pregunto yo: ¿qué médico al cual le han envenenado a un paciente se queda callado por 25 años y no lo denuncia? Bueno, el doctor Larraín le dijo a “El Mercurio” que había guardado en secreto sus dudas y sólo se las había manifestado a su primo y senador DC, Andrés Zaldívar, que tampoco dijo nada.
En esa versión de “El Mercurio” del 19 de agosto de 2006 aparece el doctor Larraín añadiendo que el juez Madrid le planteó “si pudo existir alguna contaminación externa”, a lo que Larraín respondió afirmativamente. “También dijo que Madrid le dio a conocer antecedentes que no conocía”. Y sigue diciendo el diario: “Sobre la forma en que se pudo producir esta contaminación externa, Larraín admitió que pudo no haber intencionalidad, ya que se podría haber causado por una mala esterilización”.
Hoy el caso Frei cobra actualidad porque la DC ha cerrado filas tras su “familia insignia” en la dudosa cruzada que ésta ha emprendido, pretendiendo que el gobierno de Sebastián Piñera se haga parte, pues es conocido por ceder a todas las presiones y se caracteriza, tal como su primera presidencia, por que los columnistas y opinólogos le cambian los ministros. Ahora la DC le exige pedir la renuncia a su subsecretario de Redes Asistenciales, doctor Luis Castillo, que desempeñó igual cargo durante su primera administración, pero entonces la familia Frei no se había dado cuenta de que había tenido bajo su cargo en la UC las muestras de anatomía patológica de Frei Montalva. Ahora al saberlo decidió acusarlo de haberlas ocultado y, por tanto, de ser “encubridor” del magnicidio, todo lo cual es falso, porque esas muestras se tomaron a petición del equipo médico del ex presidente (existe documento), los resultados fueron entregados a dicho equipo médico (existe documento) y hasta octubre de 2002 (veinte años después de la operación) nadie de la familia ni del equipo médico requirió esa información, según expresó en carta al diario el ex decano de Medicina UC, doctor Gonzalo Grebe. Añadió que cuando la señora Carmen Frei la pidió, se le entregó (“existe documento que puede ser público”, afirma). Es decir, cero encubrimiento y cero culpa del doctor Castillo, pero la DC sigue presionando a Piñera para que lo defenestre, cosa que nadie, conociendo a Piñera, puede desechar.
A todo esto, uno de los médicos más amigos de Frei Montalva, su ex ministro Patricio Silva Garín, que quiso ayudarlo en la secuela infecciosa de la operación de Augusto Larraín, aparece procesado como autor del “asesinato”; y otro, Patricio Rojas, ex ministro del Interior, que también manifestó no creer en la tesis del “magnicidio”, sufrió tal embate de injurias desde el seno de la DC que don Patricio Aylwin tuvo que salir en defensa de su buen nombre.
Todo lo cual prueba que usted en Chile, si quiere culpar a Pinochet, puede armar cualquier cuento y transformarlo en proceso judicial en manos de un juez de izquierda, con buenas perspectivas. Pues, según asegura el columnista sabatino de “El Mercurio”, Francisco Covarrubias, “en octubre el juez Madrid probablemente fallará que a Frei Montalva lo mataron”. Ahí tendrá usted la guinda de la torta de la decadencia moral de la “dictadura del ‘No’” que ya cumplió 28 años.
Hermógenes Pérez de Arce

lunes, agosto 20, 2018

EL MUSEO DE LA MALA MEMORIA.

(Pinche sobre la imagen para leer más claramente)


Si cualquier individuo con mediano interés consultase la definición de las palabras antes de exteriorizar su fobia ideológica, se hubiese ahorrado su rabia por las expresiones vertidas por el historiador y escritor Mauricio Rojas el 2016 sobre el mal llamado Museo de la Memoria.
En esa oportunidad, sin detentar cargo alguno, siendo un ciudadano común y corriente con derecho a la libre expresión, como se lo garantiza la Constitución, Rojas comentó que dicho museo “es un montaje”, porque -a su juicio- encapsula mañosamente una sola parte de la historia política del país.
Tiene razón Rojas. La primerísima definición de museo que hace la Real Academia Española de la Lengua (RAE) consigna que es “un lugar en que se conservan y exponen colecciones de objetos artísticos”. En una especificación complementaria, la RAE aclara que es “sin fines de lucro”.
El Museo de la Memoria fue una creación del comunismo para exhibir fotos y documentación de las peores prácticas del régimen militar. No se trata de arte ni, menos, de interés general, por ser una exposición antojadiza y parcial de la historia política del país, con más características de propaganda que de exposición.
Es una entidad privada, con directiva propia y autogestionada, sin vínculo alguno con la DIBAM (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos), pero se financia con recursos públicos, incluso con los impuestos pagados por quienes son denostados y agraviados en dicha muestra. Los ingresos del personal son superiores a los funcionarios de museos públicos.
Si efectivamente se tratase de un museo de “la memoria de terrorismo político”, en sus muros debieran aparecer las víctimas de los crímenes cometidos por la izquierda, y sin represión de por medio, esto es, en plena democracia.
Recordemos a algunos a quienes la izquierda omite, pese a haber sido asesinados a sangre fría en democracia: (1971) ex ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic, y cuyos autores del VOP (Vanguardia Organizada del Pueblo) fueron indultados por Salvador Allende; (1973) Edecán Naval Arturo Araya; (1996) sindicalista Simón Yévenes; (1991) senador Jaime Guzmán, sin ninguno de sus asesinos preso en Chile; (1971/1973) cabos de Carabineros Luis Fuentes, Armando Cofré, Exequiel Aroca, detective Gabriel Rodríguez y subteniente de Ejército Héctor Lacrampette, y (2007) cabo Héctor Moyano, uno de cuyos asesinos del Grupo Lautaro acaba de ser dejado en libertad.
Si los deudos de las víctimas del extremismo quisieran levantar su propio museo para recordarlas, no tendrían financiamiento fiscal, no podría ser ostentoso como el de los comunistas y, de seguro, a las horas de inaugurarse sería apedreado, saqueado o incendiado.
Éste, el de los marxistas, es fruto del más satánico de los dogmas de la izquierda: borrar de su memoria los crímenes propios y, en lo posible, elevar a héroes y próceres a sus promotores del odio y, lo que es peor, a autores de genocidios y asesinatos. Con sus propias manos, el ícono de la libertad, Ernesto “Che” Guevara, ejecutó a 109 cubanos por disentir de la dictadura castrista.
Este archivo que criminaliza al régimen militar se instaló para esconder los mil días de la Unidad Popular, el gran germen del odio entre hermanos, el que, lamentablemente, hasta hoy continúa vigente.
La izquierda eliminó de su lenguaje la arenga de Salvador Allende en cuanto a que “si el pueblo quiere armas, ¡armas tendrá el pueblo!” o su obsecuente reconocimiento de que la Unión Soviética -feto del más cruel genocida que recuerde la historia, Stalin- “es nuestro hermano mayor”.
Es increíble la soberbia con que actúa la izquierda, y no sólo la chilena, sino es también asombroso cómo los demócratas del planeta aceptan que continúe imponiendo la ley del garrote, como si estuviese en su hábitat natural de la Cortina de Hierro.
Amenaza al Estado de Derecho chileno con una acusación constitucional contra ministros de la Corte Suprema porque no le agradó un fallo, pero se soba las manos con los centenares de encarcelaciones decretadas por el mismo tribunal contra sus adversarios políticos. Ahora, con una desvergüenza descomunal, consiguió que el Gobierno se deshiciera del recién asumido ministro de la Cultura, Mauricio Rojas, por su ‘delito’ de haber dicho el 2016, cuando no lo conocía nadie, que el Museo de la Memoria “es un montaje”, una verdad del porte de un buque.
¿Qué esperaban que dijera un exiliado extremista arrepentido que vivió en carne propia la sordidez y oscuros métodos de la izquierda? Obviamente, para sus cabecillas y ‘tontos útiles’ que la escoltan, había que eliminarlo de la faz de la tierra por “traidor”..
El historiador, escritor y ministro por 48 horas, como cualquier otro ciudadano hizo uso de su libertad de expresión dos años antes de serlo. Pero ésta, la izquierda nunca la ha respetado cuando sale de la boca que no sea la de uno de los suyos.
La izquierda logró voltear a un converso y ahora irá por el otro. El Gobierno tendrá que cruzarse de dedos para que al arrepentido, ex guerrillero castrista, el ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero, no se le ocurra hablar…
Voxpress.cl

miércoles, agosto 15, 2018

LA IZQUIERDA, EL PODER DETRÁS DEL PRESIDENTE.



Mauricio Rojas Mullor, ex integrante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), ex miembro del Parlamento Sueco, ex director de Contenidos y Estrategias de la actual Presidencia y ex ministro de las Culturas, de las Artes y el Patrimonio, último cargo en el que duró solo un fin de semana -hace un tiempo atrás- en el programa de televisión “Camilo” de CNN Español, manifestó lo siguiente: “…tendrían que ver el Chile de hoy donde están renaciendo todas estas tendencias que parecen no haber aprendido nada ni olvidado nada del pasado. En Chile hay que luchar fuertemente para restaurar la memoria y para también crear una esperanza…”
A continuación, al referirse sobre el Museo de la Memoria, expresó, “…. es algo para que la gente no piense, para atontarte. No hay ninguna explicación de cómo se llegó a donde llegamos. Es una forma de crearte un verdadero trauma. Es un museo de la izquierda para contar una versión falsa de la historia de Chile porque oculta esa parte importante, cómo llegamos a odiarnos de tal manera…”.
Finalmente, Rojas manifiesta que a la izquierda chilena le falta un acto de arrepentimiento en el cual se deben desprender de su capital político, reconociendo que propiciaron y crearon el camino por el cual transitaron los tanques. Termina su idea con la siguiente frase, “…decir eso, que bien le haría a Chile, que bien le haría a la juventud chilena que ha nacido con este cuento…”
Palabras y expresiones que no fueron aceptadas por quienes son el mayor grupo de presión del país y además tienen el verdadero poder político, la izquierda de Chile.
Si ser político y ser Presidente de Chile, significa no responder a quienes lo eligieron y menos a sus propios ministros (ni hablar de los ex uniformados de quien se ha burlado varias veces) entonces, no hay nada más que hacer. De seguir así, no cabe ninguna duda que el próximo gobierno será de izquierda.
Hagamos fuerza para que este presidente no siga quemando a sus ministros, donde al final del día, el único que se salva es él. ¿Quién seguirá después? Así como están las confianzas, podría ser el ministro de Hacienda o el flamante ministro de Desarrollo Social o tal vez el Ministro de Relaciones Exteriores. No me extrañaría que algún otro ministro dejara el cargo voluntariamente. Con esa lealtad -que también es exigible, de arriba hacia abajo- es difícil, “entre reto y reto”, mantenerse en La Moneda. Un poco de dignidad, por favor.
Christian Slater Escanilla
Coronel (R) del Ejército de Chile.
Oficial de Estado Mayor.
Magister en Inteligencia y Planificación Estratégica.
Diplomado en Recursos Humanos.
Profesor de Escuela en Inteligencia, Táctica, Ética y Topografía.