domingo, enero 21, 2018

PONTÍFICE FRANCISCO Y SUS PRUEBAS PAPALES.



Francisco decidió poner término a su visita al país con una señal política sin precedentes: informó a Chile que, según su convicción, los testimonios de las víctimas que apuntan al encubrimiento del obispo Barros de los abusos cometidos por el padre Fernando Karadima son simplemente “calumnias”.
En los hechos, es la primera vez que un Santo Padre cuestiona la idoneidad ética de los testimonios entregados por víctimas directas de abusos, acusando no solo un posible error o falsedad, sino la intención deliberada de mentir buscando con ello dañar a un inocente. Para el Papa, entonces, el padre Barros sería en este caso la víctima y los denunciantes, los victimarios de una imputación sin base o carente de “pruebas”.
El Pontífice ha sentado así un nuevo precedente: el testimonio de las víctimas de abusos ha perdido toda validez en sí mismo; para Francisco, ahora se requiere que dichos testimonios, por numerosos y verosímiles que parezcan, vayan acompañados de pruebas materiales difíciles de imaginar, salvo en los casos en que las víctimas hayan podido registrar el abuso a través de un medio de audio o visual, o hayan dejado alguna constancia de daño físico directo, el cual tampoco es fácil atribuir a un autor en particular.
En síntesis, los testimonios de las víctimas o de los testigos no tienen para el Papa ningún valor probatorio en este tipo de casos. Las víctimas pueden mentir y calumniar, aún cuando, como ocurrió en la investigación judicial sobre los delitos cometidos por Karadima, la jueza llegara a la convicción de que los testimonios entregados eran verosímiles y consistentes; testimonios que incluyeron descripciones nítidas sobre el rol de cómplice o al menos encubridor del actual obispo Barros.
La exigencia de “pruebas” efectuada por el Papa resulta al final doblemente insólita: por un lado, ya que instala por primera vez un manto de duda explícito sobre el testimonio de las víctimas; también, porque en casos donde las pruebas han sido categóricas y se han aplicado incluso sanciones judiciales o eclesiásticas, igual la jerarquía de la Iglesia Católica ha tenido conductas de defensa y solidaridad con los victimarios. Sin ir más lejos, el recién fallecido ex Arzobispo de Boston, Bernard Law, debió presentar su renuncia al cargo debido a que las evidencias respecto a su sistemático encubrimiento de abusos sexuales cometidos por sacerdotes de su arquidiócesis eran abrumadoras.
Pero en ese caso las “pruebas” tampoco fueron suficientes: el ex Arzobispo Law fue acogido por las murallas del Vaticano; se lo mantuvo luego de su forzada dimisión como integrante del Colegio Cardenalicio y de la Congregación para los Obispos. Y finalmente, su funeral fue realizado en la basílica de San Pedro con todos los honores y la presencia del propio Papa Francisco. En síntesis, el problema aquí nunca ha sido la falta de pruebas. Es más bien la enorme complicidad institucional, el silencio, el sistemático encubrimiento realizado por una estructura de poder, con clara conciencia de que lo todavía escondido bajo sus sotanas, es muchísimo mayor a lo que hasta ahora ha sido obligada a reconocer.

Max Colodro.

jueves, enero 18, 2018

BACHELET: ODIANDO HASTA EL ÚLTIMO DÍA.



La presidenta Bachelet está aprovechando tanto la venida del Papa como el reconocido atributo chileno de no entender lo que se lee para hace un último aporte de odio en su mandato. Bajo el titular de “El Mercurio” de hoy “Presidenta firma proyecto para otorgar beneficio de arresto domiciliario en causas de lesa humanidad a reos enfermos terminales” (pág. C 8), propone normas para todo lo contrario: dificultar o impedir que los Presos Políticos Militares (PPM), por enfermos o enajenados que estén, puedan  dejar el penal.

          El Papa en su visita ha hecho caso omiso de ése, el mayor escándalo de atropello a los derechos de las personas que tiene lugar en nuestro país, aprovechando que no hay nadie que tenga el coraje de hacer manifestaciones públicas ni levantar pancartas en favor de los PPM.
         
          En esto hay una tácita complicidad izquierdista entre la Presidenta y el Pontífice, que tienen otros puntos de vista en común, entre ellos su condena del dinero, como destacara Michelle Bachelet cuando se anunció la visita del Santo Padre. Pero el columnista de “El Líbero”, Alfonso Ríos Larraín, entonces citó, a ese efecto, el siguiente trozo del libro más influyente en los Estados Unidos, aparte de la Biblia, “La Rebelión de Atlas”, de esa rusa de origen y genio contemporánea, Ayn Rand:

"La persona que vendería su alma por una moneda es la que proclama su odio al dinero. Y tiene buenas razones para odiarlo. Voy a darte una pista. La persona que maldice el dinero lo hace porque lo ha obtenido de forma deshonrosa; la persona que lo respeta, lo ha ganado honradamente. Aléjate de quien te diga que el dinero es malvado: tienes cerca un saqueador. En el comercio humano, el único sustituto para el dinero es una pistola. Y entonces la sociedad se deshace, envuelta en ruinas y carnicerías".

Como última gota de odio de su gestión, ahora la Presidenta quiere dificultar la posibilidad de que los PPM ejerzan su derecho a un indulto o a los beneficios carcelarios. Por eso su proyecto declara improcedente el indulto particular para ellos. Además, priva del carácter de “derecho” la obtención de beneficios carcelarios como permisos de salida, libertad vigilada y rebaja de condena, de los cuales ya, pero hasta ahora ilegalmente, se les ha privado. Por añadidura, añade requisitos adicionales e imposibles de cumplir para los PPM que postulen, como los de que “aporten antecedentes serios y efectivos de los que tengan conocimiento en causas criminales de la misma naturaleza (“crímenes o simples delitos de lesa humanidad, de genocidio o de guerra”) y que demuestren su arrepentimiento”, a sabiendas de que la mayoría de ellos han sido condenados por meras presunciones arbitrarias y a veces sin haber visto en su vida a sus supuestas víctimas. En otras palabras, no pueden aportar antecedentes que no tienen ni arrepentirse de hechos en que no han participado, lo que es una forma de negarles los derechos carcelarios.

          Y en un clímax de cinismo, el mensaje del proyecto dice que es “una forma de seguir avanzando en la creación de las condiciones indispensables para alcanzar la verdad, una efectiva paz y reconciliación nacional”, en circunstancias que es la izquierda que ella personifica la que se opone a toda reconciliación, manteniendo la persecución ilícita contra quienes fueron convocados por los políticos democráticos en 1973 a enfrentar al extremismo que pretendía tomar el poder por las armas, este último hoy no sólo perdonado, sino tampoco perseguido y, peor aún, generosamente indemnizado con no menos de 400 millones de dólares anuales en beneficios, pensiones e indemnizaciones que pagamos los contribuyentes.

          Yo he declarado mi “vergüenza de ser chileno” por la inmoral e ilegal persecución a los PPM, en un blog anterior del 5 de enero, al cual los lectores, silenciosamente, le han triplicado el número habitual de lecturas. Es que existe una poderosa pero subterránea conciencia de que un odio inmoral se ha impuesto en nuestra sociedad, del cual la Presidenta quiere exprimir y derramar hasta la última gota en lo que le queda de su mandato, sabiendo que para ello goza de impunidad y complicidad garantizada de sus oponentes políticos, del resto de la sociedad y, ahora, también del visitante Papa.


Hermógenes Pérez de Arce.

lunes, enero 15, 2018

LA FRIALDAD PAPAL CON SEBASTIÁN PIÑERA.



Entre tanta agitación relacionada con la visita del Papa Francisco a Chile, ha pasado a un segundo plano la inexistencia de una reunión privada con el presidente electo, Sebastián Piñera. Si bien van a poder encontrarse en el marco de una reunión de Su Santidad con académicos e intelectuales en la Universidad Católica, no reviste el grado que debiera tener el encuentro entre un jefe de Estado como el Vaticano y una autoridad electa.
Desde el punto de vista protocolar, es un desaire claro que ha puesto muy incómoda a la derecha. Cuando se planificó la visita del Papa, era evidente que Chile tendría en ese momento dos presidentes, pues habría concluido la segunda vuelta. La oportunidad pareció incluso un buen momento, para así poder construir relaciones con el gobierno que viene. Pero en la planificación, las cosas fueron distintas. Junto con la ausencia de una reunión con víctimas de abuso por parte del clero, se suma el ninguneo a la derecha. Más aún, si como ha trascendido en la prensa, en la visita que le hizo la Conferencia Episcopal al presidente electo éste le manifestó el interés de juntarse en privado con el Papa, recibiendo una respuesta negativa, con la evidente incomodidad del momento.
Una primera hipótesis para tal distancia es el conocido desagrado que tiene el Papa con la derecha latinoamericana. Su propio discurso es hostil al liberalismo económico, hasta niveles exagerados. Probablemente uno de sus más conocidos bergoglismos -como conoce la prensa a sus excentricidades verbales- es cuando calificó al dinero como el “excremento del diablo”. Si en Chile hay un político que representa el dinero es, sin duda, Sebastián Piñera. La amistad que éste tiene con Macri, para las narices de Bergoglio, implica más hediondez proveniente de las letrinas demoníacas.
Una segunda hipótesis es que el gobierno saliente presionó a los organizadores para que no ocurriera tal encuentro. Con ello podría asegurarse que se cumpla la hipótesis planteada en una columna firmada por la Presidenta, respecto a que Su Santidad viene a bendecir este nuevo país, más solidario y alejado de la lógica neoliberal del pasado, que por cierto incluye a la ahora maldita Concertación. Muchos en la derecha querrán ver esa operación, pero es poco plausible, pues no tiene La Moneda tal capacidad de operar, ni necesita estimular mucho a Francisco para que hable contra el lucro.
Esta distancia con la derecha tendrá consecuencias políticas. La instalación del mensaje que el lucro es malévolo servirá de consignas para opositores a Piñera y con ello complicará sus acciones políticas de los primeros días de su gobierno. Veremos a entusiastas antirreligiosos usar consignas y homilías papales como frases para hacer oposición a la derecha. Stalin solía preguntarse cuántas divisiones tenía el Papa para ningunear su poder, pero en Chile, al calor de sus palabras, podría armarse una armada antiliberal entre izquierdistas furibundos y místicos religiosos.
El Papa tiene un documento contra el neoliberalismo, dedicado a atacar el lucro y calificar de desequilibrio al poder de los mercados y de la especulación financiera. En ese mismo escrito, coloca a Dios y a la Iglesia del lado contrario del capitalismo. Curiosamente, es más cercano su planteamiento al del Frente Amplio que la doctrina de la católica Chile Vamos que pretende volver a estimular la iniciativa privada. Si además Francisco, como suele hacer, se manda una cuña contra el dinero, más se le enredará la madeja a Piñera.
Carlos Correa.

jueves, enero 11, 2018

EL VERGONZOSO VIAJE DE BACHELET A CUBA.



La visita de la saliente presidenta de Chile Michelle Bachelet a Cuba fue una desgracia para su legado como líder democrática. Pero lo que es aún peor, fue un duro golpe para lo que queda de la izquierda democrática, defensora de los derechos humanos y globalizada de América Latina.
Durante décadas, los gobiernos izquierdistas moderados de Chile han sido un referente para la izquierda democrática latinoamericana. Los políticos de centro izquierda de la región citaban a Chile –con razón– como un ejemplo de un país gobernado por la izquierda que logró reducir la pobreza a largo plazo sin la represión política, el caos económico ni la migración masiva de Cuba o Venezuela.
Chile redujo la pobreza del 40 por ciento de la población al final de la dictadura del general Augusto Pinochet en 1990 al 11,7 por ciento en 2015, más que cualquier otro país latinoamericano.
Y gran parte del éxito de Chile se debió a los gobiernos de centro-izquierda que vinieron después de Pinochet. Estos gobiernos firmaron acuerdos de libre comercio con docenas de países, mantuvieron buenas relaciones con la comunidad empresarial y defendieron los valores democráticos dentro y fuera del país.
Incluso Bachelet en su primer gobierno, de 2006 a 2010, se guió por el pragmatismo y las buenas políticas económicas. Pero en su segundo mandato, que comenzó en 2014, cedió a las ideas de la vieja izquierda de su juventud, y apoyó medidas educativas y económicas que no han funcionado en ninguna parte. El ex presidente de centro-derecha Sebastián Piñera ganó las elecciones del 17 de diciembre por un abultado margen.
¿Por qué viajó Bachelet a Cuba, en una de sus últimas apariciones internacionales antes de dejar el cargo? ¿Y por qué se reunió con el último dictador militar de las Américas, el general Raúl Castro, y no se vio con ningún miembro de la oposición pacífica durante su visita?
El anuncio del gobierno de Bachelet de que el propósito del viaje era mejorar los lazos comerciales con Cuba suena a una broma. Según la agencia de noticias EFE, el comercio bilateral entre Chile y Cuba es de menos de $40 millones al año, lo que en el comercio actual equivale a casi nada.
Si el propósito de Bachelet era aumentar las exportaciones chilenas, habría hecho un mucho mejor uso de su tiempo yendo a cualquier otro país con una economía en crecimiento. Cuba, por el contrario, está en bancarrota. Las luces de la isla ya se hubieran apagado si no fuera por los subsidios de petróleo venezolanos.
Patricio Navia, un profesor de la Universidad de Nueva York y conocido analista político chileno, me dijo que la visita de Bachelet probablemente fue un “viaje nostálgico”.
“Fue allí para cerrar un capítulo de su historia personal, desde los días de su juventud cuando apoyaba la Revolución Cubana”, me dijo Navia. “Es como si, después de treinta años de matrimonio, vas al lugar donde conociste a tu primera novia cuando tenías quince años”.
Esa es una posibilidad. También existe la posibilidad, según me sugieren algunas fuentes en Chile, de que Bachelet haya viajado a Cuba en una misión secreta para pedirle a Castro que convenza al presidente venezolano, Nicolás Maduro, de que acepte una solución negociada a la crisis de Venezuela.
México y Chile están mediando en las negociaciones entre la oposición venezolana y el régimen de Maduro. Pero las conversaciones han fracasado hasta el momento debido a la negativa de Maduro a permitir elecciones libres.
Lo más probable es que la visita de Bachelet fue un acto simbólico para establecer sus credenciales de izquierda antes de comenzar una carrera post-presidencial en Chile o en alguna organización internacional en el extranjero.
Lamentablemente, fue un simbolo del retroceso de la izquierda democrática en Chile. El término “izquierda” ha quedado en manos de los autócratas de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, y de los populistas que gobernaron Argentina, Brasil y Ecuador, y hoy enfrentan acusaciones de corrupción masiva.
Eso es una verdadera lástima, porque lo mejor que le podría pasar a Latinoamérica sería tener una izquierda y una derecha democráticas, compitiendo en elecciones libres y garantizando la estabilidad y el progreso.
Andrés Oppenheimer.

lunes, enero 08, 2018

EL PAPA FRANCISCO IRÁ A PUNTA PEUCO.



Si Su Santidad se informa debidamente acerca de la realidad chilena, es seguro que va pedir se le organice una visita a Punta Peuco.
Ahí están las personas más marginadas, discriminadas y vulneradas de la sociedad chilena actual. ¿Cómo Francisco no les va a llevar una palabra de consuelo, cuando el Señor ha dicho que “los últimos serán los primeros” e instado a que acudan a Él quienes tengan “hambre y sed de justicia”?
Los internados ahí son, por otra parte, personas de avanzada edad y que han sido privados de derechos básicos que tienen los demás habitantes del país. Son los más discriminados de la nacionalidad, más incluso que los que están por nacer, pues aun éstos tienen a amplios sectores de opinión pública que los defienden de la muerte. En cambio, a los “leprosos” de Punta Peuco los han abandonado no sólo quienes fueron salvados por ellos, sino las propias instituciones donde sirvieron y a las cuales una enorme mayoría ciudadana, en su momento, dirigió un angustiado pedido de auxilio, a través de sus representantes en el Parlamento. Y precisamente los presos de ese recinto fueron los convocados a poner la cara ante el peligro armado que se denunciaba.
          Pese a eso, han sido discriminados y juzgados por un sistema carente de las garantías del que sirve para aplicar la justicia a los demás chilenos.
Ellos ni siquiera tienen un derecho fundamental de sus conciudadanos: el de que no pueden ser condenados si no se prueba que han cometido un delito. Pues ese penal está lleno de sentenciados por una mera “ficción jurídica”, es decir, se ha fingido el delito de que se les acusa. Así lo confesó su principal verdugo, el juez Alejandro Solís, en la televisión, en presencia mía, en el programa “El Informante”, en 2015.
Y la propia Corte Suprema en pleno confesó, en su Informe 8182-10, que “no hay leyes que permitan” condenar a los militares. Textual. Pero los han condenado igual.
          El Papa debe extender una mano de consuelo a estos abandonados de la mano de Dios, de la Justicia y de los hombres, tan marginados y excluidos.
Pues, por añadidura, a ningún otro chileno se le puede encarcelar si no es por una ley dictada con anterioridad al hecho que se le imputa. Así lo dice la Constitución, pero Punta Peuco está lleno de condenados por hechos de hace cuarenta años, calificados después como “delitos de lesa humanidad”, que sólo se establecieron en nuestro país por ley de 2009.
          El Papa dice velar por los excluidos, y en ese penal los reos han sido excluidos hasta de los beneficios carcelarios de los demás reos, como son las salidas dominicales o diarias y la libertad condicional, después de cumplidos ciertos años. No se les reconocen porque, por ejemplo, según sus perseguidores, no muestran “arrepentimiento”, en circunstancias de que no han cometido el delito que se les imputa y los jueces los han condenado por meras presunciones. ¿Cómo a alguien se le va a exigir arrepentirse de algo que no hizo?
          Y con mayor razón pedirá el Papa ir allá cuando sepa que están presos en ese recinto ancianos que han perdido la razón y ni siquiera saben dónde están. Ese ya es un tema humanitario. Pero incluso los privados de razón seguramente se sentirían muy contentos de que un Sumo Pontífice los fuera a visitar y les diera una palabra de consuelo, sobre todo si casi nadie más en Chile lo hace. Al contrario, los que profesan la doctrina del odio los vilipendian cuanto pueden, con la complicidad general.
          No me cabe ninguna duda de que Francisco, como hombre de conciencia que es, pedirá ir allá a llevar una voz y un gesto de consuelo a los chilenos más perseguidos, discriminados y marginados de todos. Y el Señor bendecirá esa valiente decisión.

Hermógenes Pérez de Arce.

viernes, enero 05, 2018

RAZONES PARA RENUNCIAR A LA DEMOCRACIA CRISTIANA.



Por 50 años, desde que en 1967 fui candidato a presidente del centro de alumnos de economía en la UC, he pertenecido al Partido Demócrata Cristiano (PDC). Considero que ingresamos a un partido, y ellos existen, para permitirnos vivir allí nuestra inquietud por colaborar a constituir un mejor país o comunidad nacional. La nación a que pertenecemos, y donde vivirán nuestros hijos y nietos, no es algo dado y solo externo a nosotros e inmutable. La generamos cada uno con la forma cómo actuamos y nos ocupamos (o no) de lo social. Perteneciendo a un partido podemos hacer más y mejores cosas por el país que actuando solos.
Pero eso ocurre solo si el partido al que pertenecemos nos escucha y nos permite expresar nuestras opiniones y debatirlas con respeto y libertad. La escucha es fundamental en cualquier relación y organización efectiva. Además el propósito de todo partido político es invitar a las personas a participar en lo público, en el proyecto de sociedad al que invita. ¿Pero quién va a sentirse atraído a una organización donde no es escuchado?
El PDC ha dejado de actuar de ese modo acogedor y abierto desde hace ya varios años. Algunos de nosotros, y por harto tiempo, intentamos corregir ese error, pero no lo conseguimos.
Una de mis experiencias personales en esto fue en 2007 cuando intenté participar -preparándome concienzudamente- en el último Congreso Ideológico, esa vez en la Comisión de Educación. Pero no me dejaron. Dirigentes de la juventud de entonces, apoyados por otros dirigentes y una ministra, por la fuerza impidieron que la Comisión terminara de sesionar y así sacaron una  resolución no acordada donde decretaron que el partido se oponía al lucro y a la educación particular subvencionada.
¿Qué habrá conducido a ese ánimo intolerante y poco fraternal que está destruyendo al PDC? Es una pregunta que merece otra reflexión más a fondo. Pero cabe dejar mencionado que puede ser el ansia por conquistar y mantener poder, de controlar espacios en el Estado, de conservar puestos de trabajo en el aparato estatal, incluyendo el grave error de no poner límite a la reelección de parlamentarios y usar el partido para conseguir nombramientos.
Y la gota que rebalsó mi vaso, fue que la directiva del partido apoyara la expulsión de Mariana Aylwin y otros militantes, por advertir hace exactamente dos años que la DC debía cambiar, poner el acento en el crecimiento económico y dejar un progresismo de palabra que no generaba progreso para el país.
Y en vez de promover un debate sobre estas ideas, los dirigentes y varios parlamentarios responden buscando expulsar a quienes las proponen. Por todo esto renuncio. No quiero pertenecer más a un partido con esos comportamientos.
Ernesto Tironi.

martes, diciembre 26, 2017

LA FUERZA DE MARIANA AYLWIN.



En la televisión o en los programas de radio su voz se escucha en un tono más bien suave, incomparable con la irritación que sus ideas provocan en algunos correligionarios de la Democracia Cristiana. La crispación y molestia pudiera explicarse en lo que para ella parece ser el simple ejercicio de tres postulados del partido, hoy vigentes en sus estatutos: luchar por construir una sociedad  justa y solidaria; hacer que el partido sea libre y tolerante y, tal vez la más importante, adherir sin reservas al humanismo cristiano, cuestión que constituye la esencia del ser democratacristiano.
En abril de 2016, el expresidente Ricardo Lagos Escobar escribió en memoria de don Patricio Aylwin un hermoso resumen de su personalidad, que es muy pertinente recordar en estas líneas. Dijo que a lo largo de su vida tuvo fuerza en sus convicciones, amplitud de criterio y gran tolerancia en sus ideas. Contó que don Patricio fue formado por un agnóstico masón y una ferviente católica y que de ahí aprendió el respeto por las diferencias y el entendimiento por la diversidad. Conoció también el servicio y la vocación pública, la importancia de las ideas y convicciones y la necesidad de luchar por ellas en beneficio de la sociedad.
No es extraño, entonces, que la vida de Mariana Aylwin tenga este sello tan directo y que en sus actuaciones se advierta la marca vertical del ejemplo familiar y paterno y su propia vivencia como autoridad pública y ex Ministra de Educación, entre otros importantes cargos.
Por otro lado, el PDC experimenta hoy -al igual que todos los partidos que componen la Nueva Mayoría- un síndrome de agotamiento político de graves proporciones. No solo han sido derrotados en las recientes elecciones presidenciales sino, peor aún, carecen de un ideario a futuro que ofrecer al país para los próximos años. En el caso específico del PDC, la situación puede ser más seria, pues se arriesgaron -sin un auténtico consenso- con una candidata propia, redujeron su participación en el Congreso y perdieron senadores emblemáticos y de gran carisma como Andrés Zaldívar e Ignacio Walker. En el desarrollo de la carrera presidencial fue demasiado evidente que desde dentro del partido hubo diputados y otros personeros que manifestaron su apoyo sin reservas al candidato Guillier e impugnaron siempre a Carolina Goic, contribuyendo a su derrota y al desprestigio del propio partido ante la opinión pública.
Es probable que en las próximas semanas Mariana Aylwin deba hacerse cargo de la demanda de expulsión del partido. No será, sin lugar a dudas, por haber transgredido los valores ni principios que lo inspiran, ni por haber faltado en su conducta a la rectitud en la búsqueda de una sociedad más libre, justa y solidaria. Para alguien que no es democratacristiano, como quien escribe estas palabras, ella es una expresión de honestidad y convicciones que, en estos tiempos turbulentos y de caudillos ególatras, son necesarias para nuestro país.
Alvaro Ortúzar.