lunes, mayo 30, 2016

CARABINEROS O LAS CASTAÑAS QUE SACA EL GATO.


El incendio provocado por encapuchados que causó la muerte del guardia Municipal Eduardo Lara y sus posteriores reacciones colocó a Carabineros en el centro del debate.  El tema merece ser reflexionado con detención.
¿Cómo se explica que la delincuencia sea considerado el problema más grave en nuestro país y, al mismo tiempo, las personas coloquen a Carabineros en el sitial de la institución mejor evaluada?
Uno debiera esperar que si la gente considera que la seguridad es un problema desbordado, también evaluara críticamente a los responsables directos de su control.  Sin embargo, ocurre lo contrario. La opinión pública sigue viendo a Carabineros como parte de la solución y no como parte del problema.
¿Está equivocada la gente? ¿Si las personas tienen razón y los Carabineros hacen bien su trabajo, quiénes lo están haciendo mal? ¿Es razonable la confrontación que se ha producido entre la Directora del INDH, Lorena Fries, y la policía? ¿La declaración del General Villalobos después de los incidentes del 21 de mayo se aparta del rol que le corresponde?
Son muchas preguntas respecto de las cuales intentaré trazar una visión coherente a partir de una posición clara: Carabineros tiene problemas, pero Carabineros no es el problema.  En el tema de la delincuencia y el control del orden público nuestra sociedad evidencia una falla estructural: no hemos logrado un acuerdo mínimo respecto del punto de equilibrio en que el imperio de la ley, con las restricciones indispensables que acarrea, actúa como garantía de la libertad individual.
Ejemplo paradigmático de ello es la siguiente contradicción: el 21 de mayo del 2015, en las manifestaciones, salió gravemente lesionado un joven producto del accionar del “guanaco”. El funcionario involucrado fue perseguido penalmente y Carabineros ampliamente censurado por su procedimiento. Un año después, en idénticas circunstancias, los encapuchados dieron muerte a un trabajador y hubo otra avalancha de críticas, pero ahora por su falta de actuación; la “guinda de la torta” la coloca Lorena Fries criticando la inacción policial.
Si alguien conoce un ejemplo mejor del viejo refrán popular: “palos porque bogas, palos porque no bogas”, por favor que me lo cuente.
Estamos frente a un problema esencial y profundamente político, muy mal resuelto.  Circunscribirlo a su dimensión técnica, enfocándose en los procedimientos policiales es eludir el bulto.  No ganamos nada –o casi nada- convirtiéndonos en una suerte de críticos de televisión revisando videos de la actuación policial y juzgando dónde el funcionario x actuó bien y el funcionario z, mal.
Por lo mismo, tampoco se trata de plantear el debate en el eje “defensores versus críticos de Carabineros”.  Eso me parece francamente absurdo.  El tema de verdad está en el estatuto que regula el uso legítimo del espacio público por los particulares.
Es evidente que aquí mantenemos diferencias políticas profundas y que se ha impuesto, en los hechos, la visión de los que consideran al encapuchado un manifestante por sobre los que lo consideramos un delincuente.
Los que estimamos que la policía debe repeler la agresión de que es objeto con piedras, bloques de concreto y palos con una fuerza proporcional y mantener el orden público, estamos siendo derrotados por los que consideran que debe “actuar por presencia”. Así podría proseguir con una larga lista que también se aplica a las normas de prevención y control de otras formas de delincuencia.
Es imposible negar que también influye el trauma de la “represión” heredado del período de gobierno militar.  Tanto quienes fueron adversarios, como quienes fueron partidarios –o se les puede asociar a esa posición- se inhiben, porque algunos de los primeros no quieren ser tildados de traicionar sus luchas del pasado y entre los segundos hay otros que no quieren ser asociados a prácticas dictatoriales.
No es sano mantener esta indefinición y que la proyectemos en el juicio que se hace de cada procedimiento policial en particular. El problema es político y debe resolverse en esa sede.
Esta elusión ha incentivado también a los mandos de la policía a entrar en un debate que, en rigor, no les corresponde.  Por ejemplo, la declaración del General Villalobos, en que reclama las permanentes críticas a su institución y señala que hay una falla de la sociedad chilena en general.  En rigor es una declaración política, no partidista obviamente, pero política.
En abstracto yo quisiera que la policía no hiciera declaraciones de ese tenor, pero una cosa es hablar en abstracto y otra es tener que hacerse cargo de la realidad concreta.  Al General Director de Carabineros la sociedad le encarga dirigir una institución con más de 50 mil funcionarios, que desarrollan una labor ardua, en condiciones austeras por decirlo suavemente, arriesgando su vida o su trabajo –esa es la dualidad en que los hemos colocado- y soportando el juicio público a diario.
Le doy a cualquiera la tarea de conservar la mística de sus funcionarios y afirmar su liderazgo interno en este contexto. Entonces, es evidente que las circunstancias lo llevan a los límites de la cancha, otro efecto perverso de la posición en que hemos puesto a la policía por la indefinición política.
Las críticas hechas a Carabineros por los acontecimientos de los últimos dos 21 de mayo expresan una manifiesta contradicción: o Carabineros actuó mal el 2015, cuando el chorro de agua lesionó al manifestante; o actuó mal el 2016, cuando no impidió que la turba quemara el edificio en que murió el guardia.
Aquí lo que no está claro es la definición política del encargo que la sociedad le hace a la policía y, por lo tanto, cuál sería el incumplimiento reprochable. Reducir esto al análisis de los procedimientos es una visión pueril del problema.
Mientras el sistema político no enfrente de verdad este debate y haga un encargo conceptualmente claro a Carabineros seguiremos en polémicas inconducentes, eludiendo el bulto y discutiendo en cada caso si los carabineros lo hicieron bien o lo hicieron mal. En otras palabras: sacando las castañas con la mano del gato.

Gonzalo Cordero, #ForoLíbero

sábado, mayo 28, 2016

LA VÍA VIOLENTA II.


Hace casi un año escribí La vía violenta y por los hechos que han estado marcando la semana, me pareció que ameritaba una segunda parte.
El 25 de mayo de 2015, la Presidenta Bachelet abrazaba en La Moneda al padre de Rodrigo Avilés, el estudiante herido por un golpe en el pavimento, tras recibir el chorro de agua del guanaco de Carabineros mientras participaba en una protesta. Félix Avilés se reunía en ese momento con el ministro del Interior, y la Mandataria, en un gesto particularmente deferente y cariñoso, bajaba desde su despacho para saludarlo. Al mismo tiempo la familia recibía en la clínica la visita de los ministros de Educación, Justicia y Salud, quienes comprometían el apoyo de sus respectivas carteras para la pronta recuperación de Rodrigo y perseguir a los responsables; y el abrumador respaldo público de parlamentarios, la CONFECH en pleno, rectores de universidades y organizaciones de derechos humanos, todo con amplísima cobertura en los medios. Antes de un mes, el sargento segundo Manuel Moya, conocido como “el pitonero”, era dado de baja por la institución.
El miércoles pasado, el hijo de Eduardo Lara, el guardia municipal que falleció por un incendio provocado por una bomba molotov el sábado en Valparaíso, le informaba a los chilenos en una entrevista radial que, hasta entonces, nadie del gobierno de la Presidenta Bachelet se había acercado a saludarlos, ni a condolerse con la muerte del padre, ni a ofrecerles respaldo de ninguna especie. Tampoco han recibido el respaldo de organizaciones de derechos humanos, ni el de rectores o federaciones estudiantiles.
Cuidado con confundirse, no es doble estándar. Es convicciónPara la izquierda la violencia es una expresión legítima de protesta y la delincuencia una consecuencia de la desigualdad. De ahí que califique como “criminalización de la protesta social” a la acción policial para impedir la violencia en las marchas, y como “populismo judicial”, las iniciativas legislativas que buscan facilitar la persecución de delitos, sanciones proporcionales al daño que ocasionan.
La única violencia que no se acepta es la que proviene de “los agentes del Estado” (hasta que ellos mismos conforman ese Estado y entonces el combate a la sedición y al golpismo se convierten en los chivos expiatorios para actuar con total impunidad). Y la única delincuencia que debe sancionarse con las penas del infierno es “la de cuello y corbata”, convertida con bastante éxito en una nueva expresión de la lucha de clases 2.0 (con todo, la izquierda se muestra cuidadosa cuando esos delitos son cometidos por cuellos y corbatas amigas…).
Por eso el PS se rebela contra la agenda antidelincuencia. Por eso la oposición feroz contra el control de identidad, la prohibición para los encapuchados y las normas de protección para la policía. Por eso la izquierda persigue a Carabineros, ahora de manera formal a través del Instituto de Derechos Humanos; mientras la diputada Vallejo celebra que la irrupción de los estudiantes de la Cones y la Confech en La Moneda “(…) no fue violenta y fue totalmente pacífica”, pese a que todo Chile tiene todavía grabadas en la retina las imágenes del ingreso de los jóvenes al Palacio de gobierno, un tsunami de fuerza, empujones e insultos.
Esa posición, que no ha cambiado en el tiempo ni cambiará porque es esencial a su existencia, está representada en la indiferencia de la izquierda con la familia Lara: no todas las víctimas merecen el mismo trato, ni a todos los victimarios puede condenarse.

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

jueves, mayo 26, 2016

POLÉMICA POR BENEFICIOS CARCELARIOS.


La decisión de conceder la libertad condicional a unos 1.400 reclusos de Valparaíso y la Región Metropolitana ha generado revuelo no sólo por la cantidad de personas que involucró este proceso, sino también por los criterios que las respectivas comisiones de libertad condicional tuvieron a la vista para entregar el beneficio. En el listado figuran varios reclusos condenados por delitos graves -homicidios, narcotráfico y agresiones sexuales-, en tanto la Corte Suprema, que se ha negado a entregar explicaciones por las actuaciones de los jueces, también ha deslizado que pesaron razones de “hacinamiento”.
La política de conceder beneficios carcelarios es de amplia aplicación en la jurisdicción internacional, y no cabe cuestionar su pertinencia. Su finalidad es ampliar las posibilidades de reinserción, entregando alternativas de cumplimiento de penas fuera de la cárcel o bien reduciendo el plazo de las condenas. La ley fija requisitos exigentes para poder acceder a estos beneficios. En el caso de la libertad condicional, a lo menos debe estar cumplida la mitad de la condena y el reo debe mostrar buen comportamiento, el aprendizaje de un oficio y acreditar un sustento una vez fuera de la cárcel. Puesto que se trata de personas condenadas por delitos, la ley ha buscado crear un proceso que procure asegurar que tal beneficio lo reciban personas meritorias. Así, primero existe una propuesta de Gendarmería, que se hace llegar a las respectivas comisiones de libertad condicional, integrada por 11 jueces, uno de los cuales es miembro de la Corte de Apelaciones.
En esta ocasión, 638 reclusos de la Región Metropolitana recibieron el beneficio (en todo 2015 fue un total de 532), mientras que en el caso de Valparaíso la cifra llegó a 778, contra 118 del año pasado. Incluso a nivel nacional, el total de beneficiarios al primer semestre de este año (2.258) supera el total de casos del año pasado (2.276). 
Si bien estas cifras pueden resultar llamativas, no parece estar allí la principal dificultad, pues en el agregado no se aleja de los promedios generales (en 2013 hubo más de 3.500 beneficiarios, y el 2014 sobre 3.300). Sin embargo, en esta ocasión se ha puesto en entredicho los criterios que se tuvieron a la vista. En el caso de Valparaíso, el informe de Gendarmería recomendó no conceder la libertad condicional a 528 internos, lo que fue desestimado por la comisión. Entre los beneficiarios,  a lo menos figuran 11 casos muy cuestionables, como condenados por parricidios, robos con violación, narcotráfico y asociación ilícita.
La ley actual permite que cualquier recluso pueda postular al beneficio, pero parece evidente que los jueces a cargo deben tener criterios de especial ponderación en casos de delito de alta connotación pública, y la ciudadanía tiene derecho a conocer en plenitud los fundamentos que justificaron la libertad en casos como los mencionados. La Corte Suprema no hace bien al negarse a este debate. El celo con que debe salvaguardar su independencia no la exime del escrutinio público, y persistir en esta actitud sólo contribuye a profundizar las sospechas y cuestionamientos hacia el proceso de libertad condicional. 
La instancia para introducir perfeccionamientos a esta normativa debe ser aprovechada en el marco de la “agenda corta antidelincuencia” que se tramita en el Congreso, donde entre otros aspectos se contempla aumentar algunas exigencias para la libertad condicional en delitos más graves. Es relevante  que en estas nuevas disposiciones se procure reducir los espacios a las actuaciones discrecionales, preservando el principio de la rehabilitación. 
Editorial La Tercera.

domingo, mayo 22, 2016

VALPARAÍSO: LA CRÁPULA DE LA @Confech Y @ConesChile EN ACCIÓN.


Los “cambios profundos” siempre cuestan vidas. Los “procesos sociales” también. De los “cambios de paradigmas” ni hablar, esos son brutales. El “hombre nuevo” no se puede construir sobre el hombre antiguo, es necesario terminar con él. Se les llama comúnmente daños colaterales, y cualquier persona puede ser parte de ellos. Los compañeros de ruta, los tontos útiles, los burgueses, la señora Juanita, el señor Moya, el empleado público de la Municipalidad de Valparaíso que murió asfixiado luego de que un joven combatiente lanzara una bomba molotov en forma pacífica y reivindicacional, o usted que está leyendo estas palabras fascistas, neoliberales y oligarcas rancias contrarevolucionarias. Todos podemos llegar a ser carne de cañón.

Todos sabíamos cómo concluiría este día. Lo conocía el alcalde, usted, yo, la Claudia y carabineros. La Lorena también lo sabía, y la Camila, y el Boric, y Teillier. Unos lo provocaron, otros incitaron, otros lo toleraron, otros lo protegen y otros solo miraron para el lado. La suerte estaba echada.

Ahora tendremos las lamentaciones para la tele, las querellas en contra de quienes resulten responsables, la visita de la Claudia a la familia, el silencio de la Lorena y el resto de los marxistas, y los “nunca más”. El show debe continuar, y la revolución también.

Habría que explicarle una vez más a estos desgraciados, que la idea no es quemar edificios con gente dentro, tal como sus compinches de la Araucanía.  Tal vez un saqueo a alguna botillería y otro a alguna farmacia, para recolectar copete y algunos condones para el fin de semana. Eso estaría un poco más a la altura de los intereses de la horda.    

Esta gentuza que atenta en contra de todo a su paso, no puede gobernar países ni representar a nadie. No pueden “colocar temas en la agenda” porque no tienen temas que colocar más allá de destrucción, venganza y la ordinariez en que viven.

Máximo.

Esta "Observadora de DD.HH." se enfrenta y encara a Bomberos de Chile para evitar que ellos cumplan con su noble labor.

Otra de las "Observadoras de DD.HH" atiende a un crápula encapuchado (ves piedra en su mano izquierda), es evidente que son protegidos, amparados y avalados por el Instituto de Derechos Humanos, dirigido por Lorena Fries.
 ¡¡JUZGUE USTED!!

viernes, mayo 20, 2016

LA IZQUIERDA CHILENA: ¿QUÉ HACER?


Qué paso con las energías utópicas que se dieron cita en el campo de la renovación socialista durante los años 80’; qué infortunio acompaña a la «izquierda académica» en la actual coyuntura; ávida de indexación, fascinada por comportarse como vanguardia, estilosa y educada en Negri, Deleuze, Laclau, Derrida, Nancy, Pateman y Butler, pero fatídicamente incapaz de impulsar una discursividad que trasunte los circuitos cerrados de T.V cable y ajena a toda promesa emancipatoria (aunque las epopeyas terminaron en infiernos terrenales). De otro lado, la infranqueable izquierda estatal; Revolución Democrática y la Izquierda Ciudadana; el PC y la empleomanía burocrática de la política pública. La “izquierda cosista” migra hacia la periferia y  mira con desconfianza, a veces con desdén, los protocolos de la “izquierda académica” y viceversa en un espiral de sospechas que se traducen en un diálogo de sordos.Ambas izquierdas se demonizan, se querellan mutuamente. Y a ello se suma –tercer espacio- una “izquierda feudal”, cortesana y liberal, partera de la verdad hegemónica, aprisionada en la dirección de facultades, consultorías pomposas y centros de investigación (convenios, foros y conferencias, debidamente remuneradas). Este impase, algo catastrófico, impide adicionalmente la elaboración de un horizonte común, de contaminaciones con las agendas estratégicas de los gobiernos post-neoliberales. La variante “cosista” persevera factualmente, y queda librada a la “praxis”, pero es incompetente para  avanzar hacia una recomposición hegemónica que pueda alentar imaginarios alternativos y nuevas formas de acción colectiva. La “izquierda cosista” se pregunta fastidiosamente por la identidad: ¿Quiénes son nuestros  enemigos? Esta es la comedia bufa que hemos debido presenciar. Todo indica que un ejercicio de restitución supone una operación político-conceptual «tibiamente similar» a la escena de la «renovación socialista» de los años 80’ -al menos en la gestualidad-. Los años dorados de FLACSO (Móulian, Garretón, Lechner, Flisfisch) comprendían «espíritus vigorosos» abiertos al cambio de época sin ceder –de buenas a primeras o de cualquier manera- a un imaginario de transformación social. Hoy ante la travesía comunista –izquierda prosaica- resulta inviable una operación discursiva que permita restaurar un discurso de la diferencia, pues la prebenda, el exceso de asesorías y las ‘horas a contrata’ impiden, cual “vulgata”, la sola imaginación de una idea alternativa. La hegemonía neoliberal obra como una aplanadora y mantiene en ascuas cualquier proyecto que pueda restituir estratégicamente la “pasión igualitaria”. Hasta el 2014 era posible pensar –muy cándidamente- que el concubinato del relato transicional (concertación) experimentaría un desgarro respecto al dispositivo empresarial. Ante un eventual desgaste del maridaje establecido en los años 90’, Estado y Mercado, vino la prisa por presenciar una fase de desplazamiento y producción de relatos alternativos. Nada de eso ha ocurrido en el plano de las discusiones programáticas, si bien abundan los estímulos de la reforma, y el bullicio de la hechología, ello sólo representa un gradualismo del cual no hay mucho que esperar. A la luz de la más básica constatación los relatos de la elite progresista siguen pauteando el debate; Martner, Solari y Escalona defienden la obra transicional y aleccionan a los pupilos rebeldes que cada tanto deben recordar el sermón transicional.
Qué intelección privilegiada hay en la cultura política del socialismo chileno –«Partido del orden»- que el debate político-conceptual sigue estando tramado (cual rehén) desde el discurso transicional, por una ‘mística’ que aunque cedió posiciones a la boutique de los bienes y servicios, aun es capaz de movilizar una discursividad que termina opacando los ambientes movimientistas, y dejando en un lugar periférico-alternativo a los discursos de la «disidencia». El «cosismo aggiornado» se autoproclama de izquierdas, invoca a determinadas organizaciones para avanzar más allá del testimonio, trata de promover declaraciones basistas, pero ese esfuerzo  es insuficiente para alterar las hegemonías liberales que informan el relato modernizador. ¿Quizás este fue el paradero final de la renovación de Arrate? Pero es sorprendente el sentido común de una izquierda que desde la facticidad, desde la recreación barrial y la consulta popular, dice estar librando una “guerra de posiciones” en pleno desarrollo de la modernización de los años 80’. Después de la «renovación socialista», de su esfuerzo por conciliar democracia y socialismo -y no así democracia y mercado- no existe recambio generacional y difícilmente se cumplirá este propósito en el corto plazo. La renovación socialista dejo un “lugar vacío” y no hay contenidos estratégicos que permitan articular un nuevo texto, menos en el marco de un “dualismo travieso”. La agenda de la presuntuosa  “izquierda académica” -y su preciado agnosticismo metafísico- comprende un expediente arqueológico de larga duración en medio del giro conservador del mapa universitario. Por otro lado, y como era de esperar, el elenco partidario está secuestrado por el control estatal, por las dinámicas de gobernabilidad –so pena de la denuncia al holding, de la queja por la colusión, del malestar con la modernización, etc.
Este es el gris panorama que cabe describir y la difícil rearticulación política en el corto plazo. Para infortunio de la izquierda, no hay roces decisivos entre campo académico y campo político, no hay significantes relevantes que permitan establecer una línea divisoria anti-establishment, todo ello va configurando un estado de melancolía, de activismo culposo. De momento, el concubinato concertación/empresariado, pese a todo y contra todo, se mantiene ‘estable’. Y nuevamente son nuestras élites las que sancionan las coordenadas estratégicas del diálogo público. La propia bancada de dirigentes estudiantiles es un proyecto que, a la luz de un diagnóstico descarnado, no tiene mayor espacio de penetración que un puñado de mociones minimalistas -sin alterar el régimen hegemónico-. Es la cruda realidad de una izquierda fratricida que se ha comportado a la “altura de su verdad”: el problema de la izquierda es la propia izquierda. Y en medio de este paisaje gris, desde una mera constatación, debemos esperar la llegada del segundo periodo de Sebastián Piñera. ¡Resignaos¡
Mauro  Salazar.

miércoles, mayo 18, 2016

EL EPITAFIO DEL @PPD_Chile


El partido que el ex Presidente Lagos fundó para derrotar a la dictadura terminó financiado por la empresa del ex yerno de Pinochet: sin duda, toda una epifanía del derrumbe ético que un sector relevante de la izquierda chilena ha vivido en estos años. Les pagaban hasta las cuentas de la luz, el agua y los gastos comunes. Como para preguntarse a cambio de qué, si la respuesta no fuera impúdicamente obvia.
Otra vez dicen que nadie sabía y que todos se ‘enteraron por la prensa’. Pero las gestiones para solicitar y recibir esos recursos fueron efectuadas institucionalmente a través del tesorero del partido, es decir, un integrante de la directiva.
Ahora intentan convencer al país que presidentes, vicepresidentes y secretarios generales de la colectividad jamás preguntaron por el origen de esos dineros y, si lo hicieron, fueron todos ‘víctimas’ de un engaño.
Inverosímil e impresentable la manera como mienten, el descaro con que se busca eludir responsabilidades en un tema que, aún si no hubiera ilegalidades de por medio, remece los cimientos éticos de gente que luchó y fue víctima de la dictadura, y que ahora aparece financiada por sus herederos. Los mismos que en la actualidad se presentan como inmaculados progresistas, que no aceptan dejar en pie ni una coma de la constitución impuesta por Pinochet.
Simplemente no tienen cara; sobrepasaron límites que no son políticos, sino que los desnudan en aspectos mucho más fundamentales. Se han vuelto un verdadero símbolo de lo que hoy tiene la confianza de la gente por los suelos; y es muy probable que en el fondo ni les importe, si al final consiguen mantener sus posiciones de poder.
Se volvieron ‘obsecuentes con la corrupción’, señalaba hace unos días el diputado Pepe Auth al cerrar la puerta por fuera. En rigor, es algo todavía peor y más triste.
Ahora su retroexcavadora les está pasando por encima. No tienen más alternativa que seguir mintiendo, y lo van a hacer hasta el cansancio o el olvido. Se aferrarán a lo que puedan, y muchos de sus actuales socios optarán también por el silencio.
Es lo mismo que ya hicieron con la precampaña presidencial, las ‘asesorías verbales’ y tantos otros casos conocidos en estos meses.Abusarán del desprecio o la indiferencia de la gente, sabiendo que a la larga igual habrá alguna posibilidad de zafar.
Sin embargo, lo que están dejando como legado no se salvará del espanto. Escriben el final de su historia con letras manchadas por la indignidad y la desvergüenza, presintiendo, quizás con algo de pudor, que ni cien años de lluvia podrán borrar de su epitafio el nombre de quien pagaba sus cuentas.
Max Colodro.

lunes, mayo 16, 2016

EL @GobiernodeChile Y SU "DIVORCIO" CON LAS PRIORIDADES Y NECESIDADES DE LA GENTE.


En este último tiempo, hemos sido impactados por la suma de malas noticias que involucran a diversas autoridades de nuestro país, como son la liberación de más de 1.300 reos dentro de los cuales existían 4 condenados a cadena perpetua, otros tantos por abuso sexual y así suma y sigue; también hemos sido testigos de los graves incidentes que están afectando a las familias de Chiloé y sus alrededores y la preocupante imagen de país que estamos teniendo en el extranjero, ya que en un resumen realizado por el diario norteamericano The Washington Post, se incluyó a la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en el listado de mandatarios más corruptos de América Latina.
Es así que frente a estos acontecimientos no es entendible como el Gobierno se empecina en sacar adelante reformas, leyes y proyectos que en realidad a nadie beneficia, sino que por el contrario, hace oídos sordos a los principales y verdaderas problemas y necesidades de la población.
En seguridad ciudadana: En este tema la primera tarea del Estado es garantizar la seguridad de la gente, sin embargo, vemos como la delincuencia se ha apoderado de las calles; de hecho en el reciente informe de Paz Ciudadana, se señala que la percepción sobre este flagelo es el más alto de los últimos diez años y que ha aumentado el temor a ser asaltado en su propia casa o al llegar o salir de ella, afectando este hecho con más fuerza a las mujeres. Por desgracia nuestra región no es la excepción a la regla, ya que esta también ha sido blanco de robo a farmacias, supermercados, servi-centros, joyerías, vehículos, etc.
En empleo: Todos recordamos las gigantografías de campaña de Bachelet con el eslogan “más y mejores empleos”, sin embargo, el Centro de Micro-datos de la Universidad de Chile, reveló que la cesantía en Santiago aumentó del 6.8 al 9.4% lo que equivale a que 300 mil personas perdieran su empleo. Todo esto a pesar de que el Gobierno contrató a cerca de 15 mil nuevos funcionario públicos. Por otra parte también el INE informó de un aumento en la tasa promedio de desempleo nacional (6.3%) la cual golpeó con mayor fuerza a las mujeres (11%) y a los jóvenes (20%). Este Gobierno sólo ha sido capaz de aumentar en 4.150 los asalariados, situación que contrasta absolutamente con los años 2010 a 2013 que fueron los años del Gobierno de Piñera, en el cual se crearon en promedio 100 mil nuevos puestos de asalariados. Si bien la tasa de desempleo disminuyo en nuestra región esta sigue siendo más alta que el promedio nacional (6.5%).
En educación: Una vez más la Presidenta no cumplió con lo prometido en su discurso del 21 de mayo pasado, en donde anunció que la gratuidad era para 264 mil alumnos y al día de hoy, según el MINIDUC sólo sería para 125 mil, vale decir, menos de la mitad. Peor aún, el Gobierno se ha enfocado en reformas administrativas del sistema, pero se olvidó de la calidad de la educación. Ha sido tal el grado de desprolijidad en esta materia, que se ha tenido que cambiar más de 10 veces la cifra de gratuidad por falta de recursos.
En salud: La crisis es cada vez más profunda y se agrava con el tiempo, atrás quedaron las promesas de fortalecimiento de la salud pública o de nuevos hospitales la famosa promesa 20-20-20 que alguna vez pronunciara la mandataria. Hoy por hoy la realidad es muy distinta, existe una deuda hospitalaria que pareciera inmanejable, que de hecho llegó a tal punto que obligó al Ministerio de Hacienda a realizar aportes adicionales, (el último 131.476.248 millones de pesos) a los 29 servicios de salud, para pagar la deuda de arrastre del año 2015 cuyo déficit anual llegó a 410 mil millones de pesos, a esto debemos sumar el crecimiento en las listas de espera, el retraso en la ejecución de proyectos de infraestructura, las innumerables carencias de recursos humanos y técnicos, promesas incumplidas, falta de especialista y así un largo etc.
Sólo resta contribuir y esperar a que Chile vuelva a ser el país que realmente queremos heredarles a nuestros hijos.
Susana Verdugo Baraona.