domingo, mayo 24, 2015

ATROPELLO A LAS LIBERTADES EN VENEZUELA.


El arraigo impuesto por el gobierno a 22 personeros de tres medios de comunicación es otra muestra de flagrantes violaciones a la libertad de expresión.




EL REGIMEN venezolano ha continuado con su campaña de hostigamiento e intimidación hacia los escasos medios de comunicación independientes que han logrado sobrevivir en Venezuela, cuya resistencia a estas alturas puede calificarse de heroica. La última de las asonadas fue una inédita resolución judicial, que impuso orden de arraigo a 22 directivos y representantes de El Nacional, Tal Cual y el medio digital La Patilla, bajo el cargo de haber reproducido información -publicada por el ABC de España- que vincula a actividades de narcotráfico al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Este último presentó una demanda judicial en contra de dichos periódicos, la que fue prontamente acogida por el poder judicial, dictaminando esta medida cautelar, sin siquiera notificar de ella formalmente a los afectados. No hay claridad de cómo pueda evolucionar el juicio, pero en un país donde los tribunales están completamente capturados por el gobierno, parece improbable que se den las mínimas condiciones para un juicio imparcial.

Este nuevo ataque del gobierno constituye una flagrante violación a la libertad de expresión y a las garantías ciudadanas esenciales, lo que no hace más que confirmar el peligroso camino hacia el que está transitando el régimen chavista, que en los hechos está actuando con métodos dictatoriales no obstante que en las formas se presente como una democracia. La Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP) ha formulado una dura condena por la situación acontencida con los 22 personeros.  “Muestra una vez más cómo el sistema judicial venezolano es utilizado como un instrumento de poder político”, señaló el presidente de la SIP. También ha explicado que el proceso judicial es un abierto desafío a lo que ha dictaminado la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual ha señalado que los medios no pueden ser responsables por publicar en forma fiel informaciones que fueron originalmente difundidas por otros medios y que no han sido legalmente cuestionadas.

Sorprende el silencio que la comunidad de países de la región y sus respectivos organismos internacionales han mantenido respecto de este caso. La falta de condena decisiva ante la violación manifiesta de la carta democrática de la OEA no hace más que alimentar la escalada de sistemáticos atropellos en que ha incurrido el gobierno venezolano, tanto hacia los medios de comunicación como hacia las fuerzas de oposición. No podría ignorarse que sus principales líderes -el alcalde de caracas, Antonio Ledezma, y Leopoldo López- se encuentran ilegalmente detenidos en una prisión militar, cuya formalización de cargos ha sido inexplicablemente dilatada. Tal circunstancia ha motivado que el propio ex premier español, Felipe González -quien declaró a este medio que Venezuela “está en una situación crítica en cuanto a libertades”-, haya asumido la defensa internacional de ambos prisioneros, a lo cual se han sumado otros ex mandatarios de la región, quienes han levantado una enérgica voz de protesta.

La SIP ha dado cuenta en diversos informes sobre el progresivo deterioro de la libertad de expresión en América Latina, ya sea por la dictación de leyes que favorecen la censura, o por acción directa de los gobiernos mediante el amedrentamiento de periodistas, estatizando medios o privando a estos últimos de insumos básicos para su normal funcionamiento. Venezuela es el caso más ominoso, pero ciertamente no el único. Al coartarse la libertad de informar e impedir el rol de fiscalización del poder que ejerce la prensa libre, inevitablemente se resienten las bases mismas de la democracia.

Editorial Mercurio.

viernes, mayo 22, 2015

LA ARAUCANÍA, PATEANDO EL PROBLEMA.


Señor Director: 

La violencia en el sur de nuestro país se está saliendo de control; a la impunidad con la que actúan los grupos violentistas se suma una creciente tendencia a la autodefensa por parte de los afectados, ante la nula voluntad de las autoridades para hacer respetar el Estado de Derecho. Estamos a las puertas de una fase explosiva, semejante a lo que ha sucedido en otros países.

El subsecretario Aleuy dice que no se va a comprar más tierras para entregárselas a los violentistas, pero entonces ¿por qué el Gobierno lo sigue haciendo?

Compartimos sus críticas al sistema judicial, pero entonces ¿por qué el Gobierno otorga administrativamente beneficios inaceptables en el régimen carcelario a condenados por asesinatos en esta región?

Estamos de acuerdo con las críticas del subsecretario y del intendente en contra de algunos procedimientos de la Conadi, pero entonces, ¿por qué desde el propio Gobierno se presiona a Conadi para que apure las compras de tierras para comunidades que utilizan la violencia?

La Subsecretaría del Interior promueve un acuerdo regional, pero ¿por qué son los propios senadores de gobierno quienes obstaculizan que avance?

El intendente regional dice reiteradamente que el Gobierno central no le toma el peso a este grave asunto y desliga la responsabilidad en La Moneda.

¿Qué capacidad de liderazgo político hay en nuestra región, para que al menos exista una reunión donde estén reunidos todos los parlamentarios? Ninguna.

Enfrentamos un irritante e impúdico cuadro de contradicciones, en que se dice una cosa y se hace lo contrario.

Y para coronar este cuadro, en forma inexplicable, la Presidenta de la República sigue absolutamente ausente de nuestra región, mientras se cometen los mismos errores de siempre, malgastando millonarias cifras en compras de tierra que aumentan el problema día tras día.

El sur de Chile, y particularmente la Región de La Araucanía, se está convirtiendo en un polvorín, mientras las autoridades políticas y las instituciones del Estado desde hace años esconden la cabeza como el avestruz y tratan de patear el problema hacia delante, con una frivolidad por la que algún día tendrán que responder.

Angélica Tepper K.
Presidenta Multigremial de La Araucanía 
El Mercurio.

miércoles, mayo 20, 2015

SENADOR NAVARRO Y LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA DESGRACIA.


La muerte de los dos estudiantes en la Plaza Victoria es un drama. Las declaraciones de Alejandro Navarro al respecto una vergüenza.
El senador afirmó que el incidente “da cuenta del grado de violencia que se ha instalado en la sociedad chilena, producto de una Constitución que defiende más el derecho de propiedad que los Derechos Humanos”. Hay que tener estómago para digerir una instrumentalización tan grotesca del asesinato de dos jóvenes universitarios. Que Navarro quiera una nueva Constitución es legítimo. Pero que se aproveche de una desgracia como la ocurrida es maquiavélico.
La simplonería en que ha incurrido uno de los más activos partidarios de la Asamblea Constituyente sólo aumenta la desconfianza en las ventajas de la iniciativa para el país. Porque atribuir la causa del homicidio de los manifestantes a la garantía constitucional de la propiedad es como culpar al artículo 50 de la Carta Fundamental de que haya senadores que mienten; o sea, una asociación tan burda que sólo puede nacer de la mala voluntad o de una inteligencia obcecada.
En la misma declaración agregó: “este hecho debe llevar a cuestionarnos el tipo de sociedad que produce este modelo, donde un joven es capaz de matar a otro para defender que no le rayasen el muro de su propiedad”. Me parece que el hecho se entiende mejor si se lo interpreta como una consecuencia de la impunidad que parece beneficiar a los violentos, especialmente si actúan en nombre de la educación o de los mapuches. Si esta lectura fuera correcta, el Gobierno tendría más responsabilidad que la Constitución.
El senador terminó deseando que “no haya ningún tipo de aprovechamiento político” de lo acontecido. ¿Deberemos entender que apalancar el cambio de Constitución en el dramático suceso no tiene un fin político? Tan grosera contradicción estaría denunciando el apasionamiento que domina a los abogados de un proceso –el de la nueva Constitución- que requiere tiempo y cabeza fría. Quizá la única ventaja que veo de campeones como Navarro es el desprestigio de su bandera de lucha.
Lo más patético es que las palabras de Navarro, leídas por el reverso, prometen que con su nueva Constitución no ocurrirán hechos como el que ahora lamentamos. Él fomenta la ilusión, falsa e irresponsable, de que con el fin del “modelo neoliberal” la gente dejará de matarse por la propiedad. De nuevo, ¿es que nos tiene por unos palurdos o de verdad se cree lo que el sentido común desmiente con tanta evidencia? Yo me inclino por la primera: Navarro carece del mínimo respeto por nuestras inteligencias.
Por último, resulta casi divertido que la Constitución que Navarro denuesta con tanto calor sea la misma que lo haya acunado en sus más de 21 años como parlamentario. Quizá, después de todo, no le falte razón al Senador, y la Constitución tenga sus defectos.
Luis Alejandro Silva

lunes, mayo 18, 2015

¿QUÉ PUEDE HACER LA DERECHA EN ESTA CRISIS?


El cambio de gabinete ha bajado la temperatura de la crisis política. Al parecer el Bacheletismo, aceptando su baja popularidad, ha decidido moderarse, al menos en las formas. La derecha se alegra: sin que tuviera que hacer mucho, el adversario ha colapsado por su debilidad interna. Las cosas han vuelto a su cauce normal, la política a la que estábamos acostumbrados. Pero la baja en la popularidad del gobierno no es necesariamente una buena noticia para la derecha. Por poco que aprueben del gobierno muchas personas, a la hora de la verdad, van a seguir votando por la izquierda; otros, simplemente, no votarán; y la popularidad de la oposición sigue siendo baja. Sin embargo, parece que la derecha simplemente sigue a la espera de un desenlace pre-escrito. Puede que Michelle Bachelet nunca vuelva a ser la de antes (en política nunca se sabe), pero la indignación ciudadana no puede sostenerse indefinidamente: la atención y memoria del público son cortas. Si la crisis se vuelve permanente la gente se acostumbrará a vivir con ella, después de todo, hay países que se encuentran en un estado de corrupción mucho peor que el nuestro y, a pesar de todo, la vida se las arregla para continuar.
Por lo mismo, aguantar y esperar que pase la crisis es una mala estrategia para la derecha. Las consecuencias podrían ir mucho más allá de la próxima elección. En cierto sentido la clase política ha sido víctima de su propio relato: los políticos se habían erigido en protectores de la gente frente a los abusos de los grandes empresarios y ahora resulta que recibían su dinero y hasta se comportaban como ellos. Para la persona de a pie, la sensación de impotencia es grande. Parece que no hay manera de escapar del sistema, parece imposible que las cosas cambien. A nadie le gusta sentirse forzado. Frente a eso, la idea de empezarlo todo de nuevo se hace muy tentadora. La clase política aún tiene su poder, pero ha perdido autoridad, y ese poder sin autoridad genera resentimiento.
Pero esto no tiene terminar necesariamente en una gran hoguera de cuyas cenizas renazca la sociedad (el eterno sueño revolucionario). De las crisis se puede aprender. La ciudadanía está siempre dispuesta a perdonar y a comprender, por algo Bachelet pudo ser re-elegida tras el Transantiago y el terremoto del 2010. Pero para lograr eso hay que pedir perdón. El primero que haga un reconocimiento de culpa y tome las medidas correspondientes tendrá las mejores posibilidades de recuperar parte de la credibilidad perdida.
Pero además de eso, es tiempo oportuno para corregir algunos problemas del sistema político, tal como el sistema político pretende corregir los problemas del sistema económico. (El problema es que la limitación del poder político sólo puede venir de sí mismo.) Es una oportunidad que la derecha puede aprovechar para promover sus ideas, por encima de la defensa de sus políticos. Propuestas no faltan: limitar las re-elecciones de todos los cargos de elección popular, congelar las dietas parlamentarias (y que el aumento se haga efectivo en el período siguiente), bajar los impuestos que afectan a los más pobres, como el IVA (recortar el dinero disponible es quizás la manera más efectiva de limitar el poder político), disminuir los cargos disponibles para amigos y parientes (eso implicaría, por ejemplo, que las embajadas dejen de ser premios y que vayan, como mínimo, a alguien que hable el idioma del país), constituir en entidades autónomas, como la Contraloría, otros órganos del Estado, como el Servicio de Impuestos Internos , dar mayor autonomía a las regiones, etc. Estas cosas implican sacrificios, pero de no hacerlos el costo, para el país, puede ser mucho mayor y una oportunidad como ésta, para tomar la ofensiva, probablemente no se presente en mucho tiempo.

Federico García Larraín.

sábado, mayo 16, 2015

CARTA ABIERTA A UN COMUNISTA (Y A QUIENES PIENSEN Y ACTÚEN COMO EL).


Eres un ícono que representa fielmente lo que más rechazo en este mundo: el comunismo y sus variantes. Flameas las mismas banderas que alguna vez portaron los tiranos más crueles y sanguinarios de la humanidad. Y al preguntarme por qué lo haces, vislumbro sólo dos causas: o estás confundido y ocultas tu ignorancia en aparente rebeldía; o crees realmente lo que dices. Supondré que te enmarcas en la segunda opción. O sea, que imaginas tener derechos sobre mi persona y sobre quienes no piensan como tú.
Tus ideas destruyen al individuo. Me destruyen y, aunque no lo adviertas, también a ti. Sostienes que no existo como persona, que mi cuerpo y mi mente no valen nada, que debo acatar tus órdenes y satisfacer tus deseos, y sólo soy persona cuando me someto a tus caprichos. Presentirás que no coincido con tus posturas. Así es.
Acepto que juzgues mis ideas, pero no permito que metas tus narices en mí persona. Repelo a quien intente esclavizarme, a todo aquel que agreda mi cuerpo, mi mente, mis pertenencias o mis seres queridos. Tú, ningún grupo, institución o mayoría tiene potestad alguna para limitar lo que yo desee obtener legítimamente, ni quitarme lo que es mío. Yo decido sobre mi vida y sobre mis bienes. Esto, por una razón elemental: nací individuo y nací libre.
En nombre de lo que pomposamente llamas “derechos sociales”, promueves la gratuidad en salud, vivienda y educación. Pronto agregarás -¿por qué no?- la comida, la locomoción y el vestuario. Tus consignas se nutren de falacias y del mismo marketing que dices detestar, pero no tienes el coraje de proclamar que tu verdadero propósito es apropiarte de lo ajeno y luego, saciadas tus carencias personales, repartir el botín.
Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. He aquí donde el ser humano enfrenta su gran encrucijada: o sobrevive como creador, con la autonomía de su propia mente; o sobrevive como parásito, alimentado por los demás.
El creador es independiente y original, el parásito es dependiente y expolia a otro para sobrevivir. El creador conquista la naturaleza, el parásito procura someter al individuo.
Las cosas no se crean por inercia natural. Todo lo que consumes, todos los bienes y servicios que disfrutas, fueron creados por alguien en algún momento. Este proceso implica creatividad, inteligencia, voluntad, riesgos, trabajo, negociación. En dos palabras, implica costos. Espero, al menos, que tengas clara esta simple constatación. De lo contrario, enfrentas un cuadro psicopatológico de distorsión de la realidad que deberías tratarte con un especialista.
Basado en la dualidad dura e insoslayable costo-beneficio, me pregunto cómo puedes exigir gratuidad en la educación; cómo puedes afirmar que la infraestructura de una escuela, el mobiliario de un colegio o el laboratorio de una universidad se construyen por sí solos; que los profesores se remuneran a sí mismos; que el material educativo, la investigación y la calidad de la enseñanza se autogeneran. En síntesis, ¿cómo puedes pregonar la sustentabilidad de bienes y servicios gratuitos? Alguna mínima oquedad de tu mente advertirá que alguien crea todo eso y que el fruto de esa creación debe ser remunerado. Pero apelas a sentimientos -algunos compartidos- para adormecer incautos y poder arriarlos a tu corral como rebaño. Pues bien, no es mi caso. Estoy aquí para desenmascararte y ponerte en el lugar que corresponde.
Me interesa señalarte que el derecho de propiedad es la piedra fundamental del progreso. Sí, el derecho de propiedad, el mismo que desprecias y te quita el sueño; el que dispone que cada individuo es dueño de sí mismo y que todo lo que su mente y trabajo producen, le pertenece. Me interesa señalarte que no es posible separar el derecho de propiedad de la naturaleza humana. Por consiguiente, cualquier intento de confiscar, sustraer o repartir lo ajeno -fuere por medio de la ley, de las mayorías o de las pistolas- es una forma de esclavizar a quienes odias y temes, pero necesitas para sobrevivir: los creadores.
Presumes que el creador no trabajó para sí mismo sino para ti; que no se esforzó para él y su familia, sino para ti; que no se sacrificó por su propio beneficio y progreso, sino por el tuyo. Al desconocer el derecho fundamental que tiene cada persona para disponer de su mente, de su trabajo y de sus logros, transformas al ser humano en esclavo.
Intentas someter al individuo en nombre de lo que llamas “interés colectivo”, una ambigüedad más entre muchas que alimentan tu jerga altisonante. Pero la historia enseña que la prosperidad de los pueblos va de la mano con la garantía y respeto de los derechos individuales. Al contrario, las sociedades que subestiman al individuo y la propiedad privada están sumidas en el estancamiento y la miseria, y sobreviven -¡Oh paradoja!- gracias a las víctimas que tu y los tuyos quieren sacrificar. Ahí están los ejemplos de Cuba, la Rusia soviética, Norcorea y otros países rezagados (entre los que pudo estar también el nuestro) por las ideas colectivistas que promueves con la misma frivolidad y desparpajo de tus mentores.
Escondes tu inepcia y mediocridad motejando de “egoísta” a quien trabaja y produce honestamente para su propio regocijo, y no aceptas que sea esa persona, y sólo ella, quien decida qué hacer con los frutos de su mente, de su esfuerzo, de su espíritu, de su ego.
No hay diferencia ética alguna entre el que roba amparado por la ley y el ladrón que lo hace a cara descubierta. Pero no estás dispuesto a realizar acopio de tus convicciones. No estás dispuesto a confesar que te parapetas en el Estado para apropiarte de lo ajeno y someter a todo aquel que exija respeto de sí mismo, de su vida, de su familia y de sus bienes.
Reconozco que tu anhelo de esclavizar al ser humano ha tenido excelente acogida entre los parásitos que proliferan a tu alrededor. También reconozco que los creadores -menospreciando tus afanes colectivistas o cediendo para “salvar los muebles”- han aguantado mucho más allá de lo prudente, soportando incluso tus saqueos y diatribas.
Pero, ¡cuidado! La paciencia tiene un límite. Cuando esos hombres y mujeres libres sientan gravemente restringida su libertad y coartada su autonomía, paralizarán: dejarán de producir, de invertir, investigar y enseñar; dejarán de crear los bienes y servicios que disfrutas día a día, sin que sospeches siquiera cómo hacerlos. Esos hombres y mujeres libres renunciarán a servirte, renunciarán a vivir para ti y para quienes actúan como tú. En términos que te son familiares, usarán su autonomía y su libertad para declararse en huelga: el motín más contundente, devastador e incontrarrestable que puedas imaginar. Una huelga indefinida y, como te gusta, sin reemplazos. Ya no habrá nadie dispuesto a servirte, a crear y producir para un parásito.
Defiendo la vida, la libertad y la propiedad; defiendo al que trabaja, emprende y genera riqueza; al que investiga, escribe o enseña. Defiendo la premisa de que producir no es gratis y que sus costos deben ser retribuidos a través de un acuerdo entre personas que ponderan, eligen y deciden libremente, sin intromisión tuya ni de tus secuaces.
Y tú, monstruo de dos caras, ¿qué defiendes? Extiendes una mano mendigando ayuda y con la otra empuñas el látigo que flagela a tu benefactor. Tu única argumentación es la fuerza, la de una mayoría o la de una pistola: el argumento de los seres irracionales.
Termino con una advertencia. Aclaro que jamás iniciaré una agresión. Si deseas presentar batalla ideológica te estaré esperando. Pero si intentas imponerte por la fuerza, ten por seguro que no me quedaré de brazos cruzados.
Alfonso Ríos Larraín.

jueves, mayo 14, 2015

BACHELET SIN BACHELETISMO.


Ciento ocho horas de expectación. Lunes en la mañana, frío, las calles a oscuras. No hay glamour ni barrocas puestas en escena. El ambiente no es de triunfo, el trago es demasiado amargo y hay que pasarlo rápido. Se anuncia el cambio. Los ministros, entrantes y salientes, casi no hablaron, si no fuera para dar las gracias, decir que iban a trabajar u operarse de una buena vez de la retroexcavadora. Ese fue el ambiente que se respiraba en la mañana en que Bachelet volvió a girar contra sí misma. Como en un deja vú, la Presidenta nuevamente amordaza y enclaustra al bacheletismo.
Primero fue el gobierno ciudadano, de la paridad de género, de los que se servían el plato por vez primera. Ahora se trataba del gobierno de las reformas estructurales, de un nuevo avanzar sin transar, maximalista, el primero de la Nueva Mayoría. Uno y otro querían sortear la política: aquél, por abajo, persiguiendo una conexión directa con la gente sin intermediarios, en una evolución del lavinismo hacia la izquierda; el de ahora, por arriba, destituyendo a la política de su autonomía propia, anegándola en una fraseología moralista, de modo que se estaba con el programa o se era anatema, se adhería a la retroexcavadora o a la elite satisfecha.
Rodrigo, Alberto y Álvaro eran los hombres fuertes de la campaña, respiraban “nuevomayorismo” puro. Peñailillo eraMichelle, Arenas fue el hagiógrafo del sacrosanto programa, Elizalde emergió como el nuevo hombre bacheletista rescatado de las intestinas guerrillas del PS. Los tres contribuyeron a armar el flamante gabinete de la electa Presidenta, y llegaron a ser la expresión del más ortodoxo bacheletismo, ese que aniquiló la política como arte autónoma, escogiendo el lenguaje de los dioses y un presente redentor: no existía historia de la que aprender, proceso que continuar ni pasado al que mirar, había llegado la era de la Nueva Mayoría, de Michelle y su programa.
Pero como entonces, el gobierno de izquierda se encontró con un obstáculo, el país. Ayer fueron los secundarios y los usuarios de transporte público los que terminaron de hundir al gobierno “distinto”: fuera los que se servían su primer plato y las bacheletistas, dijeron, vuelvan los bien alimentados y concertacionistas, acabaron por decir. Ahora el problema era más complejo, porque tanto el país como la opinión pública tenían sus propios créditos por cobrar al bacheletismo.
La gente no estuvo dispuesta a que la materialización de la redención prometida por ésta izquierda exigiera sacrificar en su altar la educación subvencionada. Tampoco terminó de aceptar que la reforma tributaria prometida para repartir mejor la riqueza, viniera en realidad a distribuir más igualitariamente la pobreza. Lo de Caval fue el culmen: el combate a la desigualdad del antejardín para afuera, las ofrendas a los ídolos, sí, pero no en el templo de la madre del programa. La ciudadanía no estuvo dispuesta a transigir y acabó por cobrar: 29% de aprobación a la otrora popular Mandataria.
La opinión pública, por su parte, sumó a las acreencias las boletas de SQM. Las asesorías verbales, la cuestión de Ucrania y el litio, las vicisitudes de la economía de bienestar, entre otras, fueron perfectos indicadores de que los informes no eran sinceros. Todo el mundo veía que el asunto tenía cabeza, cuerpo, patas y cola de financiamiento irregular a la política, salvo el ministro Peñailillo, que dio el asunto por “aclarado”  sólo 24 horas antes de que se le pidiera la renuncia. La permanencia del otrora consiglieri de Bachelet, y probablemente también de Arenas, era insoportable con un apoyo ciudadano al Gobierno tan bajo.
Ni entonces ni ahora tenemos una Presidenta que haya cambiado de opinión, que ayer recobrara el gusto por la política, o que hoy considere que ésta es mejor hacerla a nivel de suelo que en templos, entre ídolos, programas y sacrificios. Michelle es bacheletista, pero el país no. Y como éste último no puede liberarse de la Mandataria, más vale darle salida al bacheletismo. Aunque duela, aunque la contraríe. Pragmatismo o sentido de supervivencia, da igual. Bachelet nuevamente  y en buena hora ha tenido que rendirse a la política, ojalá, ahora sí, en forma definitiva.

Jorge Baraona Correa 
Abogado.

martes, mayo 12, 2015

OTRO GABINETE, ¿MISMO GOBIERNO?



Me temo que la Presidenta busca un nuevo Gabinete para seguir con el mismo estilo de Gobierno caracterizado por la improvisación e ideologización.


Los defensores de la Asamblea Constituyente, e incluso los que sin llegar tan lejos promueven un cambio constitucional con altos niveles de participación ciudadana, fundamentan buena parte de su tesis con el argumento que los procedimientos son parte del fondo y en que hoy, más que nunca, la legitimidad de los resultados depende de la validación social de los procesos.
Con todos los matices que uno tiene que hacer, no hay duda que la frase de McLuhan que dice que “el medio es el mensaje” es plenamente válida y, para estos efectos, el medio se asemeja a los procesos de decisión, tanto como a los canales de información.
En ese sentido, es imposible evitar un análisis de fondo a la luz de toda las formas que han rodeado este cambio de gabinete. Hasta ahora son tres las grandes críticas que enfrenta la gestión gubernamental: improvisación, falta de oficio político y exceso de ideologización.  Lamentablemente, todo lo que ha pasado estos últimos días confirma uno por uno estos juicios.  Vamos por partes.
Improvisación. A pesar de que hay defensores que califican de genialidad el anuncio de la Presidenta en la entrevista de Don Francisco, que no escatiman en elogios y alabanzas, la verdad es que hay dos hechos indesmentibles que confirman que se trató de una improvisación total.  No haber excluido de inmediato al Canciller de la petición de renuncia, dejando pasar unas horas en que la cabeza de nuestra delegación en La Haya estaba en el limbo político es imperdonable.  Aunque pasó más desapercibido, igual cosa ocurrió con el ministro de Hacienda, que estaba colocando un bono soberano, el que tuvo que suspenderse, porque era inaceptable para los bancos de inversión y agentes del mercado que una operación de esa importancia se hiciera sin la titularidad plena del responsable económico del país.
Es evidente que si la decisión de pedir la renuncia al gabinete se hubiera meditado y planificado, se habrían evitado ambos efectos negativos y el gobierno no se habría expuesto a preguntas y explicaciones incómodas. Difícil dejar una huella más clara, que confirma la imagen de un gobierno que va tomado sus decisiones sobre la marcha.
Falta de oficio político.  La explicación de la Presidenta en el sentido que se va a tomar 72 horas para decidir qué hará, después de tener a todos sus ministros renunciados es expresión, en parte de la improvisación, pero especialmente de esa falta de oficio político que se le atribuye a su gestión. Resulta meridianamente claro que un Presidente(a) ante una decisión tan compleja como esta debe tener un curso de acción previamente definido, de manera que los partidos políticos, que obviamente lucharán por mantener o mejorar sus espacios de poder, vayan siempre de atrás y no puedan paralizar sus decisiones, presionando e intentando negociar las posiciones que ocupan.
La Presidenta hizo exactamente lo contrario, razón por la cual no hay ninguna sorpresa en que no haya podido armar un nuevo gabinete en el plazo que ella misma, innecesariamente, se fijó.
Ideologización. Pocos días atrás la Presidenta dijo que para formar parte de su gobierno hay que estar comprometido con el programa presidencial.  A contrario sensu, en su coalición hay dirigentes, suficientemente importantes como para ser Ministros de Estado, que no están comprometidos con su programa.  Vale decir, los temores de que se trata de un programa extremo, que no representa ni siquiera a todos los principales exponentes de la Nueva Mayoría, son confirmados por la propia Presidenta de la República.
Entonces, es válido suponer que si estos son los procedimientos y los conceptos que estructuran la decisión del cambio de gabinete, hay pocas esperanza de que traiga aparejado un cambio real en la conducción del Ejecutivo.  Lo que el gobierno debería asumir es que ha llegado a un punto de crisis que expresa la necesidad de un cambio de fondo. El problema no se resuelve cambiando la conducción, sino cambiando el destino buscado. Parece ser que en los mismos días que la derrota de Escalona marcaba el ocaso de la Concertación, en cuanto grupo político, la fuerza de los hechos evidenciaba la frustración del proyecto de la Nueva Mayoría.
Esta es la cuestión central, que la forma y el fondo son las que hacen agua. Me temo que la Presidenta busca un nuevo gabinete para seguir con el mismo estilo de gobierno y no ha sintonizado con el hecho que si algo se espera es un cambio que nos saque de la improvisación, de la falta de oficio y de la ideologización. Todo indica que no hay voluntad de hacer ese cambio, que es el cambio real que podría devolverle la confianza y el apoyo.
Por eso la duda que está abierta para los optimistas y cerrada para los pesimistas es si tendremos otro gabinete para seguir con el mismo gobierno. Me temo que estoy entre los pesimistas. Probablemente todo cambiará, para que todo siga igual.

Gonzalo Cordero, miembro del Foro Líbero.