sábado, diciembre 20, 2014

UNAS HORAS CON LOS MUERTOS-VIVOS.


Asistí a un festejo navideño en el Gulag Chileno, llamado Punta Peuco, donde la izquierda, la DC y su carnal Piñera (que traicionó a aquéllos tras prometerles un juicio justo, pero sólo para captar sus votos) mantienen confinados a 65 soldados de los que pusieron el pecho a las balas terroristas después de 1973. Hoy son presos políticos, porque ninguna ley autoriza privarlos de libertad.

          Su promedio de edad es 76 años, pero los hay numerosos que son octogenarios. Algunos están afectados de Alzheimer, y no saben dónde ni por qué están, no obstante que muchos sin Alzheimer tampoco lo saben, pues nunca cometieron delito alguno. Y aun quienes los cometieron tienen derecho a la amnistía, la prescripción y la cosa juzgada, ninguna de cuyas eximentes se les respeta en la forma cómo se les ha reconocido a los terroristas.

          Uno de los primeros que se me acerca al llegar es el suboficial de Carabineros Gamaliel Soto, de Temuco, para agradecerme un artículo en su defensa, que escribí tras él ser condenado a diez años por un secuestro que no cometió. “Pero debo rectificarlo”, me dice, “pues usted afirmó que yo detuve a una pareja de médicos del MIR en 1973 y la entregué sana y salva en un cuartel de la FACH, pese a lo cual estoy condenado por mantenerlos secuestrados hasta hoy. En realidad, ni siquiera los detuve: yo sólo estaba en la comisaría cuando desde ella fueron llevados a la FACH y lo único que hice fue mirarlos partir. No tuve ninguna participación”.

Está resignado a seguir muchos años preso, en una nueva categoría, pues a la de “haber estado ahí” y la de “no haber estado ahí, pero ser acusado de estarlo” se añade la de “haber mirado ahí”. Porque en Chile no hay justicia para los PPM (presos políticos militares), a quienes ni siquiera, muchas veces, se les otorgan beneficios carcelarios que a los delincuentes sí se les dan.

          También se me acercó José Cáceres, oficial de la Armada condenado a cinco años y un día en memorable fallo redactado por el ex ministro de Justicia, Luis Bates. En el fallo se refiere a los oficiales como “los delincuentes”, no siendo ése su oficio, sino el de oficiales de la Armada; habla de que “se levantaron en armas contra el gobierno legítimamente instalado” y acusa a Cáceres y otros de mantener secuestrado al extremista Rudy Cárcamo desde 1974 hasta la fecha, en circunstancias que no hubo secuestro, sino detención, y que el detenido fue llevado al cuartel Ancla 2 de Talcahuano. Pues, según el Código, los particulares “secuestran” y los funcionarios uniformados “detienen”.

Cáceres, que jamás siquiera supo de Cárcamo, agradece mis referencias a su situación y me informa que, estando completa y oficialmente acreditado que él no estaba en el cuartel Ancla 2 en la fecha de la detención, ha interpuesto ante la Corte Suprema un recurso de revisión de la sentencia que lo condenó.

Ésta es notable, porque fue dictada a raíz de un recurso de casación del Ministerio del Interior de Piñera contra sentencias de primera y segunda instancia que habían condenado a los marinos a 541 días de pena remitida, con lo cual se habían conformado querellantes y querellados. Pero el odio marxista, ampliamente acogido por el régimen del referido Piñera, pudo más y consiguió que la sala penal de la Corte Suprema, que todavía odia más a los militares que el gobierno anterior, les subiera la condena a cinco años y un día de pena efectiva. Por “haber estado ahí” (que es lo único probado) y hasta, en el caso de Cáceres, por “no haber estado ahí”.

          Durante la visita estoy cerca de un reo octogenario que parece muy conforme comiendo una empanada que le han llevado sus camaradas. Éstos me dicen que él no sabe dónde está ni por qué, no obstante lo cual los jueces inquisidores lo convocan a careos con personas a las cuales, por supuesto, no reconoce, y en cuyo curso manifiesta creer que ha vuelto a su hogar. En los países civilizados se considera un atropello a los derechos humanos mantener preso a un octogenario que ha perdido la razón, pero en Chile, en lugar de liberarlo por respeto a sus derechos humanos, la dictadura judicial lo castiga por violarlos.

          Más tarde se me acerca y me abraza el “villano favorito” de los jueces de izquierda, el brigadier Miguel Krassnoff. Es todo un caballero y su hoja de servicios en el Ejército fue brillante, pero decidió acogerse a retiro cuando comenzó la persecución judicial ilegal en su contra, todo a partir de la famosa carta de Aylwin a la Corte Suprema pidiendo desconocer la amnistía. Hoy he leído, ya sin sorpresa, un artículo de elogio a Aylwin de un columnista de derecha en “El Mercurio”, bajo el título de “El Presidente de Todos”. Pero ciertamente no lo es de los PPM, contra los cuales abrió la compuerta a la dictadura judicial de izquierda que los ha enviado y seguirá enviando al Gulag Chileno, Punta Peuco.

          Como decía un correligionario suyo, que en paz descansa, Aylwin usó a los militares para echar a los comunistas y luego usó a los comunistas para condenar a los militares, lo cual ha despertado la admiración de la derecha salvada por los primeros, pero eternamente malagradecida.

          Un uniformado en retiro que ha organizado el festejo para los muertos-vivos me pide que les dirija unas palabras. Yo les agradezco lo que hicieron por Chile, en nombre de los salvados por ellos, tanto agradecidos como malagradecidos, y los insto a que escriban el relato de la verdad de sus respectivos casos, pues ésta desafía toda verosimilitud. 

          Poco antes se me había acercado el general Ruiz Bunger, quien fuera baleado por el Frente terrorista rojo junto al general Leigh, y que a raíz de ello perdió movilidad en el lado izquierdo. Quien le disparó, Pablo Muñoz Hoffman, fue reconocido por él al ser detenido. Acudió entonces al juez de izquierda pertinente, pero éste le dijo que no podía proceder contra el extremista, basado en su solo testimonio.

          El brigadier Willeke, de ascendencia alemana, que cumple condena por el caso Prats, no obstante que la jueza argentina Servini de Cubría le dijo textualmente: “Yo sé que usted no tuvo que ver en el caso Prats, pero necesito que me diga todo lo que hacía la DINA”, y como se negara a revelarle a una extranjera los secretos de inteligencia chilenos, cumple condena y entonces les hace clases de alemán a los otros prisioneros políticos.

          Pero el Gulag Chileno es un presidio de caballeros y no de delincuentes, y por lo tanto funciona bien. Los baños están limpios, porque ellos los asean. Hay orden, porque ellos lo respetan. Hay actividades constructivas, porque ellos las organizan. Conversé con el campeón de ajedrez del recinto, un oficial de apellido italiano.

          No pude dejar de recordar, por contraste, cuando en los ’60 el Ministro del Interior de Frei Montalva, Bernardo Leighton, el “Hermano Bernardo”, que era “hermano” para la izquierda, pero no para la derecha, ordenó encarcelar a la directiva del Partido Nacional en la hacinada cárcel pública, a raíz de una declaración que estimó sediciosa. El presidente del PN, el reputado jurista Víctor García Garzena, debió pernoctar en una celda colectiva, con delincuentes comunes, y cuando manifestó, a la mañana siguiente, un deseo insólito para el penal, el de ducharse, los reos le dijeron que primero debían limpiar el suelo cubierto de excrementos, y lo hicieron; después, reconociendo su condición, hicieron un círculo alrededor de él, manteniéndose de espaldas, con el mayor respeto, mientras don Víctor se duchaba.

          El odio de la izquierda pretende empeorar todavía más la condición de los PPM, siguiendo la despreciable línea de Piñera, y mandándolos a un penal común, donde el hacinamiento general les impida llevar una existencia ordenada como en Punta Peuco. Ya una mujer izquierdista odiosa denunció haber visto en el Hospital Militar al brigadier Krassnoff sin grilletes ni el chaleco que dice “imputado”, y lo ha denunciado, lo cual se ha traducido en que a otros oficiales les exijan usarlo y engrillarse. Pero ellos se han negado a concurrir en esa forma, con perjuicio para su salud, pero no para su dignidad.

          Las cárceles comunes son indecentes y dispensan un tratamiento que ni siquiera los delincuentes merecen. El Gulag Chileno, por el contrario, es una cárcel decente, pero no por virtud del Estado, sino porque sus internos son personas decentes, aunque los fallos sesgados de la justicia DC y de izquierda les imputen conductas delictivas.

          Y alguna vez, cuando tengamos un gobierno decente, muy distinto, por cierto, del anterior y del actual, en Punta Peuco se podrá levantar un memorial de los abusos y atropellos que allí se cometieron contra ancianos soldados que lo único que merecen y no tienen es igualdad ante la ley y el agradecimiento de su pueblo.

Hermógenes Pérez de Arce.

viernes, diciembre 19, 2014

DOCTRINA Y ARTE: NEXO QUE LOS COMUNISTAS COMPRENDIERON.

Stalin visto por Picasso.

Cuando murió Stalin, el pintor comunista Picasso le hizo un retrato que reproducimos aquí. “L’Humanité”, órgano rojo de París, publicó el trabajo. Sin embargo, Moscú lo condenó porque, según los cánones del arte comunista, un retrato debe ser tanto cuanto posible parecido con una fotografía, evitando interpretaciones personales. Para ellos, esas interpretaciones expresan una mentalidad subjetivista e individualista incompatible con el colectivismo socialista.
De hecho, el rostro de Stalin visto por Picasso tiene mucho de subjetivo. La fotografía que se sacó en Teherán en 1943, al lado de Roosvelt, es más real: se diría que es un portero de hotel endomingado con su uniforme nuevo, ufano de tomar el aire por unos minutos a lado de un huésped distinguido, que consintió en conversar un poco con el.
Los comunistas comprenden que un vasto sistema de ideas filosóficas, sociales y económicas tiene que generar necesariamente un arte con un cuño propio, que será bueno o malo según sea verdadero o falso el sistema. Y que el colectivismo tiene que producir en arte una actitud peculiar.
Roosvelt y Stalin en Teherán.

En la sección “Ambientes, Costumbres, Civilizaciones” hemos procurado poner en evidencia el mismo principio con relación al Catolicismo. Nuestro arte no puede ser el del comunismo, ni el del neopaganismo occidental, por el simple hecho de que somos católicos. Y, sin embargo, esta sección encuentra, a la par de tantos aplausos, tantas resistencias opuestas por espíritus deformados por el liberalismo. Sírvales por lo menos de lección la coherencia de nuestros adversarios.
Plínio Corrêa de Oliveira, 
AcciónFamilia.org

jueves, diciembre 18, 2014

CINISMOS DE LA DICTADURA JUDICIAL.


Tocqueville decía que la dictadura de los jueces es la peor de todas, porque es la única que no tiene remedio. En efecto ¿a quién se recurre ante los atropellos de los jueces de izquierda? A otros jueces de izquierda o a tribunales colegiados con mayoría de izquierda. En otras palabras, en Chile no hay adónde recurrir.

          La dictadura judicial en materia de derechos humanos ya ha propasado todo límite, y atropellado reiteradamente los propios derechos humanos de los militares, en particular de octogenarios enfermos, condenados ilegalmente y a los cuales ni siquiera se les reconoce sus beneficios carcelarios. Y, además, dicha dictadura judicial está más cínica que nunca.

          Pues el cinismo, según la Real Academia, “es la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Bueno, nuestra justicia de izquierda, partiendo por la mayoría de la “sala penal” de la Corte Suprema hacia abajo, ha hecho públicos y reiterados ejercicios de cinismo, pero últimamente ha batido sus propias marcas en dos casos.

          Así, en el juicio politizado mediante el cual un juez de triste memoria (y que ha quedado en el basurero de la historia) decretara el desafuero del senador Pinochet, ese singular “magistrado” debió pasar por sobre todas las leyes, la verdad de los hechos y las pruebas del proceso, en el estudio del cual me especialicé, tanto que escribí en 2001 un libro, al respecto, “La Verdad del Juicio a Pinochet”, que estuvo largamente entre los más vendidos y mereció tres ediciones, con un total de 4.500 ejemplares, sin ser jamás refutado circunstanciadamente.

Como es sabido y está probado, ni el general Pinochet ni su delegado, el general Arellano, que encabezó una comitiva que tenía por misión regularizar y acelerar los juicios militares en octubre de 1973, tuvieron nada que ver con fusilamientos ilegales que se perpetraron en algunos de los lugares que ella visitó. Bueno, pero como estamos en Chile y de lo que se trataba, por parte de la izquierda, era de “condenar por los diarios” a Pinochet, obedeciendo la consigna dictada por Brezhnev y el KGB, en el hecho no hubo un verdadero juicio. Por algo hace poco habían transcurrido, desde que se inició (sin base legal alguna) en 1998, dieciséis años sin sentencia de término.

En él, el ex Presidente y ex senador fue sobreseído por muerte. Su general delegado también lo ha sido en un proceso, que está en las manos de un enésimo ministro sumariante (en este caso, “enésima”, Patricia González). Pero ni ella ni sus antecesores han cumplido el mandato legal expreso del artículo 107 del Código de Procedimiento Penal, que les ordena examinar si existe una causal de extinción de la responsabilidad para, en caso afirmativo, poner inmediato término al juicio. En éste hay a lo menos dos causales, la amnistía y la prescripción, pero no se aplican, porque la ley penal para los militares no rige.

Bueno, han pasado quince años de esa situación de atropellos increíbles, políticamente motivados, y hace unos días leí que un comandante, a quien en mi libro señalé como responsable directo de 55 fusilamientos ilegales perpetrados al margen de todo conocimiento u orden de los generales Arellano o Pinochet, ha sido por fin condenado (también ilegalmente, porque se trata de delitos amnistiados y prescritos) ¡a una pena remitida! Es decir, el principal responsable de las muertes que les achacaron a Arellano y Pinochet no pasará un día en la cárcel.

Hasta la gordita Madeleine Albright, Secretaria de Estado norteamericana de paso por Santiago, se permitió decir que Pinochet estaba “bien procesado”, porque para ella, una izquierdista, era lo políticamente correcto. Y resulta que el que apretó el gatillo, sin saberlo Pinochet, ha quedado al fin libre. Los comunistas todavía derraman lágrimas porque Pinochet no fue a la cárcel. Bueno, el que mató a las víctimas que le imputan a éste, tampoco.

Esto es una burla final de los jueces de izquierda, y tiene un fundamento: culpar a Pinochet era lo que políticamente exigía la izquierda. Y por eso el autor de las muertes, que mintió y dijo haberles sido ellas ordenadas por Pinochet, es premiado con la libertad (a la cual, en todo caso, tenía derecho legal en virtud de la amnistía y la prescripción, y por eso no doy su nombre.) Pero ¡cuántos oficiales que no han mentido para salvar el pellejo, como les exige el chantaje judicial de la izquierda, cumplen largas condenas de presidio efectivo! Aunque sólo sea por “haber estado ahí” (y alguno sin siquiera haber “estado ahí”).

El cinismo consiste en dejar libre de la cárcel al que cumple con la exigencia política de la judicatura de izquierda: culpar a Pinochet. Un artículo del Código Penal Chileno de Izquierda (Karen Cariola podría estarlo preparando) seguramente dirá: “Ningún chileno cumplirá condena alguna, por graves y numerosos que hayan sido sus delitos, si culpa de ellos a Pinochet”.

Otra reciente manifestación de cinismo judicial ha sido sobreseer al general Arellano (que en su ancianidad está hace años privado de razón), pero ¡no sin antes dictar auto acusatorio en su contra, culpándolo de la muerte de dos GAP, guardia armada personal de Allende) en circunstancias de que, como está probado, lo único que hizo Arellano fue ordenar el traslado de ellos, que habían sido apresados en Curicó, a Santiago! Acá llegaron a un regimiento y luego fueron cambiados a otro en San Bernardo, donde fueron fusilados. Nada de eso lo ordenó, y ni siquiera supo, Arellano, que no tenía mando ni autoridad para decidir en el caso.

Pero la actual ministra sumariante lo ha acusado de esas muertes e inmediatamente lo ha sobreseído, lo que impide a su defensa presentar ningún recurso contra el auto acusatorio. Pues el general Arellano nunca quiso alegar amnistía ni prescripción, pues estaba seguro de poder demostrar su correcto proceder y completa inocencia. Creyó que trataba con una justicia de verdad. Bueno, ahora la justicia de izquierda le impide a su defensa, en este caso, demostrar su inocencia, al sobreseerlo por demencia. ¿No es eso un “ejercicio de una acción vituperable”, que es lo que define al cinismo?

En una nueva edición del “libro negro de la justicia chilena”, aparecido en 2013 y titulado “Procesos Sobre Violaciones de Derechos Humanos: Inconstitucionalidades, Ilegalidades, Arbitrariedades”, de Adolfo Paúl Latorre, debería añadirse los dos testimonios de cinismo judicial de que he querido dejar constancia hoy.


Hermógenes Pérez de Arce.

miércoles, diciembre 17, 2014

DEL "MINUTO HEROICO" AL "PRIMER SENTIDO".


Dicen que la escena del diputado Ignacio Urrutia pidiendo el minuto de silencio en memoria de Pinochet y de los quince valientes que lo apoyaron de pie en la Cámara dio la vuelta al mundo, recinto este último (y también aquél) en que los partidarios de la sociedad libre somos minoritarios y, por tanto, en gran parte del cual sorprendió que se rindiera tributo a la memoria del salvador y reinstaurador en Chile de la misma.

Su legado, que partió con la derrota armada del marxismo totalitario a un costo mínimo, pues en lugar del millón de muertos que preveía el guerrillero Comandante Pepe en la guerra civil que preparaba, resultaron apenas 3.197, después siguió con la consagración del principio de subsidiariedad y las garantías individuales reconocidas en la Constitución de 1980, el fortalecimiento del derecho de propiedad que atrajo la inversión extranjera e incrementó la nacional; las privatizaciones, la creación de la salud y la previsión privadas, la liberación del comercio internacional, la creación del FUT y las rebajas de impuestos y, en fin, que culminara con la restante panoplia de libertades que le hizo posible a Chile convertirse en la “joya más valiosa de la corona latinoamericana” (Clinton), no ha sido olvidado. El diputado Urrutia y sus “quince de la fama” nos dicen, en esta hora en que está siendo sistemáticamente demolido, que “aún tenemos Patria, ciudadanos”.

          Habría sido eso lo más importante de la semana si no hubiera tenido lugar otro “hecho esencial”: el inesperado y espontáneo reconocimiento de la Presidenta en cuanto a que su “primer sentido” le había dicho, al plantearse la reforma educacional, que ésta debería partir por la enseñanza pública.

Eso es de una profundidad e importancia que sólo un medio político tan superficial como el chileno podría soslayar o utilizar apenas para obtener alguna ventaja propagandística transitoria.

Pues ese “primer sentido” de la Presidenta es por completo ajeno al evidente “verdadero sentido” de todo lo que hace su gobierno, partiendo por dicha reforma educacional: llevar a cabo en Chile una revolución de izquierda. El tema de ésta no es “mejorar la educación”, sino “cambiar la educación”. El punto está en ponerla en manos del Estado, es decir, de los revolucionarios, y no en limitarse a procurar que ella sea mejor. De lo que se trata, ha dicho el jefe de este compartimiento revolucionario, es “bajar de los patines” a los mejores y no “subir a los patines” a los peores, cosa que se lograría mejorando la educación pública, que es la más deficitaria, y dejando tranquilos a los que obtienen logros superiores precisamente como consecuencia de la libertad de que gozan.

Lo del “primer sentido”, entonces, confieso, me ha hecho quedar completamente descolocado. Yo partía de la base de que Michelle Bachelet 3.0 estaba empeñada en una gesta revolucionaria típicamente marxista, y así como buscaba destruir el corazón de la libertad económica a través de la mayor tributación, el corazón de la libertad social a través de la re-estatización de la salud y la previsión, y el corazón de la eficiencia productiva privada y del crecimiento mediante la reforma laboral, de igual modo buscaba sacar de las manos de ciudadanos libres y plurales la enseñanza de los niños chilenos. Por eso, precisamente, la reforma propuesta por su gobierno dejaba de lado e intacta la enseñanza peor, la pública, y centraba sus fuegos en la restante, la privada, para terminar con la libertad de los privados en su gestión y ponerla en manos del Estado, es decir, de los revolucionarios.

Pero ahora la Presidenta nos sale con esta inexplicable frase reaccionaria, su “primer sentido”, pleno de reflexión positiva, inspirado en mejorar la enseñanza y, para eso, apuntar a comenzar por remediar la peor, la pública.

Toda una declaración de principios en cuanto a que realmente se debería asignar recursos a (y perfeccionar la labor de) las escuelas municipales magras y decadentes, en lugar de dirigir los cañones del acorazado Potemkin, capitaneado por el “tovarich” Eyzaguirre, a destruir hasta el último bastión de la libertad de enseñanza de los emprendedores chilenos.

Por eso, al menos “aquí y ahora”, tanto el “minuto heroico” como el “primer sentido” me hacen exclamar (provisoriamente) emulando a Manuel Rodríguez después de Rancagua, “¡aún tenemos Patria, ciudadanos!”

Hermógenes Pérez de Arce.

martes, diciembre 16, 2014

EL PÁLPITO DE LA CLAUDIA. 1° Y 2° PARTE.

Mientras la Claudia vive de pálpito en pálpito, es el resto de la población la que sufre por esas tincadas de la exiliada voluntaria. Recordemos que un pálpito le advirtió, tal vez desde el mas allá, que el Transantiago no funcionaría, pero igual lo implementó. No sé qué le palpitó el día del maremoto, tal vez le palpitaron las encuestas que no le perdonarían una evacuación en masa con desmanes, heridos y seguramente varios muertos, si ese mar que tranquilo nos baña no termina llevándose a Dichato.  

Hoy, la ayudista del MIR reconoció otro pálpito mas, dijo que “Mi primer sentido fue partamos por la educación pública”. http://www.elmostrador.cl/pais/2014/12/12/bachelet-y-el-deja-vu-del-transantiago-mi-primer-sentido-fue-partamos-por-la-educacion-publica/

Este pálpito, que sin duda fue cuidadosamente estudiado y redactado por el comité creativo de palacio, nos revela dos cosas. Que el gobierno da por perdida la reforma (no quiere decir que no se haga, sino que será un fracaso), y que comenzó la operación salvataje para la Claudia, nuestra Señora de los Milagros, la sonrisa que gana elecciones y permite a los tránsfugas de la Nueva Mediocridad vivir del Estado botín. Si salvan a la viejuja, se salvan todos; si la iñora se hunde, todos se hunden con ella.


En estos precisos momentos, el Elizalde y el Pencailillo están interpretando las sabias palabras de madame Bachelet. La razón de la sinrazón en plenitud. 

EL PÁLPITO DE LA CLAUDIA 2° PARTE.

Obviamente que el famoso pálpito de la Claudia es más falso que el paraíso terrenal, eso está claro, al menos para cualquier persona que entiende lo que lee. Para los que no entienden lo que leen, bueno, para esos no sé qué cosa puede estar clara y cual no.

La exiliada voluntaria, quien ha construido su carrera política post terrorismo en base a sonrisas, silencios, frases rimbombantes y obviedades, se sumó a la mayoría (una vez más), al asegurar que la clave de la reforma educacional es comenzar por la educación pública, o como se le ha denominado al proceso revolucionario, “fortalecer” la educación pública. No explicó la razón por la que comenzaron por la quita de patines.

Esta postura dice que si agregamos todo el dinero posible (dinero de los ricos, claro) y lo “gastamos bien”, especialidad en la que el Estado no es particularmente hábil, la educación pública logrará un nivel tan espectacular que superará en calidad a la educación particular, y así los apoderados decidirán voluntariamente matricular a sus hijos en esta nueva y revolucionaria educación del “Chile que todos queremos”. La teoría es maravillosa; la puesta en práctica aun nadie la conoce, sin embargo, mucha gente ya compró la idea de obtener por este medio una educación pública, gratuita, de calidad y sin fines de lucro ajeno. Probablemente son los mismos que no entienden lo que leen, y algunos de ellos ni siquiera lo que ven por televisión.

Evidentemente que esto es solo una teoría utópica y absurda, si las cosas funcionaran así, podríamos aplicar el mismo procedimiento en salud, vivienda y por qué no, en un invernadero de jugosos tomates o en la panadería de don Miguel (se llama marxismo). No, esto no funciona así, y los socialistas lo saben, por eso comenzaron con la quita de patines. Otra cosa es que la famosa quita de patines, para sorpresa de la izquierda, no haya tenido salida en lo que se denomina “la clase media emergente que salió de la pobreza gracias a los gobiernos de la Concertación” (léase, “el modelo heredado de la dictadura”).

Esto no solo lo sabe la Ayudista del MIR, también su amigote Eyzaguirre, con quien compartió fogatas playeras amenizadas con guitarras, versos de Víctor Jara y algún puchito de “la guena”. Lo sabe el ministro de educación venezolano, ese que pretende sacar a la gente de la pobreza, aunque no llevarlos a la clase media opositora (la misma que en Chile no quiere que le quiten sus patines). Lo sabía Mao, Lenin, Stalin, Allende, Altamirano, el tío Erich, y toda la jauría. Lo sé yo, y lo saben todos los que entienden lo que leen y cambiaron a sus hijos desde la educación municipal a la particular subvencionada, y no los quieren de vuelta en el colegio en toma perpetua. Por algo será.

Máximo.

lunes, diciembre 15, 2014

CAJEROS Y COMISARÍAS.


LA INSTALACION de cajeros automáticos del Banco del Estado en las comisarías de Carabineros, ha sido presentada por el gobierno como una solución ideada por una autoridad ágil y creativa para un problema que afecta a los usuarios, que habría sido bien recibida por éstos.
Pero en realidad esconde un reconocimiento brutal que la delincuencia domina sin contrapeso en vastos sectores y que la inseguridad ciudadana ha llegado a límites tales, que no existen las condiciones mínimas para realizar ciertas actividades cotidianas. Porque la disminución de los dispensadores de dinero se ha debido a los incontables robos -no resueltos- que han sufrido y cuya operación se ha sumido en la anormalidad, más allá de lo que quisiera y puede manejar la industria bancaria, que nunca antes tuvo inconvenientes para suministrar un servicio crecientemente demandado por la ciudadanía. Y entonces, que se tuvo que recurrir a la última reserva para que pudieran operar.


Son deberes esenciales e irrenunciables del Estado velar por el imperio de la ley y otorgar seguridad a la ciudadanía. Cuando alguna actividad normal se tiene que atrincherar dentro de las unidades policiales para realizarse, la autoridad ha fracasado en cumplir su cometido básico”.


Y también cuando les echa la culpa a las víctimas de los delitos que sufren, porque cualesquiera sean los argumentos sobre los resguardos que debieron emplear para minimizarlos, no son más que una disculpa para desviar la atención cuando el fenómeno delictivo está fuera de control y la seguridad pública no es tarea del sector privado.
Pero en su afán de aparentar una solución, el gobierno ha incurrido en irregularidades que afectan el buen funcionamiento de la economía, dando así otro paso para desmantelar el régimen que hizo de nuestro país un modelo de crecimiento y buena administración de los recursos. Porque si bien el Banco del Estado es una empresa estatal, se desenvuelve en un mercado competitivo y cobra a los usuarios por sus servicios, como cualquier entidad bancaria. La Constitución prohíbe que las empresas del Estado reciban privilegios.


Las comisarías, que son bienes fiscales, son lugares atractivos para emplazar los cajeros: ¿Carabineros llamó a una licitación abierta para asignar esos espacios entre los distintos bancos?; ¿el Banco del Estado paga un arriendo por usarlos?; y si es así, ¿cómo se determinó su valor?; ¿es legal que dentro de las comisarías se realicen actividades comerciales, susceptibles de interferir con su función propia?”


La Contraloría General de la República debiera tomar cartas en el asunto.  También lo tendría que hacer la Fiscalía Nacional Económica, pues se ha dado un privilegio que puede afectar la competencia en el mercado de los dispensadores de dinero.Que ejerzan sus atribuciones es fundamental, no sólo para que impere la ley -un bien cada día más escaso en nuestra sociedad-, sino para que las cosas vuelvan a su cauce y la autoridad pública no tenga excusas ni pueda montar escenas para evadir su rol: perseguir a la delincuencia y mostrar resultados, sin endosarle la culpa a otros.
Axel Buchheister.

domingo, diciembre 14, 2014

NOS VEMOS, KAROL.


El encantador proyecto de ley presentado por la comunista que ejerce de diputada, Karol Cariola, merece un museo para ella sola. Sí, un museo de la Memoria para el texto de la jovenzuela. (Al menos, eso no lo prohíbe en su iniciativa). Deberá formar parte, en un amplio panel, de una exposición de las más notables ocurrencias de sus camaradas y de otros marxistas afines en Chile: las normas sobre Juntas de Abastecimientos y precios, el proyecto de la ENU, el proyecto contra los historiadores, los indultos a terroristas, las reparaciones económicas para subversivos o asesinos.
        Los comunistas nacen, viven y mueren al interior de la dialéctica. Necesitan del movimiento de las tesis, antítesis y síntesis, así como los demás individuos funcionamos con sístoles y diástoles, con proyectos y gestiones libres.
        Ellos realizan operaciones perfectamente planificadas, más bien, incorporadas por un chip en sus cerebros en una etapa temprana de su deformación: determinar quién es el enemigo, generar el odio para tenerlo siempre presente, combatirlo con todas las armas, disponerse a morir por  la tesis o por la antítesis (vaya uno a saber cuál es en cada caso) culpar al enemigo de sus derrotas, reagruparse en la supervivencia o en la clandestinidad, perseguirlo una vez recuperada su presencia, obtener todos los beneficios económicos posibles, aniquilar la historia del enemigo y llevar a sus principales miembros al paredón.
        ¿Demasiadas etapas para una sola vida comunista? Qué importa eso: el partidos clona a sus militantes desde su captación, siguiendo el modelo de Stajanov, Zaitsev o Morozov, de R. Parra, Neruda, Marín o Jara. Los hace en serie, con el manual de Huxley a la vista, con los incontrastables relatos de Orwell al alcance de la mano. Esos textos fastidian al PC, pero siguen siendo su canon de acción.
        El proyecto de ley de Cariola está ubicado en la penúltima de las etapas y anuncia ya la postrera: de la aniquilación de la historia, al paredón; de la mentira, al fusilamiento, el único final de la historia que realmente practican los comunistas.
        Los antecedentes del proyecto se resumen así: el mal absoluto fue el Gobierno militar (ya incurro en falta grave por no decir Dictadura: guárdese este antecedente juntos a otros miles ya acumulados para mi proceso) por lo que en 15 artículos se propone legislar de todos los modos imaginables para que la pureza absoluta del bien comunista quede garantizada en las mentes y los corazones de todos los chilenos.
        Los que iremos a la cárcel por no doblegarnos, seguramente compartiremos por breve tiempo la suerte de los detenidos en la Lubianka, para ser destinados después a Vorkuta o a Kolyma. Sí, sin bromear, el proyecto establece que "las contravenciones a la presente ley serán sancionadas con presidio menor en su grado máximo a presidio mayor en su grado máximo y multas de 500 a 3000 UTM."
        Lo que quizás a Cariola no le han contado -y estará prohibido relatarlo en Chile, obviamente-   es que el PC suele limpiar sus filas cada cierto tiempo y que sus más ilustras figuras pasan por todas las Lubiankas y terminan en todos los Vorkutas y Kolymas. Nos vemos Karol.


Gonzalo Rojas Sánchez.