jueves, septiembre 29, 2016

CAROLINA TOHÁ Y LA SEXUALIDAD ADOLESCENTE.



EL INSTRUCTIVO sobre sexualidad adolescente elaborado por la Municipalidad de Santiago -que será distribuido entre los colegios de la comuna- ha sido objeto de controversia, pues algunas voces han cuestionado públicamente la pertinencia de una iniciativa de esta naturaleza, al tratarse de contenidos explícitos que podrían no ser apropiados para jóvenes que aún están en etapa de formación.

Las “100 preguntas sobre sexualidad adolescente” -que fue lanzado en una ceremonia oficial- es un texto que pretende ser una guía que resuelva dudas frecuentes, de una manera didáctica. Pero sus contenidos e ilustraciones si bien pueden cumplir el objetivo de ser comprensibles, a su vez son explícitos y no se limitan a resolver inquietudes propiamente adolescentes, sino que entran en temáticas que bien podrían estar destinadas a público adulto.

Los alcaldes deben ser especialmente cuidadosos con evitar imponer determinadas visiones en los establecimientos bajo su responsabilidad, en particular cuando se trata de temas de alta sensibilidad donde cabe en primer lugar a las familias un rol valórico que no puede pretender ser reemplazado por la autoridad. El que dicho manual haya sido elaborado siguiendo las dudas manifestadas por un grupo de adolescentes que colaboró para esta publicación no lo convierte per se en un material apto ni representativo para toda la comunidad estudiantil.

En tal sentido, es inconveniente que el Ministerio de Salud haya prestado público respaldo a esta iniciativa, por tratarse de un material que evidentemente no ha sido objeto de suficiente deliberación y que tampoco forma parte de los textos oficiales, lo que aconseja neutralidad para evitar equívocos.

Editorial La Tercera.

martes, septiembre 27, 2016

HELIA MOLINA: "LOS VOTANTES NO CACHAN NÁ".



El polémico viaje de la candidata municipal Helia Molina a Nueva York, acompañando a la Presidenta Bachelet en su calidad de “la más experta de Chile” en temas de infancia, como ella misma se proclamó, nos dejó una frase que sin duda estará en los balances de fin de año que realiza sagradamente la prensa nacional: “¿Tú crees que me da votos venir para acá? Al habitante de Ñuñoa, que no cacha ni lo que es la Asamblea de la ONU, ¿le va a importar algo que yo esté o no esté acá? Me han hecho un tremendo favor. He salido harto en el diario. ¡Pero si no salió ni la Presidenta en los diarios, y salí yo!”. Como era de esperar, la verborrea irreflexiva de la doctora que apenas duró nueve meses como ministra de Salud fue duramente castigada en las redes sociales, pues muchos votantes de Ñuñoa se sintieron obviamente ofendidos por esta falta de tino político.


Pero a riesgo de ser troleado también por los fiscales digitales que vagan por internet, comentando sobre textos que ni siquiera leen y que se quedan solo con los titulares—como el que encabeza esta columna, que han sido puestos precisamente con algo de malicia para atraer más lectores—hay que reconocer que la doctora Molina tiene algo de razón.
Efectivamente, las encuestas demuestran que los chilenos estamos muy desinformados sobre lo que está pasando y mostramos muy poco interés por conocer lo que ocurre en materia política, económica y social. Según la última encuesta CEP, el 54% de los chilenos no lee nunca noticias sobre política, y otro 34% lo hace a veces. Solo 1 de cada 10 chilenos lee noticias sobre política con frecuencia. Otro 53% de los chilenos declara que nunca mira programas sobre política en televisión, y el 39% responde que lo hace a veces. Solo el 8% de los chilenos dice que mira programas sobre política en televisión con frecuencia.
Y si Ud. piensa que lo anterior ocurre porque el interés político se ha trasladado de los medios tradicionales a los nuevos, pues se equivoca, pues las paupérrimas cifras de conocimiento político también se extienden a las redes sociales: según la CEP, el 75% de los chilenos dice que nunca sigue los temas políticos por Facebook o Twitter, y solo el 17% lo hace a veces. Raya para la suma: solo el 6% de los chilenos sigue los temas políticos a través de Facebook y Twitter.
¿Qué consecuencias tiene esta falta de interés por la actualidad? Pues que los chilenos están siendo depositarios de un gran poder, pero sin asumir toda la responsabilidad que ese él conlleva. La Presidenta Bachelet lo expresó con estas palabras en la ONU: “Los ciudadanos están hoy más alertas y empoderados”. Y es parecido a lo que dijo Sebastian Piñera a La Tercera hace un par de semanas: “Tenemos una ciudadanía cada vez más informada, empoderada, exigente, impaciente, muy consciente de sus derechos, no tan consciente de sus obligaciones”. Habría que matizar, eso sí: Es verdad que hoy los ciudadanos están más empoderados y opinantes, pero no es cierto que estén más informados. Aunque pueden convocar a marchas con más facilidad y obligar a los políticos ansiosos de congraciarse con la masa a cambiar de rumbo, siguen siendo vulnerables, pues lo que demuestran las encuestas es que, por su desconocimiento, los chilenos nos encontramos expuestos a serias manipulaciones y graves abusos, pues no dominamos temas que resultan básicos para un desempeño social óptimo.
Por ejemplo, solo un 6% de los chilenos es capaz de contestar 3 preguntas sencillas sobre finanzas y economía, según un estudio presentado recientemente por dos profesores del Departamento de Economía de la Universidad de Chile, quienes concluyeron que este bajísimo conocimiento financiero puede generar costos importantes para el bienestar de las personas, “en la medida que puede llevar a malas decisiones, como tomar créditos con altas tasas de interés o a no ahorrar lo suficiente para la etapa de retiro del mercado laboral”. Otra estudio de Cadem demostró el mes pasado que solo un tercio de los chilenos sabe quiénes son los dueños de los fondos administrados por las AFP, lo que por cierto no impide a la gran mayoría enjuiciar con dureza un sistema que apenas comprende.
Sin un mayor compromiso cívico de los chilenos—que pasa necesariamente por informarse y leer más sobre lo que está pasando en el país—podremos seguir opinando con fuerza sobre lo que creemos que pasa, pero no estaremos haciendo un uso responsable de ese inmenso poder que nos atribuyen algunos políticos, y podríamos terminar votando por personas sin criterio, solo porque salen en los diarios robándole cámara a la Presidenta de la República. La moraleja de esta columna es que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Esa fue la dura lección que aprendió el joven Peter Parker después de perder a su tío.Los chilenos podemos perder otras cosas también muy importantes si no nos informamos antes de votar.

Ricardo Leiva.

domingo, septiembre 25, 2016

LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN UNA NUEVA ENCRUCIJADA.


Los partidos políticos experimentan una grave crisis y la Democracia Cristiana no es la excepción. En efecto, ella parece tener dificultades para reencontrarse con sus ideas y transmitir un sello distintivo que pueda conectar con la ciudadanía. Pero, paradójicamente, hoy se abre una oportunidad única para marcar esa identidad. Y es que en momentos de crisis, se debe recurrir con fuerza a los principios. Así, en este tiempo de confusión, vale la pena que la Democracia Cristiana recuerde los que le da fundamento: la promoción de la dignidad humana y el valor de la comunidad. No son estos conceptos etéreos. Muy por el contrario, en la contingencia tienen un significado claro, en diversas esferas. Esto se puede ilustrar, por ejemplo, a través de un contrapunto entre dos asuntos relevantes en debate: la ley de aborto y la reforma laboral.
Veamos.
Una mirada restrictiva hacia la organización sindical pero abierta a la legislación del aborto, la entrega Ciudadanos, Amplitud, la derecha liberal; una mirada restrictiva tanto ante el aborto como ante el fortalecimiento de los sindicatos, la promueve la UDI, la derecha conservadora; en fin, una postura proclive a la liberalización del aborto y a la intensificación de la organización sindical, la sostiene el PPD, algunos sectores del PS, la izquierda liberal.
¿Y la Democracia Cristiana?
Hasta el momento, en estos asuntos esenciales, la Democracia Cristiana se ha mostrado ante la opinión pública como un partido “moderador”: algunas semanas menos de gestación para permitir el aborto o unos cuantos trabajadores más para formar un sindicato. Por cierto, promover la gradualidad y la moderación puede ser un aporte a la política. Pero la Democracia Cristiana no es solo eso y, si es solo eso, su existencia es irrelevante. La Democracia Cristiana solo tiene sentido de existir si ofrece a la sociedad un proyecto distinto y distinguible de los proyectos de los demás partidos. De los rivales, por supuesto que sí. Pero también, en algunos asuntos, de los aliados. No un “promedio” de las demás posturas existentes, sino que algo diferente: una alternativa a los proyectos liberales y conservadores; una vía de superación del eje izquierda/derecha.
En efecto, la Democracia Cristiana tendría que ser, en estos casos, nítidamente, para la opinión pública, un partido –representante de una determinada cultura, de una determinada visión del hombre y la mujer– que en una mano sostiene firmemente los derechos de los trabajadores y, en la otra, la defensa de la vida del no nacido y la protección de la maternidad. Ambas cosas se desprenden de sus principios fundantes y del correlato inclusivo de estos: la opción preferencial por el débil.
Hay materias donde la moderación es una virtud. En otras no es más que un vicio.
Avanzará la Democracia Cristiana con sus aliados en las trasformaciones sociales en que están de acuerdo, que no son pocas en lo político, económico y social; en lo demás, habrá una leal competencia. Esto es, en efecto, lo que esperan sus militantes y electores, esas personas ansiosas de vislumbrar una alternativa distinta y distinguible del binomio liberal/conservador. Aún más: solo así se puede construir un proyecto político para salir a convencer a aquellos ciudadanos que abultan las cifras de no votantes. Cualquier otra cosa es un centrismo intrascendente o una mala copia de proyectos ajenos.
Se trata, ni más ni menos, de ser lo que se dice ser. Y lo que la DC dice ser vale la pena serlo
Alexander Kliwadenko y Augusto Wiegand.

jueves, septiembre 22, 2016

JUSTICIA, HUMANIDAD, VENGANZA.


Como en otros países latinoamericanos que han vivido transiciones desde gobiernos militares a gobiernos civiles, desde  1990 en Chile se instauraron acciones penales, comisiones de la verdad, programas de reparación y diversas reformas institucionales. Dos comisiones de la “verdad” con distinto mandato (1991 y 2005) buscaron establecer la práctica sistemática de desaparición forzada, tortura y prisión política que habría sido dirigida por el régimen militar.
Hoy continúan los procesos contra militares acusados de violar los derechos humanos durante el período comprendido entre 1973 y 1990,y más de un centenar de ellos cumplen condenas mayoritariamente en el penal de Punta de Peuco y en otras prisiones del país.
No obstante lo anterior, organizaciones principalmente políticas de izquierda y de familiares de víctimas de los hechos por los que se acusa a los uniformados, continuamente cuestionan la existencia de penales especiales para que los declarados culpables cumplan condena, y se oponen a incorporar a cuerpos legales, iniciativas que comprendan beneficios para adultos mayores y enfermos terminales, así como la posibilidad de optar a beneficios penitenciarios a quienes cumplen dichas condenas.
De esta forma, podemos evidenciar que los temas más relevantes relacionados con este tema se refieren a  los recintos penitenciarios que albergan a los militares y el acceso a instancias de beneficios que se encuentran regulados por ley.
Sin duda el penal de Punta Peuco es el que genera mayor polémica. Este penal que mantiene recluidos a militares condenados por hechos relacionados con derechos humanos, es una instalación penitenciaria que posee una infraestructura y capacidad a la altura de los estándares internacionales, lo cual contrasta fuertemente con la realidad de las cárceles comunes del país. Esto ha llevado a que las organizaciones que quisieran castigar mas duramente a los militares presos, presenten a la  ciudadanía que a los condenados por violaciones a los derechos humanos se les estaría entregando privilegios, a los cuales no accede el resto de la población penal del país, evidenciando una inequidad ante la ley. Se omite no obstante decir que han sido los propios reclusos los que se han esforzado por generar las condiciones de habitabilidad que allí se dan y que es gracias a su esfuerzo personal y nivel cultural que se mantengan dichas condiciones. No obstante ello Punta Peuco sigue siendo una cárcel.
El problema entonces no es que Punta Peuco tenga  mejores condiciones de vida que otros recintos penitenciarios, sino que el resto de los otros recintos carcelarios se mantienen condiciones  infrahumanas. De esta forma, el recién nombrado Director del Instituto Nacional de Derechos Humanos Branislav Marelic, afirmó recientemente que  el Penal de Punta Peuco es una cárcel, pero diferente a las demás, debido a que los reos disponen de servicios como agua caliente, acceso a áreas verdes (todo ello habilitado por los propios reclusos), donde  no hay hacinamiento, manifestando su esperanza de que todas las cárceles fueran como Punta Peuco.
Por otra parte se discute sobre la otorgación de beneficios humanitarios a presos ancianos o que sufren enfermedades terminales, y de ser así, si corresponde extender la entrega de tales beneficios a quienes hayan cometido delitos gravísimos o de “lesa humanidad” (Tipificado en el Tratado de Roma al cual Chile se suscribió en 2009, 36 años después de los hechos que se juzgan).
De esta forma quienes quieren negar cualquier tipo de beneficio a los uniformados encarcelados manifiestan que los crímenes contra la humanidad, es decir, aquellos que se han cometido como parte de un ataque sistemático contra sectores de la población y de manera premeditada, son imprescriptibles.
Sin embargo manifiestan otros,  lo anterior  no excluye medidas humanitarias en casos calificados, ya que dichas medidas no admiten distinciones dependiendo de la gravedad del delito.
En un régimen democrático con una aplicación seria de la justicia, debe estar siempre presente la  posibilidad de clemencia, ello no relativiza los crímenes, sino todo lo contrario, demuestra que la verdadera justicia muestra gestos de humanidad a incluso quienes ha condenado por contravenir dicha humanidad.
Como ejemplo tanto de la muestra como de ausencia de humanidad se ha contrapuesto sostenidamente dos casos:
Erich Honecker, jefe de estado de la República Democrática Alemana entre 1976 y 1989, fue requerido por autoridades de la ex República Federal en 1990 por ordenar disparar a quienes escaparan de la RDA a través del cruce del Muro de Berlín. Sin embargo tras la caída del muro y la reunificación alemana, al  someterse a proceso fue diagnosticado con cáncer hepático que no pudo ser superado con cirugía. Se acreditó que Honecker no sobreviviría al proceso judicial, y en 1993 fue liberado, falleciendo al año siguiente.
Por otra parte, se  presenta la inhumanidad en el caso  de Rudolph Hess, a quien, en la década del 60, Amnistía Internacional solicitó que no se mantuviera en confinamiento solitario. Hess, quien fuera secretario personal y ministro de Hitler,  había sido condenado a cadena perpetua en la prisión berlinesa de Spandau, en la cual pasó a ser su único ocupante en 1966. Hess tenía 72 años y se documentó un evidente deterioro mental, sin embargo, la oposición de la Unión Soviética y Reino Unido, hizo que muriera en dicha prisión solo, en 1987 a los 93 años de edad.
Quienes estaban en contra de cualquier medida de clemencia hacia Hess argumentaban que era un monstruo, por su participación en “crímenes atroces” y asesinatos masivos. Sin embargo quienes apelaban a gestos de humanidad sostenían que si bien Hess pudo haber sido un monstruo sus acusadores no podían ser monstruos.
En ambos casos, Hess y Honecker, lo que se pedía no era un indulto y mucho menos una amnistía, sino simplemente medidas humanitarias a personas que no tiene sentido mantenerlas en la cárcel.
José Zalaquett, prestigioso abogado especialista en derechos humanos,  ha manifestado que quien estando condenado ha cumplido la mayor parte de su pena, ha colaborado con la justicia, ha mostrado arrepentimiento y se encuentra con demencia senil, ya no existe como identidad, es un cuerpo sin memoria ni conciencia y las medidas humanitarias ni siquiera serían para él, sino para su familia, con el fin de tenerlo cerca sus últimos días.
Lamentablemente no ha habido en Chile una discusión ética y legalmente fundada sobre las condiciones y límites de la clemencia en este tipo de casos. Y por ende, los actores políticos se han visto imposibilitados de generar medidas sostenibles a largo plazo.
Urge que la sociedad chilena, a través de las instancias políticas y sus gobernantes,  posibiliten, tanto la extensión de beneficios carcelarios en casos calificados, como la legítima exigencia de recintos carcelarios a la altura de estándares y tratados internacionales para la totalidad de la población penal del país.
Roberto Hernández Maturana.

martes, septiembre 20, 2016

LOS DESCONTENTOS Y JOSÉ ANTONIO KAST.


Por largo tiempo decir la verdad y defender lo sucedido en nuestro país en los últimos tiempos ha resultado “políticamente correcto” y ha dado grandes dividendos a quienes han seguido este derrotero por el cual entre otras cosas se instaló hipócritamente, en un gran porcentaje del consciente colectivo nacional e internacional, una interpretación desfigurada del acontecer político nacional.
La historia más justa y más paciente que los hombres, ha esperado a que se cumpla la máxima de que “no se puede engañar a todos… todo el tiempo”. Es así como, poco a poco se nos han ido sumando personas valientes y honestas que  se atreven a sustentar la verdad de los hechos tal cual ocurrieron y a defender a los militares en cualquier tribuna y a cualquier precio. Tal es el caso del diputado José Antonio Kast quien en estos días dio en los medios de comunicación social una dura batalla en favor de los presos políticos militares que se encuentran injustamente privados de libertad en el penal de Punta Peuco.
El diputado Kast renuncio a la UDI e inicio una carrera presidencial independiente con lo cual se desmarco de lo que ha sido malamente entendido como políticamente correcto y con la bandera de la honestidad ha iniciado una cruzada nada de fácil… desafiar las estructuras políticas y restablecer la actitud de “hombre de estado” en la vida pública nacional… gran esperanza para las futuras generaciones.
Los civiles y militares desencantados que nos hemos ido reuniendo en este “gran zumbido” de descontento y de esperanza por el futuro de nuestro país, nos sentimos interpretados por el diputado Kast y esperamos en el futuro verlo actuar con la misma valentía y decisión, con lo cual no solo le será más fácil reunir las firmas que lo transformarán en un legítimo candidato independiente a la presidencia de la  república sino que, con nuestro apoyo y el de la familia militar, le  permitirán ser una real opción para ocupar el sillón de la Moneda y desde allí construir un futuro de progreso y de pacificación nacional para todos los chilenos.
El Zumbido.

viernes, septiembre 16, 2016

EL AVISPERO DEL POPULISMO.



Esta frase, tomada de las declaraciones de un economista entrevistado por un periódico de Santiago, muestra muy a las claras el auténtico zapato chino en el que Chile se ha metido, fruto de una demagogia irresponsable que con tal de ganar unos votos ahora, es capaz de torpedear una y otra vez la línea de flotación de este país.
En efecto, cual Caja de Pandora, los monstruos que ya han salido y tal como están las cosas podrían salir en el futuro de esta peligrosa técnica electoral, pueden ser la ruina de un país. Es por eso que no debe dejar de insistirse en la profunda irresponsabilidad –rayana en la mala fe– de persistir por este camino.
El populismo es como la violencia: se sabe dónde comienza, pero no dónde termina. De ahí que cual círculo, o mejor, espiral viciosa, va envenenando un país, al incitar el descontento por lo que sea y a la vez, ilusionar con promesas irrealizables, que una vez incumplidas, incrementan el descontento y hacen que la fiebre populista crezca y se haga cada vez más quimérica.
Además, un país que emprende este camino tiene cada vez mayores problemas de convivencia, divisiones más profundas, resentimientos más exacerbados. Por eso es un avispero: porque las avispas, incitadas por quien las despertó, se ponen cada vez más furiosas, lo cual es lo mismo que ocurre con el electorado enfervorizado por este fenómeno.
Pero la realidad es más fuerte, como siempre, y de seguir este camino, más temprano que tarde cualquier sistema colapsa, sencillamente porque las necesidades son infinitas (más aún con el populismo) y los recursos, pocos, inevitablemente pocos. Y como los que más obtienen son los que más presionan, los que más gritan (la “gritocracia” de la cual hablábamos hace poco), se produce una verdadera guerra, una auténtica rapiña por los recursos existentes entre los diferentes sectores en pugna, lo cual va dejando la gran mayoría de las verdaderas necesidades postergadas, o en caso de tomarse como bandera de lucha una necesidad realmente importante, acaba dejando un pozo de frustración, dadas las alocadas e irrealizables propuestas que se esgrimen para solucionarla.
El problema es que para salir de esta espiral, todos debemos contribuir y tener una visión de país que vaya más allá de las metas inmediatas a fuer de mezquinas en muchos casos. Esto significa, entre otras cosas, que la clase política no debe caer en la tentación de ser un títere de “la calle”, como se dice, y los grupos de presión dejar de pensar sólo en sus intereses; y obviamente, luchar para que estos dos factores no se potencien mutuamente, pues siempre ambos querrán tener la última palabra.
¿Seremos capaces de calmar este avispero del populismo?
Max Silva Abbott.

miércoles, septiembre 14, 2016

LA RESPONSABILIDAD DE BACHELET.

Por desgracia, la Presidenta Bachelet pasaría a la historia -hasta el momento- con un muy mal registro, donde podemos destacar a lo menos cuatro cosas: el estancamiento del país, polarización social, un gobierno retro y un falso programa.

La campaña presidencial ya se encuentra desatada al interior de la coalición oficialista. El ex Presidente Ricardo Lagos anunció su interés por competir y rápidamente se sumaron a la carrera presidencial Isabel Allende, Alejandro Guillier y José Miguel Insulza, nombres que ya sonaban. También Ignacio Walker ha expresado su disponibilidad por participar en representación de la Democracia Cristiana. En la oposición, el liderazgo presidencial de Sebastián Piñera toma distancia superando por varios puntos a cualquier candidato oficialista, aunque hay otras figuras que han manifestado su disponibilidad para asumir el importante desafío.
Es evidente que la agenda política nacional estará dominada por los comicios municipales de octubre de este año y la elección presidencial de 2017. Del gobierno de Michelle Bachelet pocas personas quieren hablar: la ciudadanía desconfía de la Presidenta de la República y de su equipo; sus reformas son amplia y transversalmente rechazadas; hoy por hoy nos enteramos de que el sacrosanto programa de gobierno ni siquiera había sido leído por sus propios senadores, y ningún ministro del gabinete destaca lo suficiente -en términos positivos- como para liderar la próxima contienda electoral.
Sin duda, este es un panorama que nadie se esperaba cuando la Presidenta Bachelet asumió el mando de la nación en marzo de 2014 o cuando aterrizó en nuestro país desde Nueva York para asumir su candidatura presidencial el 2013.
Frente a esto, algunos simplemente dan por caducado al gobierno y ven fuera de juego a la Mandataria. No creo que esa sea la posición correcta. Todos conocemos la impresionante capacidad de la izquierda para renacer de las cenizas. Sin ir más lejos, en medio de la administración de Ricardo Lagos no pocos creían que iba a ser incapaz de concluir su mandato en medio de las denuncias de casos de corrupción y sobresueldos a figuras del gabinete, pero el ex gobernante terminó su período enamorando con altas cifras de aprobación ciudadana y, podríamos agregar, un respeto generalizado, que se ha ido horadando en los últimos años por las críticas sistemáticas de la izquierda más extrema contra su figura y significado político.
Por eso es importante pensar sobre cuál será el legado histórico de la Presidenta Bachelet. No basta con afirmar que “segundas partes nunca fueron buenas”, puesto que el cine se ha encargado de demostrar lo errada de esta frase, como bien lo saben los fanáticos de “El imperio contraataca” o “El Padrino”, aunque también el séptimo arte nos sirve de ejemplo para “segundas partes malas” (Rambo) e incluso para algunas secuelas “muy malas” (El Exorcista).
Por desgracia, la Presidenta Bachelet pasaría a la historia -hasta el momento- con un muy mal registro, donde podemos destacar a lo menos cuatro cosas:
  1. Estancamiento del país
La Presidenta se verá como la principal responsable de la paralización del progreso económico y social del país. A ello contribuyó especialmente la erosión de las perspectivas económicas y la disminución de los empleos y, como consecuencia, ha afectado la posibilidad de salir de la pobreza, de generar oportunidades y promover la movilidad social de los chilenos.
En la novela Conversación en La Catedral, Mario Vargas Llosa –Premio Nobel de Literatura 2010- pone en boca de uno de sus personajes la interrogante sobre ¿cuándo se jodió el Perú? Es probable que en el caso que en el futuro nos veamos obligados a hacernos esta pregunta, parte de la respuesta la encontremos en estos “años inútiles” en que sorprendentemente fuimos capaces de frenar a la economía más dinámica y próspera de América Latina.
  1. Polarización Social
Ciertamente la administración Bachelet ha contribuido a la polarización de la nación. Desde el momento mismo en que afirmó que el principal problema del país era la desigualdad, la Presidenta ha fomentado o tolerado el ataque sistemático a diversos grupos del país, rompiendo la armonía social que toda República saludable requiere.
Los supuestamente más beneficiados fueron tratados como “poderosos de siempre”, en lo cual la odiosa campaña de la reforma tributaria es ejemplo elocuente; la clase media fue estigmatizada como arribista -porque elegiríamos colegio atendiendo al color del pelo de los alumnos-, o ignorante -solo nos dejaríamos llevar por los nombres en inglés de los establecimientos educacionales-. Por su parte, los más pobres fueron abandonados por políticas de corte “universal”, más obsesionados con financiar a los más ricos que apoyar debidamente a los más pobres, como muestra la educación superior gratuita para todos, que se privilegia frente a desafíos como mejorar las pensiones o terminar con los campamentos.
  1. Gobierno retro
Aun cuando en los discursos el gobierno y muchos de sus partidarios dicen querer alcanzar el grado de desarrollo e integración social del modelo finlandés, en los hechos prefirió un modelo estatista más parecido al modelo de Alemania Oriental, que la Presidenta públicamente declaró admirar. Cada medida de este gobierno ha tenido por finalidad aumentar la intervención del Estado, ya sea en la educación, en la salud o en la previsión social, y están impregnadas de una profunda desconfianza de la labor desarrolla por la iniciativa de las personas y sus agrupaciones.
  1. Falso programa
Por último, el gobierno será recordado por un programa que se vendió como una ilusión a la ciudadanía y que al poco andar se demostró falso. Se prometió gratuidad en educación superior y ésta solo fue para unos pocos -ahora sabemos que la injusta gratuidad universal solo podrá ser alcanzada el 2076-; se prometieron 60 hospitales y llevan construidos solamente dos; se afirmó que habría “más y mejores empleos” y hoy hay menos y son de peor calidad. Así suma y sigue.
En un país presidencialista como el nuestro, la tentación de culpar a los ministros para exonerar de responsabilidad al Jefe de Estado está siempre presente, pero durante este gobierno ha sido tan evidente que la responsabilidad recae en la primera mandataria que no es necesario realizar tal distinción. Nos gustaría que este no fuera el final de la historia y que se revirtieran muchas de las malas decisiones, aunque esto se ve cada día más difícil.

Julio Isamit, Coordinador General Republicanos.