lunes, julio 21, 2014

ESTE POBRE PAÍS DESMEMORIADO.


La verdad no deja tranquilo a este pobre país desmemoriado. Porque los extremistas de siempre (usted, yo y todos sabemos de dónde provienen) tuvieron que repetir su “hazaña” de poner una bomba en el metro, con tan mala suerte para su imagen que lo hicieron en los justos días en que se cumplía otro aniversario de su anterior bomba en el metro, en 1986, cuando el brazo armado comunista FPMR ponía explosivos en todas partes, y entre ellas ésa, que dio muerte a un pacífico pasajero.

          La coincidencia es desafortunada para la izquierda porque justamente en 1986 la actual Presidenta convivía con el vocero del FPMR que colocaba las bombas, Alex Voijcovich. Posteriormente no pocos frentistas convocaban a conferencias de prensa clandestinas, en las cuales comparecían encapuchados, asegurando que la conviviente de Voijcovich era una activa militante del Frente, donde se la conocía por su alias de “Claudia”.

          Como el país durante todos los años de gobiernos de centroizquierda se ha dedicado a ocultar la verdad y a perseguir y denostar a los militares que debieron combatir al terrorismo que colocaba bombas como las del metro, atentados como el de 1986 han sido cuidadosamente escondidos de la memoria colectiva y, por el contrario, el gobierno de Sebastián Piñera se esmeró en reforzar las mentiras históricas de la izquierda (crítica a los “cómplices pasivos”) y triplicó el número de querellas contra los uniformados que combatieron el terrorismo perpetrado por ella.

          Pero la historia discurre al margen de los intereses políticos y no se cuida de esconder lo que la corriente políticamente correcta desea mantener oculto. De modo que se ha conmemorado el aniversario del ferrocarril de Santiago a Valparaíso, que cumple su sesquicentenario, lo cual ha dado lugar a que también se recuerde la fecha, 1986, precisamente, en que debió ser interrumpido ese servicio de trenes, no sólo por su inviabilidad económica sino ante el atroz atentado que perpetró la extrema izquierda terrorista y que destruyó el puente Queronque, en la V Región, atentado que frecuentemente se le recuerda a ese ex prohombre concertacionista, ex ministro y ex senador, Carlos Ominami, a la sazón integrante del MIR, que se atribuyó el atentado.

Pues a raíz del mismo, que destruyó la doble vía ferroviaria en el lugar, se provocó después un choque frontal de trenes constitutivo de la catástrofe ferroviaria más luctuosa de la historia del país, que provocó 54 muertes y centenares de heridos.

          Como Chile ha vivido dedicado a perdonar y hasta a homenajear a terroristas autores de atentados como ésos (cerca de un millar fueron indultados, conmutados y amnistiados --sí, amnistiados de acuerdo al muy vituperado Decreto Ley de Amnistía de 1978--, al tiempo que se persigue inmisericorde e ilegalmente a los agentes de seguridad que lucharon contra los terroristas). Hay más de sesenta de aquéllos cumpliendo condena en un penal hacinado, donde ya cinco han muerto. Piñera cerró el otro en que algunos vivían pasablemente y sin hacinamiento las consecuencias de la prevaricación judicial.

Entonces ahora se trata de olvidar todo lo que inculpe a la izquierda y exculpe a las fuerzas de orden. Y la justicia de izquierda prepara un “catastro de los procesos sobre derechos humanos”, que si se dijera la verdad tal como es debería ser denominado “catastro de la Prevaricación Judicial”; pero esta iniciativa, por razones que no quedan claras en los comunicados oficiales de la Corte Suprema, ha dividido al Pleno de ésta y ha conducido a que renuncie a presidir dicho “catastro” el presidente del más alto tribunal (alto por jerarquía, no por su respeto a la Constitución y las leyes). Al parecer, hay corrientes internas que no comparten su iniciativa.

          Pero, como la verdad puede ser oficialmente ocultada pero no por eso deja de existir, en estos días se promueve la edición masiva, para poner al alcance del mayor número de chilenos, de un extracto del libro más importante publicado en 2013, “Procesos sobre Violación de Derechos Humanos: Inconstitucionalidades, Arbitrariedades e Ilegalidades”, del abogado Adolfo Paúl Latorre, que es una descarnada denuncia de los atropellos que la justicia de izquierda ha cometido y sigue cometiendo contra quienes estuvieron en la primera línea del combate al FPMR de la bomba en el metro, al MIR de la catástrofe de Queronque y a los “compañeros de tropa” cubanos que intentaron por la fuerza del terrorismo y las armas instalar un gobierno totalitario en Chile.

          La mayoría de este pobre país desmemoriado no tiene idea de lo que realmente sucedió y aplaude la persecución a quienes lo salvaron, tras haber llevado al poder a los victimarios devenidos “víctimas”, totalitarios travestidos de demócratas y agresores recalificados de agredidos y generosamente indemnizados por los jueces de izquierda.

          De todo lo cual dejo constancia hoy, una vez más, en la triste certeza de que la gran mayoría perseverará en su ignorancia histórica y consumará los disparates que el gobierno presidido por la otrora “Claudia” le propone y se ha empeñado en consagrar, para así reeditar el fracaso que tomó 17 años superar.

Hermógenes Pérez de Arce.

domingo, julio 20, 2014

RAÚL CASTRO Y VLADIMIR PUTIN O EL ROMANCE IMPOSIBLE.


Vladimir Putin aclaró tajantemente que su país no pensaba reabrir las operaciones de inteligencia electrónica de la base Lourdes cercana a La Habana. Eso era lo predecible. Meterse de nuevo en la cama con los Castro no tenía sentido. No debe olvidarse que Putin llegó al poder de la mano de Boris Yeltsin para que completara el entierro del comunismo, no para revivirlo.
Las instalaciones de espionaje creadas en Cuba en 1964 fueron abruptamente clausuradas en octubre del 2001 por órdenes del propio Putin. Esa acción no se la perdonaron Fidel Castro ni los viejos kagebistas nostálgicos del comunismo, como su exjefe el general Nikolai Leonov, quien así lo manifestó en una entrevista concedida hace algunos años a los medios rusos.
En agosto de 1991 el KGB urdió un golpe político-militar para liquidar a Mijail Gorbachev y su política de reformas. A las 24 horas de iniciado el movimiento subversivo, Vladimir Putin, teniente coronel del KGB, renunció a su cargo y se situó junto a Boris Yeltsin, el hombre que hizo abortar el coup d´etat.
Aunque Putin no tenía mucha importancia dentro de la inteligencia, sus excompañeros lo vieron como un traidor, pero en el bando de Yeltsin lo aceptaron como un buen aporte a la Rusia que huía de su pasado bolchevique.
Casi una década más tarde, el 31 de diciembre de 1999, Yeltsin, enfermo y alcoholizado, renunciaría a la presidencia del país dejando a su discípulo Vladimir Putin al frente de la Federación Rusa con la secreta tarea de que le cuidara las espaldas y lo defendiera de las (fundadas) acusaciones de corrupción.
Juntos, con perdón, habían armado la de Dios es Cristo. Enterraron la URSS, disolvieron el Partido Comunista, privatizaron con amiguetes el aparato productivo, renunciaron al colectivismo y a la planificación centralizada, y transformaron los servicios de inteligencia.
Yeltsin y Putin sabían que Fidel Castro era un estalinista irredento. Y lo sabían, porque al desertar el embajador (interino) cubano en Moscú, Jesús Renzolí, quien escapó vía Finlandia con la ayuda del diplomático costarricense Plutarco Hernández, reveló que algunas de las conversaciones conspirativas para restituir la dictadura marxista-leninista en la URSS se habían llevado a cabo en la embajada cubana en Moscú.
No obstante, la base de Lourdes permaneció abierta durante la década en que gobernó Yeltsin. Pero Putin, a poco de asumir el poder, la cerró, y lo hizo tan sorpresivamente que Fidel y Raúl Castro se enteraron por la prensa de la decisión del nuevo líder ruso, propinando un durísimo golpe a la vanidad de ambos personajes.
Sin embargo, la desilusión mayor fue la de Raúl Castro. De los dos hermanos, era él quien siempre había admirado más a Rusia, al extremo de llenar su antedespacho de fotos de mariscales y líderes militares soviéticos. Incluso, llegó a declarar, en el juicio-pantomima que organizaron para asesinar al general Arnaldo Ochoa y otros tres oficiales, que él, Raúl, era, en realidad, “un ruso del Caribe”.
En definitiva, ¿qué buscan Raúl Castro y Vladimir Putin en esta etapa de las relaciones entre ambos países?
El cubano busca armas para renovar su herrumbroso arsenal de los años ochenta, plantas eléctricas, una línea de crédito e inversiones en las elusivas prospecciones petroleras. Ofrece como garantía los petrodólares venezolanos —su permanente fuente de financiamiento—, pues nada tiene para exportar a Rusia, incluidos los médicos cubanos, innecesarios y muy poco respetados en ese país.
El ruso, por su parte, anda a la captura de mercados para sus cachivaches, especialmente armas, para lo cual –y ésta es una reflexión del sagaz político boliviano Sánchez Berzaín– le conviene arreglar cuentas con Raúl Castro, porque se trata del godfather de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, y mantiene unas magníficas relaciones con Argentina, Brasil y Uruguay. Aunque pobre, desorientado y andrajoso, Raúl paradójicamente es el director del circo y el domador de los enanos.
Hace muchos años, cuando conocí a Boris Yeltsin, le escuché expresar su temor a que el KGB le paralizara el corazón con unas ondas de radio que producían fibrilaciones. Yeltsin no quería nada a Castro.
Ignoro si Vladimir Putin ha controlado a sus excompañeros o si cree que ya pasó el peligro. Tampoco sé lo que realmente piensa de los dos hermanos Castro, pero intuyo que no es nada bueno. Fue en Moscú, en esa época, cuando escuché una expresión llena de desprecio hacia Cuba y el comunismo tercermundista: “mendicidad revolucionaria”. Putin no quiere saber de eso nunca más.

Carlos Alberto Montaner.

P.D. : Después de esto, Putín decidió reabrir una base de espionaje en Cuba, a pesar que había negado la posibilidad de hacerlo. Leer aquí :
http://bit.ly/1n6J2fp

sábado, julio 19, 2014

LA DERECHA GALLINA.


Era una gran oportunidad, y la derecha había tenido pocas en el último tiempo. La reforma tributaria no tenía apoyo ciudadano y había despertado, además, el interés de las personas en temas áridos que por lo general no entienden y que, con absoluta falta de astucia, la derecha solía utilizar como ‘argumentos’. El efecto eventual de un aumento de impuestos en el crecimiento, la importancia de la existencia de incentivos para el ahorro y la inversión, en fin… era una gran oportunidad, la oportunidad para la derecha de tener una victoria cultural.
Desperdició, no obstante, la ocasión; y concurrió con su firma (de manera entusiasta) a un protocolo de acuerdo que, a lo sumo, aminorará el daño a la economía que habría producido la reforma tributaria en su versión original, pero que no dejará por eso de ser mala. Avaló, en definitiva, una reforma que pone a Chile por sobre el promedio OCDE en materia de tasas impositivas, sin considerar que el país no tiene ni trabajadores, ni ingresos, ni productividad, ni educación OCDE, como le oí decir a alguien.
El tema, sin embargo, no es la reforma tributaria sino la ceguera de la derecha. Su incapacidad para darse de cuenta de que, bajo ningún punto de vista, podía presentarse como coautora de un proyecto, aun cuando hubiera logrado realizar cambios significativos en ella. El precio de “la foto” fue (aunque sus líderes no se den cuenta todavía de ello) demasiado alto. ¿O algún ingenuo cree que, después de esa puesta en escena, podrá la derecha decir que cree en el crecimiento como el motor del progreso, y no en el aumento significativo de impuestos? ¿O que estará en posición de explicar, aunque solo sea en parte, una merma en el crecimiento a propósito de esa iniciativa del Gobierno?
Era una gran oportunidad. La oportunidad de que la derecha instalara, por ejemplo, el concepto de “contribuyente”, a fin de que el ciudadano promedio comprendiera que tiene derecho a exigir, de parte de quienes administran recursos fiscales, una rendición seria de cuentas. Porque hasta ahora, cuando un funcionario se equivoca o abiertamente roba, el que termina pagando los costos es el Estado, pero nadie parece entender que el dinero del Estado es el dinero de los “contribuyentes”, o sea, de los trabajadores del país.
Era la oportunidad, también, para que la derecha trajera a colación la costumbre de los Gobiernos de pagar favores poniendo a operadores políticos en cargos donde pueden cobrar altas “comisiones” por la administración de recursos ajenos. Pequeños o grandes recortes que, en último término, desvían recursos de los chilenos para fines ajenos al bien común, y que no justifican la confianza que éste tiene en el Estado, como espacio libre de corrupción (confianza que, por cierto, la izquierda se ha preocupado de promover, precisamente porque lucra de ella).
La derecha podría también (debería, en realidad) haber defendido a muerte la idea de que ser rico y tener una empresa es un mérito, y no algo que deba ser penalizado por la vía de los tributos, como si producir riqueza fuera algo así como generar emisiones de CO2. La derecha renunció, una vez más, a decir que las fortunas mal habidas deben tener pena de cárcel, porque las prácticas que las hicieron posibles no se reparan con impuestos (impuestos que, por lo demás, pagamos todos). Porque la colusión, el uso de información privilegiada y las prácticas contra la libre competencia, afectan la fe pública, y los defensores teóricos del libre mercado deberían ser los primeros en levantar el dedo acusador en casos como esos, para poder después cuestionar reformas como la tributaria con algo de autoridad moral.
Era una gran oportunidad, una oportunidad única. Por primera vez, desde hace ya mucho tiempo, la pelota estaba en el área de la derecha. ¿Y qué pasó? Su tradicional espíritu de fronda, su defensa de intereses corporativos, sobrepasó los ideales que tiene cuando no hay costos sociales o económicos que pagar. ¡Cobardes!
Teresa Marinovic.

viernes, julio 18, 2014

LAS IZQUIERDAS SE COMBATEN.


El primer muerto por violencia política y violaciones a los derechos humanos durante la Unidad Popular fue un mirista, Arnoldo Ríos, quien falleció el 3 de diciembre de 1970, a consecuencia de una balacera entre comunistas y el MIR, en la Universidad de Concepción.
Vaya comienzo.
Casi 45 años después, una de las izquierdas extremas del país, la representada por Enríquez-Ominami, vuelve a desafiar a los comunistas. El gen MIR-Enríquez se ha hecho presente en el ex candidato presidencial.
¿Cómo? El díscolo Marco le ha pedido a los comunistas que sean más audaces, que “empujen los límites” en las reformas impulsadas por el gobierno Bachelet. Seguramente las otras izquierdas asistémicas o pseudosistémicas comparten esa sugerencia. Autónomos, anarquistas, revolucionariodemocráticos, probablemente consideran que el PC se está comportando de modo aburguesado y formalista.
La respuesta comunista ha sido, como siempre, perfecta: Teillier calificó el progresismo de Marco como “un progresismo inocuo, poco constructivo y con pocas expectativas de ser contribuyente a un programa de cambios profundos en el país, que menospreció la adhesión a un programa, que es lo que efectivamente puede facilitar que fuerzas diversas se junten para producir esos cambios”.
Ahí están las claves: Los comunistas construyen lentamente (destruyendo, por cierto); su mirada es de cambios a largo plazo (por ahora); vinculan sus afanes a textos consensuados (mientras no son hegemónicos); y se suman a toda fuerza que los acoja (para desecharlas una vez en el poder).
Edgardo Boeninger escribió poco antes de morir en el 2009: “La Alianza por Chile será minoría en el parlamento ante una mayoría opositora de sesgo confrontacional, al menos en su ala izquierda, y con mayor razón si esta es empujada a posiciones más radicales por la posible llegada al Congreso Nacional de algunos diputados comunistas”.
Llegaron tres el 2010; y ahora tienen seis. Y tienen la ministra del Sernam; e influyen decisivamente en las coordenadas de la reforma educacional; y priman en la CUT y en el Colegio de profesores; y se han molestado públicamente por el acuerdo tributario, por lo que todos sus socios tiemblan.
Las izquierdas extremas carecen de la paciencia y del rigor comunista. Su único mérito está en obligar al PC a ratificar públicamente su esquema de revolución programada (tan leninista o gramsciano según los casos y, a su vez, tan contrario a Marx).
A ver si nos damos cuenta.

Gonzalo Rojas Sánchez.

jueves, julio 17, 2014

LA SANA LUCHA POR LA DESIGÜALDAD.


Comienzo por una anécdota. Me la relató la protagonista, una excelente médico cubana, especialista en implantes cocleares encaminados a devolverles la facultad de oír a niños sordos.
Hace unos cuantos años, al volver de las vacaciones, la esperaba el moralizante comité del Partido Comunista del hospital donde trabajaba. Se proponían reprenderla. Ella no sabía por qué. Pronto lo supo. Era culpable de una conducta impropia del socialismo: se había creado fama de ser la mejor cirujana en su especialidad. Se había destacado. ¿Existía alguna prueba? Por supuesto: sus pacientes prefirieron esperarla y durante su ausencia se negaron a ponerse en las manos de otros médicos.
La acusada escuchó pacientemente la regañina. Le explicaron que la revolución preconiza el trabajo en equipo y es refractaria al éxito egoísta de los individuos, práctica que aparentemente pertenece al ámbito del capitalismo despreciable.
La doctora replicó que nada había hecho para seducir a sus pacientes, salvo ser buen médico, pero secretamente tomó la decisión de escapar de un país dispuesto a castigar la excelencia en nombre del igualitarismo revolucionario. Desde hace unos años ejerce su profesión muy exitosamente en Miami.
Relato esta historia porque hoy, mientras los gobiernos, los partidos políticos y numerosos pensadores, colectivistas y no colectivistas, se preocupan por reducir la desigualdad, satanizan el lucro y esgrimen como bandera el Índice Gini, con el que suelen azotar a quienes se han enriquecido, los individuos, por la otra punta del análisis, luchan por descollar y acentuar las diferencias sociales.
Tienen razón los individuos. Tratar de sobresalir, intentar destacarse, luchar por ser mejores que los demás, diferentes a ellos, incluso más ricos, forma parte de la naturaleza humana y a todos nos conviene que así sea. Reprimir ese impulso, condenarlo moralmente e intentar igualar a los individuos es el camino más corto al fracaso general.
Más aún: como sabe cualquiera que haya observado con cierto cuidado el comportamiento de las personas normales, eso es lo común, lo sano, lo que nos impulsa todos los días a trabajar y a vivir. Sin ese estímulo íntimo, rabiosamente individualista, se genera el aniquilamiento del yo, diluido en medio de una pastosa marea de seres más cercanos al enjambre de abejas idénticas que a la especie competitiva, alerta y desigual a la que pertenecemos.
La autoestima, tan importante para el equilibrio emocional, depende de eso. Quienes están satisfechos consigo mismo poseen más posibilidades de ser felices y de crear riqueza para ellos y para beneficio del entorno en el que viven. Por el contrario, la sensación de mediocridad, y más aún de una cierta inferioridad relativa, suele abatir a quienes la sufren.
Cuando la depresión no tiene una causa fisiológica –un desequilibro hormonal o químico– el origen hay que buscarlo en el terreno oscuro de una autopercepción negativa. Son esas personas que no pueden o quieren levantarse de la cama a luchar porque su ego ha sido aplastado, y ni siquiera entienden qué les ha sucedido, más allá del malestar que las agobia.
Se equivocan los gobiernos, los partidos políticos y las instituciones religiosas en tratar de demonizar y penalizar la desigualdad. ¿Qué hacemos, intuitivamente, con quienes se destacan? En general, los admiramos. Los declaramos héroes y, si se tercia, los enriquecemos con nuestras preferencias. Puede ser un guerrero valiente, un artista excepcional, un deportista triunfador. Puede ser una persona dedicada a la filantropía, como la Madre Teresa, o a la creación de empresas, como Steve Jobs.
El héroe es alguien extremadamente desigual que ha realizado una hazaña poco común y eso lo convierte en un modelo ideal de comportamiento. A nadie le molesta (o debiera molestarle) que en procura de su singularidad el héroe llegue a convertirse en una persona muy rica, infinitamente más que la media, como sucedió con Picasso, con Bill Gates, con el tenista Rafa Nadal, con la cantante Beyoncé y con los miles de triunfadores que en el mundo son y han sido.
La palabra logro viene de lucro. La creación de riqueza, cuando ha sido ganada limpiamente, es una forma de merecido reconocimiento. El lucro no es un pecado, ni el logro debe ser un delito o un comportamiento censurable. Quien se destaca y triunfa, por el contrario, merece nuestra admiración, nunca nuestro desprecio.

Carlos Alberto Montaner.

miércoles, julio 16, 2014

CUMBRE EN EL CERRO ÑIELOL.


"En sus relaciones las gentes hacen como la luna y los jorobados. que nunca nos presentan más que una sola fase y una sola cara”.
                                                      
         Una “cumbre en el cerro Ñielol”, uno podría pensar que por fin se han reunido más de un millón de mapuches para organizar una especie de machitún destinado a obtener todos aquellos beneficios que determinados grupos de indígenas pretenden de nuestro Estado.

         Lo cierto es que alguien que se autodenomina el mandamás de todas las tribus originarias de nuestro país ha concebido este acto en la cumbre de un cerro temucano esperanzado de obtener que el Gobierno otorgue a los  mapuches la condición de ser habitantes de su propio país, separado por completo del nuestro, como si nosotros nunca hubiésemos existido en su historia.

         Resulta que de acuerdo con lo señalado por el insigne historiador Francisco Encina, cuando llegaron los españoles, Chile era un territorio habitado por ocho millones de indígenas, entre ellos los mapuches, pero que transcurridos los trescientos años de guerra con el Arauco, ellos doblaron la cerviz y claudicaron en sus intentos de soberanía, al igual como lo hicieron en forma posterior en el territorio vecino de Argentina.

         Por tanto, los mapuches habitan tierra que fue ganada por los españoles y es hoy por derecho tan propia como todas que fueron demarcadas como dentro del mapa de Chile.

         Pretender hoy un Estado Mapuche es una soberana ingenuidad por parte de quienes han entendido por casi quinientos años de dominación española que eran parte de esos reinos, hoy de Chile, para todos los chilenos, incluidos los mapuches, aymaras y huilliches, porque todos ellos son chilenos. Reconocer este sitio debería ser el motivo principal de esa mal llamada Cumbre de Ñielol, porque es fundamental que de todos modos se homogenice la raza chilena y vivamos todos conformes a nuestro destino.

         Pretender, ahora, que el pasado vuelva atrás es como pedir que cada segundo que hemos vivido pueda volver a repetirse, y todos sabemos que eso es imposible.

         Chile es una nación libre y próspera y medio milenio de trabajos de inmigrantes y nacidos en nuestra tierra han hecho de nuestro país lo que hoy tenemos para ofrecerle al mundo como un oasis de paz y de trabajo, lo que muy pocos pueblos del mundo pueden ofrecer al resto del universo.

ALEXIS.

martes, julio 15, 2014

¿Y LA LEY ANTITERRORISTA?


Una bomba explotó en un vagón del Metro, causando daños al carro y la Estación Los Dominicos.

El hecho ocurrió cuando el conductor, al terminar su recorrido, cerca de la medianoche del domingo (13) realizaba la inspección habitual del tren. El funcionario encontró bajo los asientos, una mochila que ocultaba un extintor. Y cuando se aguardaba la llegada del personal especializado de Carabineros, el artefacto explotó sin dejar heridos.

Este atentado recuerda el de 1986 (junio 16), cuando una bomba explotó en un vagón del Metro en la Estación Tobalaba. Allí murió un pasajero y otros siete recibieron serias heridas. Ese mismo día, otra bomba hacía explosión en la Estación Los Héroes, sin heridos ni muertos. Todo eso en la estrategia del "año decisivo"  la que culminaría en septiembre (7) con el intento de magnicidio del Presidente de la República, general Augusto Pinochet.

El artefacto depositado este domingo 13 en el carro del Metro tiene las mismas características de otros, utilizados en los innumerables ataques perpetrados por grupos anarquistas: un extintor con pólvora negra y metralla en su interior.

El ministro del Interior Rodrigo Peñailillo, aseguró que el Gobierno no descarta aplicar la Ley Antiterrorista" puesto que a su juicio, se trataría de un hecho "de la máxima gravedad" señalando que "nosotros ya hemos presentado las acciones legales que corresponden"

Curioso. Porque, hace unos meses, un abogado de la Intendencia Metropolitana fue exonerado de sus funciones porque se negó a recalificar el delito donde en su momento se había invocado la Ley Antiterrorista, en el atentado del 8 de febrero de 2013 contra el retén de Carabineros de Las Vizcachas. En ese caso Víctor Montoya, permaneció preso 14 meses, al ser imputado como uno de los presuntos autores. Sin embargo, el tribunal lo absolvió, condenando (eso si), al funcionario policial herido ¡a pagar las costas correspondientes! en una decisión increíble la cual tuvo, por cierto, precedentes. En efecto, otra resolución ultragarantista, condenó a una parroquia de la Iglesia Católica y a una cadena hotelera dañados por un bombazo, a pagar las costas procesales ( $ 500.000.000). El tribunal excluyó pruebas y aplicó una norma en la cual se impedía apelar a tal decisión, resultando de esta manera las víctimas castigadas por la justicia, evidenciando el sesgo de los jueces en este tipo de situaciones.

De manera tal que los seis acusados en aquella ocasión, quedaron en libertad e indemnizados, porque la Fiscalía no logró, en semejantes condiciones, aportar otras pruebas de su responsabilidad.

Otro hecho de este mismo calibre, fue el protagonizado, entre otros, por Mónica Caballero y Francisco Solar, quienes desde noviembre de 2013 están encarcelados en España - y sin derecho a fianza -, acusados de instalar una bomba en la Basílica del Pilar de Zaragoza (octubre, 2 de 2013).

Ambos salieron de Chile, luego del llamado "caso bombas" donde el Tribunal de Garantía, los absolvió ordenando su indemnización, luego que la Fiscalía no pudiera entregar pruebas creíbles para estos jueces. Caballero y Solar recibieron cien y ochenta millones de pesos, respectivamente, como "reparación" y partieron a España. Allá están: presos.

De manera tal que difícilmente, algún ciudadano osará querellarse, porque los jueces ultragarantistas, podrían fallar en su contra y obligarlos, no solo a soportar el trauma, las heridas, perjuicios o daños, sino además verse en obligados a pagar alguna indemnización, llegada tal  circunstancia.

Es altamente improbable, además que el actual gobierno presente "la acción que corresponde" invocando la Ley Antiterrorista. Porque Chile no es igual a España en el trato a quienes cometen estos delitos: allá la Fiscalía tiene los plazos que se necesitan para allegar las pruebas pertinentes y los jueces usualmente aplican el máximo rigor, no obstante que la justicia europea posteriormente los obligue (caso de los ETA así perdonados) a actuar en contra de su conciencia.

En consecuencia, en este atentado no habrá justicia y mejor no menearlo. No sea cosa que el conductor del tren resulte obligado a pagar los destrozos en el tren que condujo el domingo.       

DespiertaChile.