viernes, abril 24, 2015

ASESORÍAS VERBALES, "TIPS" Y OTRAS YERBAS.


No solo de asesorías escritas e imaginarias, redacciones de papers, investigaciones, declamaciones públicas y evacuaciones de informes viven los señores políticos, también se dedican a las asesorías verbales y “tips”. A esto se le llama innovación.

Por ejemplo, algunos tipos de asesorías verbales pueden ser: “Tengo una suegra presidente” o “tengo un papá senador”. Y un “tips” podría ser “dile que vas de mi parte”.Lean: http://ellibero.cl/actualidad/ministerio-publico-designa-a-fiscal-para-investigar-otro-negocio-de-caval-por-170-millones-en-asesorias-a-hospitales-publicos/

Caval es un ejemplo de empresa asesora multifuncional. Le hacen a la inversión inmobiliaria, asesoran empresas cerveceras, hacen de interlocutores válidos entre “lo público y lo privado”, entregan “tips” a empresas hospitalarias y un cuanto hay. Como diría el casero de la feria “le tenemos de todo casera”.

Pencailillo también asesora. En su caso, sobre “en lo que es el mercado laboral”, aunque jamás en su vida ha trabajado ni ha contratado a un trabajador. Pencailillo es un crack, le hace a todo el cabro, por eso la Claudia lo puso de ministro.

Ya lo sabemos, en Chile todo el mundo asesora. Aquí en mi casa no es distinto, la patrona se la pasa todo el día haciéndome asesorías verbales, las que yo acato de inmediato. Me asesora sobre el lavado de loza, sobre cómo ir a buscar al cabro chico al colegio, sobre la importancia de hacer bien las camas y sobre otras materias tan trascendentales como estas. De vez en cuando, además, me entrega algún “tips”.

Máximo.

jueves, abril 23, 2015

CRISIS EN LA ARAUCANÍA.


Me pregunté mucho cómo iniciar esta columna.  No quería partir diciendo –por enésima vez- “los graves sucesos de La Araucanía…” o “en los últimos días hemos sido testigos nuevamente de hechos graves de violencia en la Novena Región…”.
El problema es que no hay otra forma de hacerlo. Lo de ahora es casi cinematográfico. Desgraciadamente lo que ocurre en esa zona no es una creación artística para entretener al gran público, sino un drama que se recrea y que afecta a miles de chilenos de carne y hueso, indígenas y no indígenas.
Ya no se trata sólo de ocupaciones ilegales de terrenos, o de ataques incendiarios a predios forestales, maquinarias agrícolas o lugares habitados. Tampoco de familias indígenas violentadas en sus hogares o derechos, o que sienten que las oportunidades y la promesa de un mayor bienestar pasan por delante de sus narices. Ni siquiera del hecho -esperable por cierto- que un grupo de agricultores de la zona se haya unido para demandar judicialmente la responsabilidad del Estado por faltar a su obligación legal de preservar la seguridad y el orden público.
Porque hasta hace poco existía la sospecha -sin mayor fundamento- de que los agricultores de la zona se estaban organizando para defender sus familias y bienes. Los recientes hechos de Vilcún –un encuentro cara a cara entre comuneros indígenas que se disponían a ocupar ilegalmente un predio y un grupo de agricultores que se concertaron por Whatsapp para ir a enfrentarlos- confirman que la sospecha era realidad. La conclusión evidente (no es necesario ser brillante para entenderlo) es que ya nadie en La Araucanía confía en que exista una autoridad capaz de asegurar el respeto del Estado de Derecho –partiendo por lo más básico, el orden público y la seguridad- y mucho menos que exista una vía institucional y civilizada de solucionar los conflictos.
Unos de los principios más elementales que nos enseñan a los abogados es que la autotutela –tomarse la justicia por la propia mano- es esencialmente contraria a una sociedad en que prima el Estado de Derecho. Por eso los sucesos de Vilcún nos muestran cuán profundamente deteriorada está la convivencia social en La Araucanía. Es tal vez una señal de los tiempos el que la escaramuza haya terminado con lesionados en todos los frentes.
Por eso me pregunto qué es lo que falta para remover nuestras conciencias. Ya hemos sido testigos de todos los males posibles: discriminación, temor, angustia, violencia, pérdidas materiales incalculables y también de varias muertes. Para algunos, lo de Vilcún -que dicho sea de paso ocurrió muy cerca del predio de los Luchsinger- podrá parecer sólo una riña rural ‘entre privados’,  pero no debemos engañarnos: más que un problema entre privados, los eventos de Vilcún muestran descarnadamente el fracaso -y las culpas- del Estado. Lo de Vilcún es para mí la evidencia más palmaria de que estamos frente a una crisis cuyas consecuencias no estamos siendo capaces de imaginar.
Más de alguien podrá decir, ‘hay asuntos más urgentes’. Está por cierto el doloroso drama del norte de Chile, pero perdón: desde fines de los 90, cuando se destapó lo que algunos medios llaman el ‘conflicto mapuche’, se han sucedido todo tipo de catástrofes naturales, escándalos políticos y crisis de variada naturaleza. Han cambiado gobiernos y coaliciones, parlamentarios han sido reemplazados, hemos tenido autoridades regionales indígenas y no indígenas, y sin embargo, pareciera que cada día estamos peor.
La conclusión más obvia para mí es que la política de tierras requiere un completo rediseño. Después de lo de Vilcún, ¿será necesario convencer a alguien de que el sistema actual es insostenible? Lo que ha ocurrido no hace sino poner de manifiesto que el sistema actual de entrega de tierras genera incentivos  a la violencia, el clientelismo y la corrupción. No debe preocuparnos el que no exista consenso sobre el sistema que lo debe reemplazar; lo que necesitamos ahora con urgencia es convencernos de que no podemos seguir igual.  Entre los muchos ‘mea culpa’ que podríamos hacer, uno de ellos es que hemos postergado esta discusión más allá de lo que indica la prudencia, y estamos pagando el costo -literalmente- con sangre.
Pero además debemos entender -por si a alguien le queda alguna duda- que la solución no pasa por llenar La Araucanía de vehículos blindados y efectivos policiales. Si lo hacemos, tal vez le haremos un gran favor a los que han hecho de la violencia y el delito su modo de expresar disconformidad con el actual estado de cosas. Por supuesto que el gobierno debe redoblar sus esfuerzos para garantizar la paz y la seguridad en la zona. Pero la cuestión de fondo es otra, y tiene que ver con el marco legal que regula las tierras y los incentivos que produce.
Al terminar estas líneas me debato entre la ilusión y el escepticismo. Ya hemos pasado por esto antes, y nada ha cambiado sustancialmente. Están pasando demasiadas cosas allá en el nivel central, y todas son estructurales y urgentes, pero tal vez no todo está perdido. Ojalá que Vilcún se transforme en un símbolo de que La Araucanía no puede esperar más, aunque se esté cayendo a pedazos el mundo.

Blog de Sebastián Donoso.

martes, abril 21, 2015

¿LAS INSTITUCIONES FUNCIONAN?


EL GOBIERNO repite, casi como un mantra, y de manera majadera, la vieja frase de Ricardo Lagos “las instituciones funcionan”. La pregunta es si de verdad funcionan y si podemos esperar que resuelvan los problemas. Por cierto hay instituciones que funcionan, pero también hay muchas que simplemente no lo hacen como debieran. Veamos algunos ejemplos. El Servicio de Impuestos Internos, un lujo y ejemplo de institución, hoy está públicamente cuestionado por todo lo que ha ocurrido, y porque tiene a la cabeza una persona marcadamente ideológica, algo no apropiado para ese tipo de servicio. El sistema de Alta Dirección Pública, literalmente no funciona. El gobierno se permite destituir al 50% de las autoridades así seleccionadas, y las listas se manejan como es de amplio conocimiento. Carabineros está completamente atado de manos para combatir la delincuencia e indefenso frente a los ataques violentos de los manifestantes: encapuchados y delincuentes les han perdido el respeto. La delincuencia escala de forma alarmante y no se ve a las instituciones empoderadas. El Instituto de Derechos Humanos está ideologizado y hasta se permite atacar a Carabineros al punto que su director debe reclamar abiertamente. Una gran cantidad de funcionarios públicos no tienen contratos regulares, y además hacen huelgas ilegales que los gobiernos toleran.  Un embajador se permite hacer declaraciones imprudentes y es mantenido en el cargo.
 La política está en estado grave: 87% de la población está insatisfecha con esta actividad, y de hecho lo relevante está ocurriendo hoy en los tribunales, lo que es muy malo para el sistema judicial. Un fiscal hasta se permite mandar tuits durante los procesos y éstos hacen consignas políticas en sus alegatos porque están en televisión. Las autoridades ambientales funcionan a medias, y las decisiones también se toman en los tribunales. La iglesia está severamente dañada en su credibilidad; hasta los fieles salen a reclamar por el nombramiento de un obispo. El gabinete es ampliamente rechazado por la población. Un alarmante 70% de la población cree que la Presidenta ha mentido en el caso Caval y a un 59% le genera desconfianza.  La violencia en La Araucanía es cotidiana y no hay institución ocupada realmente del problema. Tras una fuerte campaña en su contra, los empresarios también están desprestigiados. Las grandes reformas del gobierno tienen alta desaprobación.
 En relación a los políticos, el tema es aún más grave. Menos del 20% de la población aprueba lo que ocurre en ambas cámaras del Congreso, e igual o peor están las coaliciones políticas. El Congreso aprueba leyes sin estudiarlas a fondo. Nos dicen que el voto será voluntario porque votarán más personas y ocurre exactamente lo contrario. En la última semana, parlamentarios afines al gobierno sinceran que los recursos no alcanzan para lo prometido en educación, cuando hace pocos meses se aprobó la reforma tributaria para tales efecto. ¿No estudiaron acaso el proyecto? La Democracia Cristiana instala un presidente cuestionado éticamente, incluso por sus pares. Militantes le envían carta para que no asuma.
 La corrupción ha pasado a ser la principal preocupación de la población de acuerdo a las encuestas. Es decir, una grave falla sistémica de las instituciones. El transporte público es de mala calidad, y pierde plata a raudales, la población descontenta.  Santiago y otras ciudades se ahogan en contaminación y congestión y no parece haber nadie a cargo del problema. El INE es continuamente cuestionado y sus estadísticas dudadas. La sequía agobia y no se ven iniciativas claras.
 Por si lo anterior fuese poco, la misma institución de la Constitución es cuestionada por un sector relevante de la población.  La Presidenta se hace cargo de rumores sobre su renuncia fortaleciendo el tema, y tiene al gobierno totalmente paralizado. La Onemi nuevamente es cuestionada en la última catástrofe. El Ministerio de Educación tiene un ministro que reconoce públicamente no entender del tema. El ministro de Hacienda carece de credibilidad técnica y no acierta en ningún pronóstico, siendo el mismo una fuente de incertidumbre.
 En la salud, las colas AUGE vuelven a crecer, igual la deuda de los hospitales, y las quejas de la atención pública son crecientes. La educación pública es altamente criticada. La comisión de acreditación en educación tuvo escándalos de corrupción. Cuando Enap perdió U$ 1.000 millones, ni siquiera hubo cambio de directorio. Codelco capturada por los sindicatos. TVN pierde plata como nunca.
 Entonces, ¿funcionan de verdad las instituciones?
Sergio Melnick.

lunes, abril 20, 2015

CONFLICTO EN LA ARAUCANÍA.


La displicencia gubernamental ha llevado a que los afectados tengan que empezar a defenderse.

Ahora que la CAM, a través de la ORT Nagche, se adjudicó el último ataque incendiario en Los Sauces, el actual gobierno ni su intendente pueden seguir negando que esta violencia es y debe ser llamada por su nombre: terrorismo. Creo que ya es momento de definiciones claras y categóricas: o se está del lado de las víctimas y a favor de la paz en la región o, por el contrario, se está de parte de los grupos radicalizados que ya llevan largos años causando estragos y perjuicios, atemorizando a la población y delinquiendo impunemente.
Se llegó a un límite en el cual este gobierno tiene la obligación ética de responderle a la ciudadanía si está con unos o está con los otros, ya que sus constantes ambigüedades y su insólita pasividad le están ocasionando un gravísimo daño a La Araucanía.
Lamentablemente, las consecuencias de esta displicencia gubernamental se pueden corroborar con un detalle que los últimos atentados y tomas ilegales de terrenos han hecho visible: frente a la impunidad con que los grupos radicalizados actúan en los campos de La Araucanía, a los afectados, todos aquellos que ven el fruto de su trabajo y de su esfuerzo quemado en minutos o que son agredidos y amenazados permanentemente, no les ha quedado otra alternativa que empezar a defenderse.
Esto último es la inequívoca señal de que las autoridades y la justicia brillan por su ausencia en las zonas de conflicto. Lo peor de todo es que mientras el gobierno siga dilatando lo inevitable (ponerse los pantalones de una buena vez y frenar a los violentistas), las víctimas tendrán que continuar defendiéndose solas, lo cual puede terminar transformando a La Araucanía en un campo de batalla que, eventualmente, podría llevar las cosas a un muy complejo y doloroso punto de no retorno.
Por lo tanto, y aquí no cabe otra alternativa, es momento de exigirle a las autoridades que restablezcan el Estado de Derecho; de lo contrario, la tan anhelada paz en la región se verá cada día más lejana e inalcanzable.

Alejandro Martini, Movimiento Paz en la Araucanía.
ellibero.cl

domingo, abril 19, 2015

EL TURNO DE PEÑAILILLO.


El reconocimiento del ministro del Interior de que recibió pagos de la empresa de Giorgo Martelli -la misma que está siendo investigada por el caso Soquimich- parece ser la gota que rebasó el vaso que ponga una lápida sobre la incipiente carrera política del joven Peñailillo. Quien fuera considerado el hombre fuerte de Bachelet, vive sus momentos más duros.
Peñailillo ha intentado defenderse. En una declaración, donde se mostró visiblemente nervioso, señaló que como cualquier profesional joven, debía trabajar para ganarse la vida, y que los pagos corresponden a su calidad de ingeniero y magíster de análisis político de la Universidad Complutense -dato innecesario-, por lo cual realizó diversos informes sobre las enseñanzas de la crisis financiera internacional, las políticas económicas y sociales aplicadas y el mercado del trabajo, lo que da cuenta de la variedad de temas donde el ministro es experto. Y todo esto en cuatro meses, un verdadero récord de consultoría.
La cosa huele mal. Primero, porque la empresa contratante no parece tener relación alguna con esos temas. Segundo, porque su dueño (Martelli) se define como un operador político y es un reconocido recaudador de campañas políticas. Al respecto, Peñailillo dijo que su jefe de ese entonces tuvo un rol marginal en la última elección. Pero como todo se sabe, ayer tuvo que confirmar que Martelli fue el que arrendó las oficinas del comando de Bachelet. Entonces, nada cuadra. Ni los pagos, ni los estudios. Al final, todo parece indicar que Asesorías y Negocios SpA, la empresa en cuestión, no era otra cosa que la receptora de fondos de campaña, entre los cuales estarían los de la filial de Soquimich, SQM Salar.
Para la Presidenta se trata de un golpe muy duro. Si por Caval tuvo que dejar caer a su hijo, Sebastián Dávalos, todo indica que por Soquimich tendrá que hacer lo mismo con su hijo político. Y ella sabe el costo que ha tenido ser blanda en esto. Su capital político se ha desvanecido en menos de dos meses. Seguir debilitándolo por mantener a Peñailillo, sería un error.
Todo esto, teniendo presente que la cosa no viene bien por ningún frente. En Caval, esta semana quedó claro que su hijo, contra lo declarado por su nuera, sí tuvo directa injerencia en el negocio, como lo revelan correos privados donde gestiona reuniones al respecto. El fiscal de la causa, por su parte, señaló que existen indicios de “engaño” en la operación. Por ende, la probabilidad de que Dávalos termine mal no se puede descartar. Sumarle a esto el caso de su hijo político -que seguro seguirá complicándose-, es algo que la supera.
Esta semana, los ex presidentes Lagos y Piñera manifestaron su apoyo a que la Mandataria recupere su liderazgo. Es lo que a estas alturas todos quieren. Pero, la verdad, eso ya no depende totalmente de ella. Puede intentarlo, partiendo por cambiar el gabinete, pero al final, por mucha ropa que le presten, dependerá de cuán involucrada esté su persona en los escándalos de “sus hijos”. Algo que por ahora sólo ella lo sabe. Pronto lo sabremos todos.

Andrés Benítez.

sábado, abril 18, 2015

"GRACIAS, SEBASTIÁN, HIJO MÍO".


Gracias, Sebastián, hijo mío”, debieron ser las palabras de nuestra incólume Presidenta después de haberse “enterado por la prensa” de la gran polémica en que está envuelta su nuera y que, de cierta forma, repercutió en ella.

“Gracias, Sebastián”, debió pronunciar por haberle arruinado sus vacaciones posteriores a un fin de año legislativo soñado, con la aprobación de reformas medulares en su programa de Gobierno y luego de una pequeña alza en la aprobación ciudadana, la cual, obviamente, pasó a segundo plano luego del papelón de su hijito y su querida nuera.
También le dio las gracias por haber echado por tierra su discurso en contra de la desigualdad, el combate contra los abusos y “los poderosos de siempre”, el cual pregonaba a los cuatro vientos y que enarboló como bandera en la pasada elección. Pues, claro está, Dávalos Bachelet y su esposa compiten en una cancha privilegiada y desigual para el gran resto de los chilenos, pues ninguna incipiente Pyme, de un capital de 6 millones de pesos, obtiene un crédito de 10 millones de dólares y tiene reuniones privadas con el dueño del banco, lo que los convierte en ciudadanos del 1% más rico de Chile y, con ello, obtienen automáticamente la membresía para ser parte del flamante grupo de “los poderosos de siempre”.
El caso Dávalos Bachelet es una bola de nieve que ha empezado a rodar y no sabemos las dimensiones que alcanzará. Lo que sí sabemos es que éste seguirá conquistando titulares, será referencia obligada en el almanaque de Bachelet y sus antecedentes coparán los anaqueles de la Nueva Mayoría, pues nadie se habría imaginado que quien más daño le hiciera a la imagen de la Presidenta fuese su propio hijo. A quien su madre, el oficialismo, los Luksic y toda la ciudadanía le seguirán diciendo por un buen tiempo: “Gracias, Sebastián”.
Además, Bachelet le debió agradecer a su hijo por involucrar a funcionarios de Gobierno en sus negocios, pues, según lo que va de investigación, aquí no solo hay un crédito irregular, sino, también, influencia política y uso de información privilegiada, ya que funcionarios públicos intervinieron en la modificación del plan regulador intercomunal de Rancagua y Machalí, lo que deja de ser un “asunto entre privados” –como lo quisieron  pintar algunos en el Gobierno– y toma ribetes de interés público.
Asimismo, Michelle le debió dar las gracias a su Sebastián por haberle robado el manto maternal con el cual podía adormecer a los chilenos, pues, luego de su silencio cómplice y sus estériles explicaciones, deja claro que antes que Presidenta de Chile es la madre de Sebita, y jamás saldrá a recriminar a su retoño preferido, por más fechorías que cometa.
Por otro lado, no solo la Presidenta debe agradecer a Dávalos, sino también Osvaldo Andrade y el Partido Socialista –en el cual militaba Sebastián–, pues con los negocios del hijo de Bachelet, se ha evidenciado el doble estándar de la izquierda, la que, por un lado, mira con lupa el lucro pero, por otro, tiene militantes que especulan financieramente y que generan ganancias exacerbadas. Lógica incompatible con el romántico ideal socialista.
En la vereda contraria, la derecha entera debe agradecer a Dávalos Bachelet por haber derrumbado el viejo paradigma de: “La derecha representa a los empresarios”, ya que con el escándalo de la nuera de la Presidenta, se evidencian las incestuosas relaciones entre las empresas de Luksic y la Nueva Mayoría y, de esta forma, dejamos atrás el anacrónico prejuicio que vinculaba solo a la derecha con el empresariado.
Al mismo tiempo, otro que debe estar infinitamente agradecido de Dávalos es Andrónico Luksic, quien pasó de ser aquel mecenas que caritativamente nos enseñaba su infinito amor a Chile, aportando estratosféricas sumas de dinero a la Teletón, a un vil banquero que extiende su telaraña de poder e influencia por toda La Moneda a costa de sus “favores económicos”.
Por último, hay un candidato de profesión que debe agradecer vigorosamente al señor Dávalos. Así es. Marco Enríquez-Ominami debe estar agradecido y jubiloso por las “imprudencias” del hijo de la Presidenta, pues, sin duda, quien más se beneficia del deterioro de la imagen de Bachelet y de la Nueva Mayoría es el candidato del Partido Progresista, ya que resultará considerablemente más difícil para el oficialismo levantar un candidato de sus filas para el 2017 luego de este escándalo, y pareciera ser que la opción electoralmente más viable para representar a la izquierda proviene desde fuera del Gobierno. Es por esto que ME-O debe decir: “Gracias, Dávalos Bachelet”, por fortalecer un poco más su opción como candidato.
Así, el caso Dávalos Bachelet es una bola de nieve que ha empezado a rodar y no sabemos las dimensiones que alcanzará. Lo que sí sabemos es que seguirá conquistando titulares, será referencia obligada en el almanaque de Bachelet y sus antecedentes coparán los anaqueles de la Nueva Mayoría, pues nadie se habría imaginado que quien más daño le hiciera a la imagen de la Presidenta fuese su propio hijo. A quien su madre, el oficialismo, los Luksic y toda la ciudadanía le seguirán diciendo por un buen tiempo: “Gracias, Sebastián”.

Javier A. Labrín Jofré.
Estudiante de Derecho, Universidad Andrés Bello.Fundador y ex coordinar general de Crear Unab.
El Mostrador.

viernes, abril 17, 2015

LA IZQUIERDA CHILENA: ¿CONDENADA POR SU INCONSECUENCIA?


No es que los compañeros de la izquierda tengan malas intenciones o no estén comprometidos con la causa, es que su ideología delirante es tan enajenada de la realidad que es una utopía sin destino, que ni sus propios militantes pueden cumplir.

A propósito de los días que estamos viviendo en el ámbito estudiantil quisiera debatir sobre la supuesta superioridad moral que se auto adjudica la izquierda dogmática, cegada por una especie de verdad incontrastable que los convierte a ellos en los guías espirituales del paraíso, donde pretenden conducirnos a todos, aún a punta de cañón o de revolución.
Quiero dedicarme a nuestros conocidos clérigos vestidos de rojo, aquellos que desde una palestra apuntan con sus dedos inquisitorios las perversiones del capitalismo y con sus sagaces lenguas convierten el ánimo de ganancia en el pérfido lucro satanizado por los medios, del que nadie quiere ser acusado. Arrolladores al momento de convencer, han conseguido la concientización de un importante número de ricos de sentirse culpables de llevar la vida que tienen, como si para serlo sus padres o ellos mismos hubiesen robado.
Es la izquierda juvenil, escolar, y en especial la universitaria, la más dura inquisición, aquella apologeta del totalitarismo aspirante a la deshumanización más cruel teñida de populismo y violencia, la misma que exige con mayor fuerza la purificación moral de los chilenos. No debemos olvidar que la universidad, es el centro de grandes logros, pero también el nido de los movimientos más oscuros, intolerantes y violentos que nos ha tocado presenciar, como el MIR, Sendero Luminoso del Perú, o recientemente, Podemos de España.
A pesar de las apasionadas aspiraciones, que con destacada fuerza caen en los jóvenes, la izquierda más convencida, no ha logrado la práctica religiosa de sus propios militantes; tan solo su adhesión verbal y política. El lucro, teñido de un rechazo casi automático, sigue siendo faro de sus militantes, no hemos conocidos a los desprendidos virtuosos que esperábamos, no hemos conocido a quienes dejarán de vivir de la explotación de la clase trabajadora, enajenándolos de su trabajo, no hemos conocido a los verdaderos militantes de izquierda que nos prometieron; aquellos retratos del hombre nuevo que construiremos a punta de retroexcavadoras. Los que cómodamente viven, como Bachelet en la Reina, siguen teniendo sus privilegios de clase, y los jóvenes idealistas que se presentan en las marchas que buscan reivindicar al pueblo oprimido, no tienen ninguna intención de ser trémulos al percibir los beneficios de sus padres; es más, se oponen contra el lucro en educación, pero cuando se les pide que la paguen siendo profesionales, ellos se enfurecen y son los primeros defensores de sus arcas.
Siguen consumiendo productos de las malvadas internacionales imperialistas, pudiendo cosechar y vivir de su propio trabajo libre de explotación, u organizarse con otros para promover el compañerismo “sin amos”; en cambio, prefieren beneficiarse, de los según ellos, “explotados” obreros, auto-convenciéndose que es el “modelo neo-liberal”, quien los obliga, a pesar de jactarse de poseer la suficiente capacidad para organizarse en actos y movimientos políticos, no tienen el mismo ánimo para evitar esta “calamidad” que ellos mismos cometen. Sus mismos escritores protegen su propiedad sobre sus obras, y sus aclamados artistas lucran con la cultura, sin percibir la degeneración moral que para su ideología significaría reconocer esto.
No es que tener dinero sea malo, “el problema es no tenerlo” como diría un sabio maestro, y sin duda, tampoco es algo negativo consumir de empresas internacionales, pero lo que sí es cuestionable es querer impedírselo a los demás y no querer hacer el sacrificio primero. Como la viva imagen del padre Savonarola, quieren hacer su propia “hoguera de las vanidades”, pero esta vez no se quemará nada que sea de ellos.
Fervorosos defensores de los derechos humanos y la democracia, se hacen llamar con orgullo, buscando excluir a los demás del debate, mostrándose como los dueños monopólicos de la propiedad moral. Pero estos discursos cargados de una apasionante e irrestricta defensa de ideales inmutables, caen al no condenar – ni tan sólo levantar una tímida voz – contra la dictadura cubana de los hermanos Castro, ni contra el autoritarismo chavista. Se proclaman demócratas, pero irónicamente en Cuba hay un solo partido en la práctica, y en Venezuela el presidente tiene el control de las elecciones, sus tribunales y el fiel vasallaje de las Fuerzas Armadas, y si la prensa se opone, la ahogan hasta acallarla. Rasgan vestiduras por los derechos humanos, pero la ONU, incluso la Internacional Socialista, le han pedido al gobierno de Maduro que libere a Leopoldo López y que cese las acciones contra los derechos humanos. En cambio, hacen apología de asesinos como Fidel Castro, y para hacer sus aclamaciones todavía más notorias, estampan sus ropas con homófogos que llegaron a construir campos de concentración para “corregir” estas “impurezas de la sociedad”, como el “Che” Guevara, esto último es de especial rito juvenil.
¿Por qué la izquierda no tiene los militantes consecuentes que debiese tener? ¿Está condenada o son sus militantes inconsistentes, plagados de intereses impuros? La respuesta es simple, no tiene que ver con la calidad de sus militantes, ni su compromiso, no importan las buenas intenciones que tengan, es su aspiración política-moral la imposible, es pedirle al ser humano que no lo sea. El problema comienza de la misma ambición del pensamiento, la fatal arrogancia que posee intrínsecamente, tratar de ordenar el mundo a los designios de un plan realizado por iluminados (ellos), que pretende controlar a los humanos y sus acciones. Un contructivismo tan superado que equivaldría ponerle un corsé ideológico a la sociedad, tan apretado y rígido que nunca se ajustaría. Es imposible, pedirle al humano que deje de buscar su interés, es en pos de él que nos organizamos como sociedad y es nuestro fin el que actúa como una guía diaria en las conductas de cada cual. Prohibir la búsqueda de la riqueza personal no solo es un sinsentido económico de graves consecuencias, sino que es contrario a la propia naturaleza del humano, obtener bienes para vivir más cómodamente o para conseguir un objetivo de carácter menos material, por ejemplo tener una propia escuela de danza por amor al arte, donar a una iglesia o financiar a un coro de niños huérfanos.
Estas inconsecuencias se deben a una enajenada percepción de la realidad, complementada con la incompatibilidad de medios que caracteriza su proyecto político. Como diría el teórico político F.A. Hayek no se puede colectivizar la propiedad en su sentido amplio (es decir, lo que es propio de cada uno), sin violar los derechos de las personas, pues se ve afectada su esfera individual, se les despoja de lo que es suyo; además, el proceso de hacer tamaña tarea implica expropiaciones, arbitrariedades y violencia que solo terminan, como lo demuestra la historia, con sufrimiento y muerte. Tampoco se puede eliminar la propiedad privada sin destruir la democracia, se pierde la garantía frente al poder, y aquel que lo detenta se convierte en jefe de la vida de los votantes, porque es el dueño de todos los recursos y los distribuye conforme su antojada voluntad sólo a quien cae rendido a sus pies o se transforma en su cómplice. Vaya un venezolano a oponerse a Maduro y a su régimen de burócratas y conocerá la amenaza de perder un subsidio o ganar el odio de la administración estatal, que lo es todo en ese país.
Lo relevante de analizar la inconsecuencia de los guías morales adeptos al ideologismo de izquierda, en donde los jóvenes son los más fervientes creyentes, más que el reproche ético que los hace merecedores del dicho popular del cura Gatica, “quien predica pero no practica”; es la imposibilidad de cumplir sus aspiraciones político-morales. No es que los compañeros de la izquierda tengan malas intenciones o no estén comprometidos con la causa, es que su ideología delirante es tan enajenada de la realidad que es una utopía sin destino, que ni sus propios militantes pueden cumplir, como diría el maestro que cité al principio: “ser de izquierda es rebelarse contra mundo, sin antes conocerlo”.
Javier Rozas.
ellibero.cl