jueves, agosto 07, 2014

EL ESTRATÉGICO "RESFRÍO" DE BACHELET.


Todo parecía estar en orden para que la Presidenta Bachelet, en compañía de su canciller, concurriese a la Cuadragésima Sexta Cumbre del MERCOSUR. Dicha asamblea de este reducido subpacto regional creado sólo con fines de solidaridad política por Hugo Chávez, debió realizarse hace siete meses, lo que refleja su estado de descomposición.
El lugar de la cita era Caracas, un país de gran identidad socialista con ella y con el grupito del vecindario sudamericano que tiene a su país al borde del colapso. Allí iba a encontrarse con sus camaradas José Mujica, Dilma Rousseff y Nicolás Maduro. Ausente Rafael Correa –un gran izquierdista formado en Harvard–,   también estarían el “disidente” paraguayo Horacio Cartes y el ahora incómodo  Evo Morales, pues Bolivia está postulando a integrarse al bloque.
Bachelet informaría a sus amigos de la vecindad la noticia de que en la Cumbre de la Alianza del Pacífico, ella pidió a México, Colombia y Perú que integrasen al MERCOSUR para evitar su extinción. Pero era ignorante de la sorpresa que le guardaba Rousseff: no le importa la Alianza del Pacífico sino acoplar el MERCOSUR a los intereses venezolanos en PETROCARIBE  –donde no está Chile pero sí Cuba— y al ALBA, Alianza Bolivariana contra la pobreza y la exclusión, donde tampoco está Chile pero sí Cuba.
Aunque sin saber esto, para alegría suya, en la Cumbre caraqueña iba a asumir la presidencia pro tempore del MERCOSUR su amiga Cristina Fernández, la que pediría a sus pares solidaridad por el litigio que su gobierno tiene en Estados Unidos por el no pago de 1.400 millones de dólares en bonos soberanos, denominados por ella “especulativos” o “buitres”. Feliz, Bachelet le daría su respaldo, pues ya lo hizo públicamente frente al mismísimo Barack Obama en Washington.
Todo iba bien para el viaje hasta que apareció María Corina Machado. Ella fue diputada venezolana hasta que Nicolás Maduro ordenó a su Corte Suprema despojarla de su cargo por criticar a su dictatorial gobierno, a lo que se procedió con servilismo y rapidez. La ex parlamentaria comentó públicamente que deseaba que en su visita a Caracas, Michelle Bachelet le escuchara sus testimonios de violaciones a los derechos humanos por parte del chavismo.
Consultado el canciller Muñoz por la solicitud de Machado, respondió tener “la mejor disposición” para reunirse con los disidentes. Días después, fue Bachelet la replicó la misma frase de su ministro, encendiendo de inmediato las luces rojas al interior de la Nueva Mayoría. EL PC, PS, PPD y MAS, todos chavistas y pro Maduro,  interpretaron su anuncio como un gesto más de los muchos que el Gobierno le ha hecho a la DC, y surgieron incluso serias amenazas  de rupturas definitivas en el oficialismo.
Entonces, Bachelet se “resfrió”…
El canciller anunció que ella “por su estado de salud” no viajaría a Caracas, que lo haría él solo y que se iba a reunir con la oposición, lo que efectivamente hizo en casa del embajador en Caracas, Pedro Ramírez, al recibir al líder de la disidencia Ramón Guillermo Abeledo.
La excusa “oficial” de la cancelación del viaje fue una cita de emergencia del Comité Político (ampliado) en Cerro Castillo para analizar la Reforma Educacional, pero en los hechos y en la práctica no existían razones ni urgencia para convocarlo justo el día en que Bachelet debía partir a Venezuela.
Nada nuevo salió de esa reunión sino un respaldo “irrestricto” a Nicolás Eyzaguirre, una novedad que no es tal conocida la antigua y férrea amistad entre la Presidenta y su ministro. En rigor, el encuentro en Cerro Castillo fue de alto contenido político –se planteó la molestia con Ximena Rincón por pedirle a su partido que ya lanzara una candidatura presidencial–, se hizo un descarnado análisis de los equilibrios al interior de la Nueva Mayoría y se puso énfasis en las controversias por los cambios de rumbo en las reformas emblemáticas.
En el intercambio de opiniones no estuvieron exentas las nacientes amenazas que se vienen contra la gestión del Gobierno a raíz de la postura crítica asumida por el emblemático socialista Camilo Escalona y por el potente resurgimiento de Gutenberg Martínez en el escenario nacional.
Raúl Pizarro R.

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