domingo, junio 21, 2015

LA LESERA DE BACHELET.


"Si en Chile existiese un régimen parlamentario, la solución a la crisis actual habría sido la caída del gobierno... "

La Presidenta no está cómoda. De eso pocas dudas caben. Su mayor activo, la empatía, ha quedado de lado y hoy se la ve angustiada. Sus apariciones públicas se han reducido al mínimo y esta semana no fue capaz de controlar sus emociones. Cuando los periodistas apostados en la entrada de La Moneda hicieron la pregunta obvia, ¿cuándo habrá ministro?, la Presidenta no dio más y estalló en el reproche: "terminemos con la lesera".

La salida de madre de la Presidenta probablemente se explica en que lo está pasando mal. Pero sus declaraciones no son más que una anécdota. El verdadero problema de Bachelet no es la demora en encontrar un ministro, aunque obviamente ello suene mal en cualquier país del mundo.

La verdadera lesera de Bachelet es la inacción a la que ha llegado su gobierno, lo que se ha traducido en una popularidad que puede terminar siendo -pese a que no existan los registros- en una de las más bajas de la historia de Chile.

Paradójicamente en estos últimos años la política chilena tiene un cierto parecido con la política francesa. En Francia después de Sarkozy vino Hollande, con un discurso propio de la vieja utopía de izquierda. En Chile después de Piñera vino Bachelet, con un discurso propio de la vieja utopía de izquierda. Transcurrido un año de mandato, la popularidad de Hollande se desplomó. Transcurrido un año de mandato, la popularidad de Bachelet se desplomó. Ante la necesidad de dar un golpe de timón, en Francia se nominó a un moderado de Premier, Manuel Valls, y a un liberal y ex banquero de inversión a cargo de Hacienda (Emmanuel Macron). Ante la necesidad de dar un golpe de timón, en Chile se nominó a un moderado de "premier", Jorge Burgos, y a un liberal y ex banquero de inversión a cargo de Hacienda (Rodrigo Valdés).

Hasta ahí el guión de Chile y Francia son muy parecidos. Pero después la cosa cambia. Al menos hasta ahora. Mientras la dupla Valls-Macron rompió con la utopía de la vieja izquierda francesa y emprendió una reforma liberalizadora (Valls llegó a decir que "amaba a la empresa" y Macron a cuestionar los altos impuestos que pagan los franceses), la dupla Burgos-Valdés, transcurridos 40 días de ejercicio, parece no querer incomodar a los suyos. Si bien sus declaraciones son mejores que las de sus antecesores, su actuación es día a día más descafeinada.

Por su parte, Bachelet -a diferencia de Hollande- no ha querido claudicar la utopía del cambiarlo todo. Se profundiza la reforma laboral, se sigue adelante con el mamarracho tributario, retroexcavadora a la educación, banderas de nueva Constitución. Cambiaron los actores pero el libreto sigue igual.

Cada vez parece más claro que Bachelet solo quiso ganar tiempo. Algo no tan distinto a lo que hizo Pinochet al llamar a Jarpa y a Luis Escobar Cerda en medio de su propia crisis. Pasar el temporal. Parecer que las cosas cambiarán sin que nada cambie.

Pero el temporal no ha pasado. Más bien se sigue incrementando.

En filosofía muchas veces se ha citado una vieja fábula del siglo XIV llamada "el asno de Buridan", que establece que un burro situado en medio -y a igual distancia- de dos baldes de agua, termina muriendo de sed al no decidirse por uno de los dos. Bachelet parece no decidirse si elegir el programa o un cambio de rumbo. Mientras tanto, flanqueada por Burgos y Valdés, la reserva de popularidad se está agotando.

Pepe Auth -uno de los políticos que ha dicho cosas más cuerdas durante esta crisis- señaló esta semana que los ministros deberán trabajar en crear identidad propia, ya que Bachelet no está en condiciones de empoderar a nadie. Pues bien, Burgos y Valdés deben crear urgente esa identidad, porque además tienen una ventaja: gozan de inmunidad. Sacarlos significaría una crisis política mayor, y por lo tanto deben usar ese activo para decir lo que realmente piensan y actuar conforme a ello.

Si en Chile existiese un régimen parlamentario, la solución a la crisis actual habría sido la caída del gobierno. Pero en un régimen presidencial no está contemplada esa salida, a menos que exista una renuncia, que sería signo evidente de una crisis mayúscula. Si se quiere evitar llegar a ella, Bachelet tendrá que tomar una decisión de cambio de rumbo. Si no lo hace ella, lo deberán hacer Burgos y Valdés. Pero lo que está claro es que así no se puede continuar. Definitivamente hay que "terminar con la lesera".


Francisco Javier Covarrubias.

1 comentarios:

Blogger khispano atlántico ha dicho...

el masonete que le sustituirá será peor entonces, ley natural politica representativa.

6:32 p. m.  

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