domingo, marzo 29, 2015

AUTORIDAD Y LIDERAZGO: QUE VUELVAN LAS PARKAS ROJAS.


Las personas saben que ponerse una parka roja no soluciona ni un solo problema, pero recuerdan en ellas un estilo de conducir crisis, de hacer frente a los problemas sin complejos de autoridad, sin temor a llamar técnica lo que es técnica y política lo que es política y, sobre todo, con espíritu de equipo y capacidad para adaptarse con rapidez a hechos inesperados.

Los problemas más importantes que enfrenta hoy el gobierno de Michelle Bachelet –desde los políticos hasta los de gestión- están cruzados por dos factores comunes. El primero, la evidente falta de liderazgo para impulsar una agenda que se haga cargo, al mismo tiempo, de lo urgente y de lo importante. Y, luego, las frecuentes señales de indecisión que dan tanto la Mandataria como su gabinete, con anuncios vagos, sin contenidos claros, sin plazos, sin metas, incluso respecto de reformas emblemáticas (que, se entendía, estaban diseñadas antes de desembarcar en La Moneda hace más de un año).
Los ejemplos son ya demasiados y, por tanto, no responden ni a la mala suerte ni a errores puntuales. Se trata de una forma de gobernar, una manera de entender el ejercicio de la autoridad que, me temo, tiene que ver menos con incapacidad y más con el temor a afectar la popularidad presidencial y a contradecir ante grupos de presión los símbolos asociados al proyecto político de la Nueva Mayoría.
El 6 de febrero estalló el caso Caval; 17 días después, el 23 de febrero, cuando volvió de sus vacaciones, la Presidenta Bachelet se refirió por primera vez a esa situación. Mientras el clima de crisis seguía cocinándose, lesionando gravemente la confianza, pasaron tres semanas hasta que recién el 10 de marzo nombró a un Consejo Asesor Presidencial, para proponer una agenda de probidad y transparencia, en un plazo de 45 días. Habrán transcurrido casi tres meses desde que estalló un caso que afecta severamente a su gobierno para que la Presidenta de la República tome decisiones concretas, para hacer frente a un clima político y social que ha adquirido dimensiones inéditas en los últimos 25 años.
Es preocupante la lógica que parece haber detrás de ese cronograma: evadir decisiones que pueden ser incómodas o, simplemente, intentar borrar la realidad actuando como si acá no ha pasado nada. El gobierno apostó a que durante febrero se iría olvidando el caso Caval y erró; apostó a que una vez que la Presidenta Bachelet hiciera una especie de mea culpa sería “caso cerrado”, y también erró. Y ahora apuesta a que un Consejo Asesor tome decisiones, un grupo de especialistas en instituciones, valioso por su transversalidad y preparación académica, pero sin la representatividad que la Presidenta Bachelet y su gobierno pidieron a la ciudadanía en el 2013 para ganar las elecciones.
La semana pasada, la Presidenta Bachelet convocó a una reunión de coordinación para fijar la hoja de ruta 2015 de la reforma educacional (ejercicio al que el gobierno recurre cada cierto tiempo, cuando se ve superado por los acontecimientos). Ya no daba para más la incertidumbre respecto de los proyectos de Nueva Carrera Docente, Nueva Educación Pública y el de gratuidad en la Educación Superior y la señal que mandaba La Moneda era de voluntad por zanjar sus plazos y contenidos. Tras horas de concentración en Cerro Castillo, el vocero Álvaro Elizalde nos sale con que solo se había decidido el plazo para la primera de esas iniciativas y que respecto de las otras se iba a esperar que en el Congreso “se generen los espacios…”.
Inexplicablemente, una reunión de “coordinación” entre la máxima autoridad de la República y su equipo político, convocada para retomar el control de la agenda y despejar las vaguedades en un área tan delicada como la educación, terminó no con decisiones presidenciales, no con instrucciones de cómo conducir la reforma más importante del Gobierno, sino con nuevas incertidumbres.
Si el Gobierno evita mostrarse con autoridad, para proyectarse ante la ciudadanía como amigable; si posterga definiciones en áreas muy sensibles para la ciudadanía, para no contradecir El Programa o afectar su relación con gremios y grupos de presión; y si sus asesores dedican más tiempo a la operación política que a la gestión, es evidente que está equivocado. En menos de un año, el rechazo a la forma como se están manejando áreas muy sensibles para los chilenos ha subido significativamente (salvo relaciones internacionales y cuidado del medio ambiente, todas las áreas registran un rechazo mayoritario).

Mientras escribo esta columna leo en twitter a decenas de usuarios que dicen extrañar las parkas rojas, a propósito de las emergencias en el norte y sur de Chile. Las personas saben que ponerse una parka roja no soluciona ni un solo problema, pero recuerdan en ellas un estilo de conducir crisis, de hacer frente a los problemas sin complejos de autoridad, sin temor a llamar técnica lo que es técnica y política lo que es política y, sobre todo, con espíritu de equipo y capacidad para adaptarse con rapidez a hechos inesperados.
Es difícil ejercer el poder y tomar decisiones teniendo como referente el bien de Chile cuando se está en una camisa de fuerza con un brazo ideologizado y el otro temeroso de perder popularidad. Si las habilidades “blandas” (simpatía, cercanía, popularidad) son por lejos la escalera más segura para ganar una elección, las otras habilidades, las de autoridad, decisión y capacidad de enfrentar crisis, incluso a costa de popularidad, son las que permiten a los gobernantes conducir con efectividad un buque que navega sobre aguas casi siempre agitadas.

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

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