lunes, julio 13, 2015

BACHELET, JORRAT, PEÑAILILLO, MARTELLI, ROSENBLUT.


HEMOS QUEDADO todos anonadados por las declaraciones de Jorratt en la fiscalía. Una historia que parece una novela. Peñailillo -la mano derecha de Bachelet- contacta a Arenas para que trabaje para la precampaña. Arenas en realidad trabaja para la Universidad de Chile full time, pero acepta el trabajo igual. Es decir, la Universidad de Chile pasó a financiar en parte la precampaña de Bachelet, ya que además muchas de las reuniones se realizaban directamente en las oficinas de Arenas en la universidad.
No estaría demás una opinión institucional de esa universidad. De hecho, el Departamento de Economía casi en masa ha servido al gobierno de Bachelet y habría que examinar qué convenios tiene con el Estado, algo que ya ocurrió en tiempos de Lagos (MOP GATE). De hecho, Eduardo Engel, otro funcionario de la universidad, presidió la comisión de probidad, cuyo tiempo fue financiado, hasta donde sabemos, por la universidad.
Bueno, la historia sigue. Arenas, ya fichado, contacta a Jorratt para que trabaje en el programa de Bachelet en la reforma tributaria y le ofrece una compensación económica. Inicialmente le pide media jornada, pero transan en más o menos un día a la semana. Para los pagos le pide que se contacte con un señor Martelli y así arreglar los detalles de las boletas. Pero Jorrat no conoce a Martelli, y se citan en un café de Providencia. Se dan señales físicas para reconocerse. Finamente se conocen, y Martelli le hace firmar un contrato, ciertamente trucho, que Jorratt firma igual. La reunión es breve, dura 15 minutos. La trama ha sido activada.
Jorratt entonces emite boletas todos los meses para la empresa de Martelli, pero trabaja para Arenas, que a su vez trabaja para Peñailillo, que a su vez trabaja para Bachelet con los recursos que mueve Rosenblut (presidente de una empresa que será regulada por el gobierno para el cual él recauda los fondos). Peñailillo es quien asigna finalmente los recursos que recauda Martelli.
Todos estos recursos provienen de empresas que financian la precampaña de Bachelet, de las cuales por ahora sólo conocemos algunas.
Lo sorprendente es que todos ellos van a iniciar una noble gesta para modificar el sistema tributario, donde -según dicen- las grandes empresas eluden impuestos. Notable, ya que la máquina montada era con esas mismas empresas que según ellos pagaban pocos impuestos y además los eludían. Se transforman así en los adalides de la justicia tributaria en el país. En esa cruzada santa encuentran boletas de sus adversarios políticos en una empresa, y usando todo el poder de Impuestos Internos (manejado por Jorratt y dirigido por Arenas en el gobierno de Bachelet) se lanzan en picada contra la empresa y los políticos asociados. Asestan así un golpe mortal a sus adversarios, que quedan reducidos a cenizas; algunos incluso en la cárcel.
Pero como en todo thriller, la trama da un vuelco que resulta insospechado.  En ese mismo caso en que eran los grandes justicieros aparece una “arista” que lleva a otra empresa, que era justamente una de las que financiaba a los justicieros. Los buenos eran los malos. Así, no sólo aparecen políticos del sector de gobierno implicados en las boletas, sino que los mismos justicieros aparecen con las boletas, de esas que ellos mismos denostaban. Se inicia el descontrol. Peñailillo, usando las atribuciones del poder, hace saber a Jorratt que los datos de esa empresa no deben llegar a los fiscales. Hacen una extraña jugada en que el directorio de esa empresa se rehúsa a dar antecedentes que les da un par de semanas de trabajo. Entonces Peñailillo (según versión de Jorratt) le indica vía Arenas, que en esa ventana de tiempo hay que sacar todos los antecedentes de la empresa, aunque sea utilizando camiones. Es decir, Bachelet estaba usando el poder del gobierno para obstruir la justicia, y usando al Servicio de Impuestos Internos para atacar a sus adversarios políticos, escondiendo sus propias faltas, al mismo tiempo que reclamaba autoridad moral en política.
El desenlace ya es conocido. La reforma tributaria es un verdadero mamarracho. Peñailillo y Arenas son despedidos del gobierno, y Jorratt también a poco camino. Rosenblut es despedido de Enersis. Jorratt es llamado a declarar (de ahí sabemos esta historia) como imputado, y Peñailillo también deberá declarar. Los grandes justicieros que denostaban a los empresarios, eran finalmente parte de la misma trama.
Y de toda esta increíble historia, Bachelet sostiene no saber absolutamente nada. ¿Alguien lo puede creer? De ser así, ¿está gobernando realmente?

Sergio Melnick.
Publicado en La Tercera.

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