miércoles, abril 02, 2014

BACHELET: DE ILUSOS E ILUSIONES.


En una de las historietas de Mafalda, Miguelito, el niño idealista, ingenuo y soñador, pregunta si antes de nacer ellos existían todas las buenas cosas (juguetes, cine, dulce, etc.) Mafalda le grita escandalizada: ¡Claro que ya existían! Entonces Miguelito, con gesto de sorpresa y desilusión, dice: -¡Cuánto desperdicio!
Y yo pienso que mucha gente, sobre todo la que tiene una vida cómoda y placentera, está viviendo también como si el mundo comenzara con ellos. No solo ignoran el pasado sino que incluso lo desprecian. Tiene su lógica. Si el horizonte que se han trazado es vivir sin mucho esfuerzo de cosas agradables, placeres, diversiones, nuevos caprichos electrónicos, etc., ¿para qué interesa el pasado donde no había muchas de esas cosas actuales, o solo en modelos ya superados?
Napoleón dijo que “el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”. No saber la historia del comunismo a lo largo de todo el siglo XX y parte del actual, puede hacer que otros se aprovechen de esa ignorancia. Y lo peor es que aprovechándose de ese olvido o ignorancia, otros fabricarán versiones parciales o decididamente falsas de los conflictos del pasado.
En Chile la Bachelet, ya en su primer mandato, inauguró un museo “de la memoria” que es pura falsedad santificando todo el periodo nefasto del gobierno de Salvador Allende y tiñendo de rojo sanguinolento el gobierno de Pinochet, silenciando la reconstrucción exitosa del país que hizo Pinochet, poniéndolo a la cabeza de toda la américa hispana.
Aquí, en contestación a mis dos columnas sobre las pasadas elecciones presidenciales, muchos correos insistían sin rubor en estos dos estereotipos: votaban por el FMLN porque era votar por el partido de los pobres y porque en sus 20 años de gobierno ARENA no había hecho nada. Harto con tanta insistencia en esas dos muestras de mala fe o de ignorancia supina, al último que me envió un e-mail con esa misma monserga,  le contesté que el país quedó en la ruina por los destrozos que hizo el FMLN en carreteras, puentes, tendidos eléctricos, agricultura, ganadería, etc. y que quienes reconstruyeron el país fueron los gobiernos de ARENA. Le escribí, sin negar que podía haber hecho más, que además de lo que hizo ARENA, había que tener en cuenta algo más importante: lo que permitió hacer; porque en ese tiempo surgieron nuevas universidades, supermercados, empresas y negocios muy diversos y hubo libertad de pensamiento, palabra y opinión abundantes, mientras que en Cuba, después de más de 50 años, se sigue careciendo de todo eso y en Venezuela se va destruyendo rápidamente toda su riqueza anterior.
Es terrible ver la ceguera  e ignorancia  que va invadiendo a tanta gente  masificada del mundo actual. No se lee, no se piensa, no se reflexiona; se va perdiendo la capacidad de análisis crítico de la realidad. En los ricos porque tienen demasiados lujos, demasiados placeres, demasiada pereza mental. En la clase media, muchos ilusionados con los cantos de sirena del FMLN, porque  son  tan ingenuos como el Miguelito de la historieta, o porque aspiran -carnet en mano del partido rojo-, a un puesto de funcionario de los nuevos ministerios: buen sueldo y trabajo, poco y mal hecho. Estos serían nuevos votos cautivos que crearía aquí el socialismo guanaco. ¿Financiarlos con petróleo venezolano…? ¿Aunque la deuda económica del país se agrande desmesuradamente?
Otro tipo de ilusos biempensantes son los que piden  diálogo y concertación entre ARENA y el FMLN, sin darse cuenta -o sin quererlo ver-, que para llegar a cualquier acuerdo político tiene que hacerse sobre un común fundamento: la persistencia del sistema democrático. Si uno de los dialogantes lo que pretende es sustituir la democracia por un socialismo antidemocrático, entonces cualquier dialogo se hace ficticio,  pasa a ser un parloteo de payasos de circo.
Señores de ARENA: dejen ya de querer revisar votos. Dejen que agarre la papa caliente el socialismo guanaco. Necesitamos escarmentar en cabeza propia el fracaso de este tipo de socialismos chavistas o cubanos.
Luis Fernández Cuervo.

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