sábado, marzo 19, 2016

MEO Y SU PROGRESISMO.


Las últimas acusaciones sobre supuestos gastos de campaña no declarados, y financiados desde el extranjero para un jet privado de lujo, tienen a Marco Enríquez-Ominami nuevamente en las portadas de los medios.
Si bien es cierto que ME-O da la cara, lo hace evadiendo dar razones ante las imputaciones que se le han hecho. Se muestra confrontacional, acusa de complot por parte del conservadurismo, dice que “todos lo hacen”, pero ante todo, mantiene una evasiva de tomar una posición respecto a lo que se le acusa. En cambio, se escuda utilizando una artimaña de baja calaña, sosteniendo que los gastos del SERVEL ya están rendidos, revisados, y en caso de necesidad de rectificación, prescritos.
Es cierto también que debemos ser prudentes contra la moda que se ha ido instalando de hacer juicios rápidos y con información parcial, acusando sin manejar toda la información, pero en este caso, vale la pena tomarse la atribución. Porque el ex diputado se ha erigido, para la ciudadanía, como el estandarte de la probidad y la transparencia. Y, en cambio, los hechos distan de esto; sabemos que está imputado en el caso SQM, con su círculo cercano punteando en el ranking de boletas, y ahora con un aporte extranjero a su campaña por parte de ejecutivos de una empresa brasilera que actualmente está vinculada en casos de corrupción que tienen en el limbo a la Presidenta Rousseff y al ex Presidente Lula Da Silva.
Y es que esto no hace más que seguir echándole bencina a un hecho que ya tiene cansados a los ciudadanos. Políticos evasivos que desde sus redes sociales generan declaraciones insuficientes, creyendo que la ciudadanía podrá creer que una declaración por 170 millones ante el SERVEL podría incluir, legítimamente, servicios de asesoría comunicacional de un experto, además de un jet privado de libre disposición por cuatro meses cuyo valor se estima en unos 100 millones de pesos mensuales. ¿Es este el progresismo con el que Marco nos quiere encantar?
Lo especial de este caso es que MEO nos prometía desterrar la vieja política a partir de una propuesta basada en la igualdad y no discriminación, crecimiento económico combinado con derechos garantizados e industrialización con mayor participación del Estado. Acusaba que la clase política estaba desgastada, que era necesario renovación, qua la relación entre dinero y política no daba para más y que la transparencia debía ser un estándar de esta nueva política. Ante estos hechos, cabe hacerse la legítima pregunta si no será que Marco está siendo víctima de las mismas prácticas que prometía desterrar. Porque es claro que un jet de lujo, relaciones con grandes empresas extranjeras que participan de licitaciones donde se mueven grandes sumas de dinero y donde no es indiferente cuántos favores se deban, donde no se dan explicaciones, rechazando el juicio político y escudándose en la dimensión judicial, no se corresponde con el progresismo que motiva a todas esas personas que (en también cuestionadas circunstancias) han firmado para dar su apoyo al partido Progresista de Marco Enríquez-Ominami.
Hay que tener presente que Enríquez-Ominami ha ido ganando enemigos durante su perseverante carrera política por el sillón presidencial. También, lo es que su aprobación ha ido creciendo sistemáticamente y que su popularidad lo hace ser un contendor que expone a varios pesos pesados que quieren (volver a) la Presidencia. Con todo, está por verse cómo afecta esto a la popularidad de MEO y si expone su posición actual de ser el mejor candidato para oponerse a Piñera desde la izquierda como desde el mismo PRO promocionan. Lo que es claro es que debería servir de cable a tierra para aquellos que ingenuamente se habían dejado seducir por las ideas de un falso progresismo que se viste de inmaculado cuando, a espaldas de todos y al filo de la ley (si no fuera), sigue manteniendo las prácticas que ya tienen cansada a la ciudadanía.
Este hecho, por último, nos permite poner sobre la mesa que la respuesta a la crisis que vive la política no vendrá de una persona particular que, bajo una especie de mesianismo, promete un mundo mejor sin la responsabilidad que eso conlleva. En cambio, nos hace caer ante el peso de la realidad: no basta con promesas, etiquetas ni imágenes que se venden como inmaculadas. La crisis actual exige asumir los errores del pasado, dejar los oportunismos y ofrecer soluciones desde las distintas visiones políticas, yendo de cara a la ciudanía para reconquistar su confianza y proponiendo soluciones que, desde el realismo, asuman que es urgente limitar la peligrosa relación entre dinero y política. Y lamentablemente para Marco Enríquez-Ominami, una propuesta tan líquida como el progresismo que profesa, no va por el camino correcto.

Cristóbal Ruiz-Tagle C., Director de Estudios IdeaPaís.

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