martes, mayo 12, 2015

OTRO GABINETE, ¿MISMO GOBIERNO?



Me temo que la Presidenta busca un nuevo Gabinete para seguir con el mismo estilo de Gobierno caracterizado por la improvisación e ideologización.


Los defensores de la Asamblea Constituyente, e incluso los que sin llegar tan lejos promueven un cambio constitucional con altos niveles de participación ciudadana, fundamentan buena parte de su tesis con el argumento que los procedimientos son parte del fondo y en que hoy, más que nunca, la legitimidad de los resultados depende de la validación social de los procesos.
Con todos los matices que uno tiene que hacer, no hay duda que la frase de McLuhan que dice que “el medio es el mensaje” es plenamente válida y, para estos efectos, el medio se asemeja a los procesos de decisión, tanto como a los canales de información.
En ese sentido, es imposible evitar un análisis de fondo a la luz de toda las formas que han rodeado este cambio de gabinete. Hasta ahora son tres las grandes críticas que enfrenta la gestión gubernamental: improvisación, falta de oficio político y exceso de ideologización.  Lamentablemente, todo lo que ha pasado estos últimos días confirma uno por uno estos juicios.  Vamos por partes.
Improvisación. A pesar de que hay defensores que califican de genialidad el anuncio de la Presidenta en la entrevista de Don Francisco, que no escatiman en elogios y alabanzas, la verdad es que hay dos hechos indesmentibles que confirman que se trató de una improvisación total.  No haber excluido de inmediato al Canciller de la petición de renuncia, dejando pasar unas horas en que la cabeza de nuestra delegación en La Haya estaba en el limbo político es imperdonable.  Aunque pasó más desapercibido, igual cosa ocurrió con el ministro de Hacienda, que estaba colocando un bono soberano, el que tuvo que suspenderse, porque era inaceptable para los bancos de inversión y agentes del mercado que una operación de esa importancia se hiciera sin la titularidad plena del responsable económico del país.
Es evidente que si la decisión de pedir la renuncia al gabinete se hubiera meditado y planificado, se habrían evitado ambos efectos negativos y el gobierno no se habría expuesto a preguntas y explicaciones incómodas. Difícil dejar una huella más clara, que confirma la imagen de un gobierno que va tomado sus decisiones sobre la marcha.
Falta de oficio político.  La explicación de la Presidenta en el sentido que se va a tomar 72 horas para decidir qué hará, después de tener a todos sus ministros renunciados es expresión, en parte de la improvisación, pero especialmente de esa falta de oficio político que se le atribuye a su gestión. Resulta meridianamente claro que un Presidente(a) ante una decisión tan compleja como esta debe tener un curso de acción previamente definido, de manera que los partidos políticos, que obviamente lucharán por mantener o mejorar sus espacios de poder, vayan siempre de atrás y no puedan paralizar sus decisiones, presionando e intentando negociar las posiciones que ocupan.
La Presidenta hizo exactamente lo contrario, razón por la cual no hay ninguna sorpresa en que no haya podido armar un nuevo gabinete en el plazo que ella misma, innecesariamente, se fijó.
Ideologización. Pocos días atrás la Presidenta dijo que para formar parte de su gobierno hay que estar comprometido con el programa presidencial.  A contrario sensu, en su coalición hay dirigentes, suficientemente importantes como para ser Ministros de Estado, que no están comprometidos con su programa.  Vale decir, los temores de que se trata de un programa extremo, que no representa ni siquiera a todos los principales exponentes de la Nueva Mayoría, son confirmados por la propia Presidenta de la República.
Entonces, es válido suponer que si estos son los procedimientos y los conceptos que estructuran la decisión del cambio de gabinete, hay pocas esperanza de que traiga aparejado un cambio real en la conducción del Ejecutivo.  Lo que el gobierno debería asumir es que ha llegado a un punto de crisis que expresa la necesidad de un cambio de fondo. El problema no se resuelve cambiando la conducción, sino cambiando el destino buscado. Parece ser que en los mismos días que la derrota de Escalona marcaba el ocaso de la Concertación, en cuanto grupo político, la fuerza de los hechos evidenciaba la frustración del proyecto de la Nueva Mayoría.
Esta es la cuestión central, que la forma y el fondo son las que hacen agua. Me temo que la Presidenta busca un nuevo gabinete para seguir con el mismo estilo de gobierno y no ha sintonizado con el hecho que si algo se espera es un cambio que nos saque de la improvisación, de la falta de oficio y de la ideologización. Todo indica que no hay voluntad de hacer ese cambio, que es el cambio real que podría devolverle la confianza y el apoyo.
Por eso la duda que está abierta para los optimistas y cerrada para los pesimistas es si tendremos otro gabinete para seguir con el mismo gobierno. Me temo que estoy entre los pesimistas. Probablemente todo cambiará, para que todo siga igual.

Gonzalo Cordero, miembro del Foro Líbero.

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