miércoles, mayo 06, 2015

INVASIÓN A VENEZUELA.


Da la impresión de que las naciones latinoamericanas no desean "molestar" a Maduro, hacer o decir algo que lo incomode y gatille esa consabida furia tropical de insultos y descalificaciones a las que él -legado de Chávez- recurre ante la crítica.


“Conque así se termina la libertad… con un aplauso atronador…” Episodio III de Star Wars. La senadora Padmé Amidala resumía así la ovación del Senado Galáctico al flamante y autoproclamado emperador y ex canciller Palpatine, en el nacimiento de aquel imperio que gobernaba con el lado oscuro de la fuerza. Algunos años antes, en el Episodio II, el mismo Palpatine le pidió al Senado “poderes temporales de emergencia” para enviar tropas a la guerra.
Nunca los devolvió.
A principios de marzo, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional venezolana -el equivalente al Congreso- le entregó entre sonoros aplausos al gobernante Nicolás Maduro “poderes especiales para que pueda legislar en materia de defensa de la soberanía y de la patria”. La llamada “Ley Habilitante Antiimperialista”. El motivo fue la orden ejecutiva del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunciada un par de días antes del empoderamiento de Maduro: ella establece que la situación de corrupción y ataques a los derechos humanos en Venezuela -coronados por el encarcelamiento del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma- constituyen una amenaza “inusual y extraordinaria” para la primera potencia mundial.
Curioso paralelo. ¿Se terminará convirtiendo Maduro en un Palpatine de Venezuela? Difícil asegurarlo pero, al menos, todo lo que hace o dice apunta en la dirección de, al igual que Palpatine, infundir temor a su pueblo con la repetitiva cantinela de la amenaza imperialista, de la “guerra económica”, de las decenas de oscuros conspiradores para derrocarlo, del supuesto “eje Madrid-Bogotá-Miami”, etc. Con los chavistas alineados, Maduro se siente más fuerte, protegido, legitimado. Y pidió nuevos poderes para enfrentar al gran enemigo y su séquito de esbirros por aquí y por allá.
Un pequeño aspirante a emperador que solicitó prerrogativas para enfrentar a un gran “imperio”. En Star Wars, Palpatine logra poner a las autoridades de la República Galáctica en contra del maestro Yoda y el Consejo Jedi, acusándolos de conspirar para asesinarlo y derrocar a la misma. Yoda cae en desgracia y se va al exilio. En Venezuela, al dirigente opositor Leopoldo López se le ofreció el destierro como única alternativa a la cárcel, la que rehusó. Antonio Ledezma acompaña a López en prisión justamente por “conspirar”.
Y la invasión. Esa supuesta invasión estadounidense a Venezuela, con la que Maduro busca validarse ante su pueblo, que anuncia y anuncia y que nunca llega. Y nunca llegará. Hay que ser al menos ingenuo para creer que pronto Estados Unidos arribará con diez portaaviones a la costa venezolana, y que se necesitan poderes especiales para impedir un ataque. La Casa Blanca y el Pentágono no son burdos. No se metieron ni siquiera en Siria, ése no es el estilo de Obama. Tampoco el de los aliados de Washington.
Además la mentada invasión ya se produjo, y no por Estados Unidos precisamente, sino por los mismos que hoy gobiernan Venezuela: por la “boliburguesía” corrupta con propiedades y cuentas en el denostado “imperio” (Estados Unidos), grupo de personajes a los que apuntan las sanciones de Obama. Por la misma clase política que saqueó y arruinó a un país otrora rico gracias al petróleo. Que se tomó todas las instituciones del estado; que hizo inconfiable a la justicia, colonizándola de judicatura partidaria; que politizó a las fuerzas armadas, llenándolas de propaganda y poniendo a altos militares a cargo de los ministerios.
Esta invasión también arrasó con la prensa independiente, estableciendo la censura y los cierres de medios opositores. Su última incursión fue el 21 de abril, con la demanda de Diosdado Cabello -apoyado por la Asamblea Nacional- en contra los últimos tres medios críticos venezolanos, por una supuesta “campaña mediática” en contra del ex militar. La invasión también se ensañó con las necesidades básicas, dejando como estela largas colas para entrar a supermercados vacíos; humilló a la población con la indignidad de no tener papel higiénico y mostró su lado más fiero con el violento encarcelamiento de opositores, bajo cargos judiciales más que dudosos y siempre con el elemento conspirador de por medio.
Ésa es la verdadera invasión, no la que inventa Maduro y quiere que los otros crean, sino la del atropello del propio régimen a los derechos esenciales de la ciudadanía. Es la invasión de la ineptitud gubernamental, que tras la baja del precio del petróleo mató a la economía, demostrando que ésta era de plumavit y que toda la retórica, eternos discursos en cadena nacional obligatoria y el culto a Chávez, no son más que panfleto para disimular malamente el desastre absoluto.
Ante este escenario, sólo Estados Unidos y la Unión Europea han levantado la voz. Ningún gobierno en Latinoamérica se hace cargo de esta invasión, que es la real, la que los venezolanos sufren día a día. Nadie dice nada, todas las respuestas son tibias -también las de la ONU y la OEA-, de buena crianza, y se adscriben monótonamente a “llamar al diálogo”. Unasur, aquella entidad creada hábilmente por el mismo Hugo Chávez, en vez de ir al fondo del asunto opta por lo predecible: rechazar la medida de Obama y, era que no, también “llamar al diálogo”. Como si eso fuera a suceder. La solidaridad ideológica de los países de la región con el chavismo, y el perenne resentimiento y desconfianza con Estados Unidos, únicamente acrecientan la impunidad.
Da la impresión de que las naciones latinoamericanas no desean “molestar” a Maduro, hacer o decir algo que lo incomode y gatille esa consabida furia tropical de insultos y descalificaciones a las que él -legado de Chávez- recurre ante la crítica. Ya lo experimentó hace unos días España, cuyo presidente Mariano Rajoy y el parlamento fueron ametrallados con las diatribas del venezolano, junto con la calificación de persona non grata al ex Presidente Felipe González.
Es cierto que hay países de la órbita “bolivariana” que le deben favores a Caracas, han sido receptores de millones de dólares en ayuda y además piensan como Maduro, por tanto no les interesa perturbar a su aliado y benefactor. Pero hay otros países que no. En ese sentido, la reciente visita a Chile de las esposas de Leopoldo López y Antonio Ledezma, Lilian Tintori y Mitzy Capriles, arrojó un saldo positivo debido a la serie de reuniones de alto nivel que ambas sostuvieron con ex Presidentes y figuras del gobierno y la oposición. No obstante, todos saben que le faltó la guinda a la torta, ya que oficialmente no fueron recibidas por el poder ejecutivo chileno. El canciller Heraldo Muñoz las convocó a una cena de corte privado -es decir, no oficial- y no pudieron encontrarse con la Presidenta Bachelet debido a que la cita “no había sido solicitada” (lo que Lilian Tintori refutó). Así las cosas, es dable pensar que quizás La Moneda ha extremado su prudencia con Maduro y ha faltado una señal sonora de rechazo, percibida por toda la ciudadanía, al atropello de libertades en Venezuela. La Presidenta dice que prefiere actuar en silencio aunque con firmeza, pero es verdad que, en ocasiones, se requiere de un pronunciamiento público fuerte, como sostienen dirigentes afines o no a la Mandataria.
Mientras tanto, el nuevo y pequeño Palpatine seguirá hechizando y manipulando a parte de los venezolanos a costa de retórica. “Al pueblo darle pan y circo”, decían los romanos. En Venezuela a veces da la impresión de que da lo mismo que falte el pan, pero lo que no puede faltar nunca es el circo. De eso el chavismo sabe mucho.

Bruno Ebner, Periodista.
ellibero.cl

1 comentarios:

Blogger Rolando el furioso ha dicho...

Maduro ya es el Palpatine de Venezuela, que nadie halla querido darse cuenta,es otra cosa.

9:29 a. m.  

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