sábado, mayo 16, 2015

CARTA ABIERTA A UN COMUNISTA (Y A QUIENES PIENSEN Y ACTÚEN COMO EL).


Eres un ícono que representa fielmente lo que más rechazo en este mundo: el comunismo y sus variantes. Flameas las mismas banderas que alguna vez portaron los tiranos más crueles y sanguinarios de la humanidad. Y al preguntarme por qué lo haces, vislumbro sólo dos causas: o estás confundido y ocultas tu ignorancia en aparente rebeldía; o crees realmente lo que dices. Supondré que te enmarcas en la segunda opción. O sea, que imaginas tener derechos sobre mi persona y sobre quienes no piensan como tú.
Tus ideas destruyen al individuo. Me destruyen y, aunque no lo adviertas, también a ti. Sostienes que no existo como persona, que mi cuerpo y mi mente no valen nada, que debo acatar tus órdenes y satisfacer tus deseos, y sólo soy persona cuando me someto a tus caprichos. Presentirás que no coincido con tus posturas. Así es.
Acepto que juzgues mis ideas, pero no permito que metas tus narices en mí persona. Repelo a quien intente esclavizarme, a todo aquel que agreda mi cuerpo, mi mente, mis pertenencias o mis seres queridos. Tú, ningún grupo, institución o mayoría tiene potestad alguna para limitar lo que yo desee obtener legítimamente, ni quitarme lo que es mío. Yo decido sobre mi vida y sobre mis bienes. Esto, por una razón elemental: nací individuo y nací libre.
En nombre de lo que pomposamente llamas “derechos sociales”, promueves la gratuidad en salud, vivienda y educación. Pronto agregarás -¿por qué no?- la comida, la locomoción y el vestuario. Tus consignas se nutren de falacias y del mismo marketing que dices detestar, pero no tienes el coraje de proclamar que tu verdadero propósito es apropiarte de lo ajeno y luego, saciadas tus carencias personales, repartir el botín.
Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. He aquí donde el ser humano enfrenta su gran encrucijada: o sobrevive como creador, con la autonomía de su propia mente; o sobrevive como parásito, alimentado por los demás.
El creador es independiente y original, el parásito es dependiente y expolia a otro para sobrevivir. El creador conquista la naturaleza, el parásito procura someter al individuo.
Las cosas no se crean por inercia natural. Todo lo que consumes, todos los bienes y servicios que disfrutas, fueron creados por alguien en algún momento. Este proceso implica creatividad, inteligencia, voluntad, riesgos, trabajo, negociación. En dos palabras, implica costos. Espero, al menos, que tengas clara esta simple constatación. De lo contrario, enfrentas un cuadro psicopatológico de distorsión de la realidad que deberías tratarte con un especialista.
Basado en la dualidad dura e insoslayable costo-beneficio, me pregunto cómo puedes exigir gratuidad en la educación; cómo puedes afirmar que la infraestructura de una escuela, el mobiliario de un colegio o el laboratorio de una universidad se construyen por sí solos; que los profesores se remuneran a sí mismos; que el material educativo, la investigación y la calidad de la enseñanza se autogeneran. En síntesis, ¿cómo puedes pregonar la sustentabilidad de bienes y servicios gratuitos? Alguna mínima oquedad de tu mente advertirá que alguien crea todo eso y que el fruto de esa creación debe ser remunerado. Pero apelas a sentimientos -algunos compartidos- para adormecer incautos y poder arriarlos a tu corral como rebaño. Pues bien, no es mi caso. Estoy aquí para desenmascararte y ponerte en el lugar que corresponde.
Me interesa señalarte que el derecho de propiedad es la piedra fundamental del progreso. Sí, el derecho de propiedad, el mismo que desprecias y te quita el sueño; el que dispone que cada individuo es dueño de sí mismo y que todo lo que su mente y trabajo producen, le pertenece. Me interesa señalarte que no es posible separar el derecho de propiedad de la naturaleza humana. Por consiguiente, cualquier intento de confiscar, sustraer o repartir lo ajeno -fuere por medio de la ley, de las mayorías o de las pistolas- es una forma de esclavizar a quienes odias y temes, pero necesitas para sobrevivir: los creadores.
Presumes que el creador no trabajó para sí mismo sino para ti; que no se esforzó para él y su familia, sino para ti; que no se sacrificó por su propio beneficio y progreso, sino por el tuyo. Al desconocer el derecho fundamental que tiene cada persona para disponer de su mente, de su trabajo y de sus logros, transformas al ser humano en esclavo.
Intentas someter al individuo en nombre de lo que llamas “interés colectivo”, una ambigüedad más entre muchas que alimentan tu jerga altisonante. Pero la historia enseña que la prosperidad de los pueblos va de la mano con la garantía y respeto de los derechos individuales. Al contrario, las sociedades que subestiman al individuo y la propiedad privada están sumidas en el estancamiento y la miseria, y sobreviven -¡Oh paradoja!- gracias a las víctimas que tu y los tuyos quieren sacrificar. Ahí están los ejemplos de Cuba, la Rusia soviética, Norcorea y otros países rezagados (entre los que pudo estar también el nuestro) por las ideas colectivistas que promueves con la misma frivolidad y desparpajo de tus mentores.
Escondes tu inepcia y mediocridad motejando de “egoísta” a quien trabaja y produce honestamente para su propio regocijo, y no aceptas que sea esa persona, y sólo ella, quien decida qué hacer con los frutos de su mente, de su esfuerzo, de su espíritu, de su ego.
No hay diferencia ética alguna entre el que roba amparado por la ley y el ladrón que lo hace a cara descubierta. Pero no estás dispuesto a realizar acopio de tus convicciones. No estás dispuesto a confesar que te parapetas en el Estado para apropiarte de lo ajeno y someter a todo aquel que exija respeto de sí mismo, de su vida, de su familia y de sus bienes.
Reconozco que tu anhelo de esclavizar al ser humano ha tenido excelente acogida entre los parásitos que proliferan a tu alrededor. También reconozco que los creadores -menospreciando tus afanes colectivistas o cediendo para “salvar los muebles”- han aguantado mucho más allá de lo prudente, soportando incluso tus saqueos y diatribas.
Pero, ¡cuidado! La paciencia tiene un límite. Cuando esos hombres y mujeres libres sientan gravemente restringida su libertad y coartada su autonomía, paralizarán: dejarán de producir, de invertir, investigar y enseñar; dejarán de crear los bienes y servicios que disfrutas día a día, sin que sospeches siquiera cómo hacerlos. Esos hombres y mujeres libres renunciarán a servirte, renunciarán a vivir para ti y para quienes actúan como tú. En términos que te son familiares, usarán su autonomía y su libertad para declararse en huelga: el motín más contundente, devastador e incontrarrestable que puedas imaginar. Una huelga indefinida y, como te gusta, sin reemplazos. Ya no habrá nadie dispuesto a servirte, a crear y producir para un parásito.
Defiendo la vida, la libertad y la propiedad; defiendo al que trabaja, emprende y genera riqueza; al que investiga, escribe o enseña. Defiendo la premisa de que producir no es gratis y que sus costos deben ser retribuidos a través de un acuerdo entre personas que ponderan, eligen y deciden libremente, sin intromisión tuya ni de tus secuaces.
Y tú, monstruo de dos caras, ¿qué defiendes? Extiendes una mano mendigando ayuda y con la otra empuñas el látigo que flagela a tu benefactor. Tu única argumentación es la fuerza, la de una mayoría o la de una pistola: el argumento de los seres irracionales.
Termino con una advertencia. Aclaro que jamás iniciaré una agresión. Si deseas presentar batalla ideológica te estaré esperando. Pero si intentas imponerte por la fuerza, ten por seguro que no me quedaré de brazos cruzados.
Alfonso Ríos Larraín.

5 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Defedamos nuestra libertad de pensar y decidir que hacer con nuestra vida y con nuestros bienes obtenidos con nuestro esfuerzo.no al comunismo .

3:17 a. m.  
Blogger Marcos Edgardo Biava Salas ha dicho...

¡¡NO AL COMUNISMO!!

5:02 a. m.  
Anonymous livrexpress ha dicho...

Muy bueno. Descripción precisa, gran respuesta.

10:25 a. m.  
Blogger Jose Cornejo ha dicho...

Hace un tiempo recuerdo una discusión en el difunto grupo "Anti Allende" en las redes sociales, en la cual un zurdocarroña horrorizado me dijo "déjate de inventar palabras".

"dejate de inventar palabras", esa frase me reveló algo que es más que característico del zurdocarroña promedio.

El zurdocarroña promedio es un inepto por naturaleza. es incapaz de crear por si solo algo, generar ingresos o crear fuentes de trabajo. se vale eso sí de esa capacidad garrapatesca de parasitar del genio y exito ajeno, adjudicandoselo como propio. No hace trabajar su cerebro, al menos en cosas utiles.

como es un limiatrofiado mental, no puede más que "repetir" las consignas proferidas a lo largo de los años. no tiene capacidad de procesamiento o de pensamiento propio ya que se indoctrinó en una ideología que solo es nada mas que el justificativo de su mediocridad e incapacidad.

Viven como Marx, a costillas del sudor ajeno y siempre están pululando universidades y facultades, ya sea como "estudiantes eternos" o "profesores" en el caso de que trabajen, pasan viviendo en los sindicatos, amparados en el fuero sindical, ya que de trabajar, nada.

Eso si, su indoctrinamiento es férreo, casi al nivel norcoreano.

10:42 a. m.  
Blogger khispano atlántico ha dicho...

son posesos posmodernos del fin civilizatio.

Lo cojonudo es que paco1 JESUITAS les ha dado bula, hasta el Dia del Juicio... THE END .

2:55 p. m.  

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