miércoles, octubre 29, 2014

VENEZUELA YA NO ES EL TÍO RICO.


Frotándose las manos, como quien saborea una victoria, están algunos opositores al régimen chavista al ver la caída del precio del barril del petróleo, sin percatarse del costo social que esta situación conlleva.
Se sabe que la economía de Venezuela depende del crudo. El 95% de las divisas que entran al país lo hacen por la venta de petróleo, y con ese dinero se importa el 75% de lo que se consume: alimentos, medicinas y hasta papel higiénico.
El año pasado, cuando el petróleo bajó a menos de 100 dólares el barril, se agudizó la crisis, lo que produjo un 56% de inflación, un grave desequilibrio fiscal y el desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar.
Lo más grave de todo es que el gobierno venezolano no tiene fondos petroleros ahorrados y tampoco una estrategia para obtener recursos.Pronto ese país suramericano no podrá pagar sus deudas.Estabilizar las finanzas será un asunto de magos, mientras el ministro de Economía, el general Marco Torres, es criticado por su torpe manejo de la crisis. Lo que enfrentará Venezuela es devastador y el proyecto ideológico socialista sufrirá un duro golpe.
Si en Venezuela llueve, en México no escampa. Un tercio de los ingresos federales, estatales y municipales dependen directamente del petróleo. Y la producción de crudo está cayendo, lo que agrava el problema.
México está tomando medidas débiles y, como dicen algunos analistas, apuesta a un milagro y no a crear estrategias de contención.
En Venezuela tampoco se han pellizcado, porque siguen embriagados de poder y maquillan las estadísticas de precios y del PIB, lo que ocasiona una falsa realidad.
Varios factores podrían estar coadyuvando a la baja del petróleo mundial. Estados Unidos, que será el primer productor de petróleo en 2017, le apostó al crudo y al gas de esquisto, el nuevo fenómeno energético, que a través de un complejísimo proceso extrae los productos del interior de las rocas. Los precios del gas doméstico en los Estados Unidos han bajado.
Sin lugar a dudas, esto cambiará el panorama geopolítico mundial y la lucha será por liderar el mercado del esquisto; quienes más serán perjudicados serán las naciones del Tercer Mundo (como nos llaman), y en especial las que son líderes en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), por sus reservas petroleras, como Venezuela.
Otro factor es la competencia que ha surgido de los estados que exportan crudo y no pertenecen a la OPEP. Son como los vendedores ambulantes de las grandes ciudades que perjudican al comercio formal.
Igualmente afecta el pronóstico que el Fondo Monetario Internacional ha hecho sobre la economía mundial para 2015. Los expertos de esa entidad consideran que habrá una desaceleración global.
El gobierno de Nicolás Maduro, sabiendo lo que se le viene encima, sugirió a los miembros de la OPEP realizar una reunión de emergencia para reducir la producción. Su iniciativa no tuvo acogida. Ni siquiera Arabia Saudita se ha pronunciado, porque, al parecer, le conviene la baja del precio por alguna razón geopolítica.
Depender del petróleo para mantener una estabilidad económica es algo que tienen que evaluar los países como México y Venezuela, porque la volatilidad de sus precios es un riesgo social que no se puede correr en tiempos difíciles.
El chavismo debería arrepentirse de seguir comprando conciencias, regalando petróleo y despilfarrando divisas como si fuera el tío rico, cuando dejó de serlo hace más de una década.
Raúl Benoit.

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