martes, agosto 27, 2013

40 AÑOS: EL MEA CULPA QUE NUNCA ESCUCHAREMOS DE BACHELET.


En su posteo del 23 de agosto, y recordando los mea culpa recurrentes y unilaterales que se han hecho en Chile en los últimos años (todos ellos de parte de un sólo sector, la derecha), Hermógenes Pérez de Arce realiza un ejercicio muy interesante: le" ayuda" a Bachelet a redactar un mea culpa propio y colocándose en el lugar de los socialistas, algo nunca hecho anteriormente (y que probablemente nunca llevarán a efecto), que paso a transcribir a continuación, como un ejercicio de política ficción que, muy probablemente, nunca verá la luz en la realidad política chilena:


"Me arrepiento y pido perdón por haber formado parte de una colectividad que propició la lucha armada entre chilenos, y que, a su turno, nunca ha pedido perdón por eso. Bueno, yo lo hago ahora y digo: 'Chilenos, perdónennos a todos los socialistas por favorecer la violencia armada, que ha costado muchas vidas y dio lugar a la intervención militar'.

"Además, confieso que en los años '70 trabajé para el MIR, grupo terrorista que también estaba en la lucha armada. Lo que dice al respecto la biografía mía de Andrea Insunza y Javier Ortega es verdad: en los '70 colaboré para solucionar los problemas financieros del MIR y ayudaba en traslados de personas y cosas, lo que me convirtió en "ayudista", y si alguien me ha calificado así, bueno, lo tengo merecido. En este tema no paso, sino que pido perdón por haber contribuido a la guerrilla armada.

"Pero eso no es todo: entre 1986 y 1988 conviví con Alex Vojcovich, quien era vocero del FPMR, otro grupo terrorista organizado desde Cuba por los comunistas, en especial por el ex diputado Oriel Viziani, tal como relata Roberto Ampuero en 'Nuestros Años Verde Olivo'. Hoy me arrepiento y pido perdón por esa cercanía con el Frente, que mató a tantas personas. ¡Nunca más! Recuerdo que en 'El Mercurio' de 19 de junio de 2003 el coordinador del Frente, César Quiroz, junto a 'Mario', 'Pablo', 'Víctor', 'Dante' y 'Daniel', que se fotografiaron encapuchados, dijeron que yo debería sentirme orgullosa de mi pasado frentista y avergonzada de mi presente de entonces, como ministra de un gobierno de la democracia burguesa. Bueno, todo lo contrario, no me siento orgullosa sino arrepentida de haber colaborado con el Frente. Que Dios, si es que existe, limpie de mi conciencia tanta sangre derramada. Reconozco que en el tiempo de esa publicación el comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, se pasó para ayudarme y declaró en mi defensa al mismo diario: 'No se puede criticar la actividad de cualquier persona en un período de la historia del país que se quiere superar y se está trabajando en ello'. ¡Fantástico, Cheyre! Se hubieran querido esa defensa sus camaradas presos. Le doy las gracias y no diré nada del episodio de la guagua. ¿Y qué podría decir, salvo que nuestros jueces determinen ahora que llevar una guagua a un convento fue delito?

"Chilenas y chilenos: ¡nunca más! Estoy muy arrepentida y les ruego extenderme su perdón".

Nadie, en la opinión pública dominada por la izquierda, exigirá una mea culpa de parte de sus correligionarios, y ya conocemos el destino de aquellos supuestos "derechistas" que han sacrificado la verdad para ser consumida en la hoguera de la izquierda, como ocurrió en 2004 con el general Cheyre. A este respecto, son geniales las palabras de Axel Buchheister en el comentario de hoy en La Tercera:


"Pero sobre todo, lo ensalzaron (a Cheyre) por su “nunca más”, que fue un reconocimiento sin matiz de todas las culpas del pasado. Pues muchas cosas condenables ocurrieron, pero la izquierda ha eludido toda responsabilidad al respecto, pues la gran pregunta es por qué sucedieron. La respuesta es porque ellos trajeron a Chile -una democracia prestigiada y consolidada- el odio, la amenaza y la violencia como método de acción política. Tensionaron tanto el ambiente nacional, que se liberaron fuerzas que son de suyo incontrolables. Cuando el general Cheyre excluyó toda consideración a esto, le confirió a la izquierda una superioridad moral incontrarrestable, tanto que basta que señalen a cualquiera para que sea culpable. Y ahora lo señalaron a él."

DespiertaChile.cl

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