martes, septiembre 04, 2018

A 45 AÑOS DEL "ONCE".



La chilena debe ser una de las democracias bien consolidadas que cada 11 de septiembre da un pésimo ejemplo de su decadente cultura.
Hace 45 años, la ciudadanía le exigió al mundo militar que se pronunciara para expulsar del poder al totalitarismo marxista, que conducía sin freno al país hacia una dictadura comunista.

Faltan días para que se cumplan 45 años de aquello y, en este largo lapso, la odiosidad que impera en el ambiente nacional parece haber crecido en lugar de disminuir.
Incomprensible resulta esta soberana estupidez de continuar conmemorando una fecha que marca la derrota de un régimen socialista totalitario y el principio de una dictadura militar.

A raíz de una mañosa e inmoral tergiversación de la historia, manipulada por los Gobiernos posteriores al régimen militar, se borró  lo mucho bueno que éste hizo por la recuperación de Chile y se preservó aumentado sólo lo  relacionado a las violaciones de los dd.hh.

Días atrás, un reconocido historiador declaró que "la derecha no abrió la boca para ganar la batalla de las ideas sobre lo que ocurrió el 73". La suya es una afirmación acertada, porque, efectivamente, se le dejó el campo libre a la izquierda para que impusiera sus propias reglas, y éstas son las que mantienen al país fracturado por rencores y odios que, en vez de aplacarse, han ido en aumento.

Lo que, en rigor, debiera conmemorar la izquierda es la fecha de recuperación de la democracia. Pero en dicho trofeo no participó el PC, al no creer en un plebiscito y sólo en la vía armada. Para el partido, por no ser protagonista, ese histórico episodio no cuenta.

Mientras estuvo con vida, Augusto Pinochet fue el único y gran argumento que le sirvió a la izquierda para rearmarse y salvar su razón de ser. Muerto aquél, pudo mantenerse en su línea de flotación gracias al uso y abuso en la explotación de los derechos humanos, el  tema coyuntural que lo copa y lo invade todo.

Hoy, los derechos humanos constituyen el justificativo para  cualquiera protesta populista y de múltiples propósitos, por insignificantes que sean. Estos 45 años  transcurridos del Golpe Militar, sorprenden a Chile en un peak de conflictos y confrontaciones, gracias a este  rico caldo de cultivo que calienta aún más la conmemoración.

Un motivo para pronosticar un ambiente político de alta temperatura es que después de cuatro años, el PC no es Gobierno y, por tanto, ahora carece de una obligada  autocontención.  En su condición de cerebro del programa de Michelle Bachelet y el que siempre "la llevó" al interior de la Nueva Mayoría sin ser mayoría, hubiera sido mal visto que articulase  manifestaciones antisistémicas.

Esta vez no tiene barreras,  y como se halla algo solo y mirado con recelo por sus ex aliados, requiere con urgencia visibilidad y sobreexposición.   Fue una de sus diputadas la gran activista para tener acusados constitucionalmente a tres ministros de la Corte Suprema y el partido  apoya el juicio -en desarrollo- de destitución del Fiscal Nacional.

Reactivó un conflicto pendiente desde el Gobierno de Bachelet: el cierre de la Universidad Iberoamericana por insolvencia económica: después de ocho meses, los alumnos cesados protagonizan violentas  protestas y tomas y copan los medios de comunicaciones con ataque a esta, siendo que las promesas incumplidas que les hicieron fueron de la anterior.

Justo en la víspera de este nuevo 'once', el movimiento feminista de la Universidad de Playa Ancha, históricamente cuna comunista, inició una huelga de hambre.

Un demostrativo preámbulo de lo que vendrá para este nuevo 'aniversario', fue el ataque de bengalas sufrido por el estadio Monumental. Nadie puede no explicarse cómo pudieron ingresar al recinto centenares de ellas sin mediar una planificada y secreta  organización previa: en el recinto estaban un ex ministro de Piñera y protagonista de la colusión del papel, Gabriel Ruiz-Tagle, y la Intendenta Metropolitana.

No hay que olvidar que fue en el anonimato de las galerías de las canchas de fútbol donde fraguaron las primeras expresiones de resistencia y desestabilización al régimen militar.

También muy cercana a este fecha que se avecina, los comuneros comunistas de La Araucanía retomaron sus ataques, destruyendo y quemando camiones en una empresa próxima a Pitrufquén. Habían depuesto sus acciones terroristas, luego de que se le permitiera a un machi condenado por asesinato salir de la cárcel para oficiar un ritual.

En un nivel menos artesanal de rebelión, justo en estos días se fortalecieron las presiones opositoras al Gobierno, exigiéndole duras condiciones para aprobar sus proyectos, como la adecuación a la reforma tributaria, el salario mínimo, la reglamentación para las inmigraciones y creció el boicot a las comisiones prelegislativas de La Moneda. Puso al Presidente contra la pared, al pedirle que hiciera obligatorio un aguinaldo equivalente a un sueldo al empresariado, un beneficio que siempre ha sido voluntario.

Como si no fuera suficiente este clima de fricción, los habitantes de Quintero y Puchuncavi exigen que el Gobierno clausure la veintena de  empresas de ese bordemar por contaminantes. Hace veinte años que los vecinos sufren los efectos de gases tóxicos, incluso durante los Gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría. Sin embargo, coincidentemente, es Piñera la única víctima hasta el momento, al sufrir una encerrona de grupos violentistas ajenos a la zona y con encapuchados tomando fotos de las detenciones policiales. Le gritaron "asesino" y apedrearon su vehículo.

Parece un contrasentido, pero todo esto es el reflejo fiel de la odiosidad política que  impera en la nueva cultura del Chile de hoy: se advierte más ambiente para conmemorar bélicamente  un año más del 'once' que celebrar patrióticamente otro 18 de Septiembre.


Voxpress.cl

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