miércoles, marzo 22, 2017

¿CUÁN AMPLIO ES EL FRENTE?


En el voluble escenario electoral que ya hemos comenzado a vivir, dos conglomerados tiran cables a tierra y tratan de demarcar territorio, de modo excluyente: la autodenominada Nueva Mayoría (¿mayoría, con un 15% de apoyo?) y el precario Chile Vamos (¿en realidad, a dónde nos quieren llevar?).

Pero en sus márgenes aparecen las fuerzas divergentes: el Frente Amplio y José Antonio Kast.

Hoy nos haremos cargo de los primeros.

Es desagradable, pero hay que reconocer que, dentro de las patologías sociales que cada treinta o cuarenta años asuelan la República, el Frente Amplio muestra todas las características que permiten catalogarlo como un virus de alta peligrosidad. Y si alguien lo mira en menos, se contagiará, de puro tonto.

Su capital simbólico integra a las superestrellas de las encuestas -Jackson y Boric-, a los superhéroes de la gestión -Sharp en Valparaíso- y a los superhombres del futuro -Alberto Mayol, como candidato presidencial-. El imaginario es denso, atractivo, cautivante. Hay caras y barbas, miradas y voces con sabor alternativo, algo así como un revival de la Nueva Canción Chilena, del cine de Littin y de la grotesca estética de la Ramona. Por algo el concejal que Sharp mandó a la celebración de los 200 años de la Armada lució junto a su boina roja una polera allendista, todo enmarcado en una desafiante sonrisa de triunfador. Superhéroes, superhombres.

Su base conceptual es la construcción de una nueva hegemonía. En el piñerismo ni sospechan lo que eso realmente significa. Creen que si se logra retomar la senda del crecimiento, el país está salvado. En fin. Jaime Bellolio lo ha entendido, con independencia de que se equivoque en otras cosas. En eso, acierta. Acierta en que el Frente Amplio nos presenta un proyecto tan antiguo como Gramsci, tan actual como Gramsci.

Su electorado potencial es ilimitado. Los menores de 40 años -empedernidos gozadores de derechos y refractarios a la noción del deber- bien podrían acudir en masa (ya lo hicieron en Valparaíso) para marcar preferencias por los súper. Son los ilusos vestidos de idealistas, todos esos que mientras no maduren apoyarán a este o aquel ícono, para que les otorguen por magia lo que ellos no quieren procurarse mediante el diario esfuerzo. Y no faltará algún cura que les diga que esa es la ruta de la auténtica solidaridad.

Su posible candidato, Alberto Mayol, sabe estudiar, comunicar y cautivar. Quizás Fernando Atria esté a estas alturas muy arrepentido de no haber explorado esta opción, en vez de haberse involucrado en los laberintos del socialismo formal. Pero da lo mismo, porque ¿Mayol o Atria podrían llegar a dirigir, a gobernar, sin echarlo todo, todo a perder?

Y finalmente, ¿cuáles son sus rivales más directos? En realidad, el Frente Amplio apenas los tiene. El Frente Amplio es otra cosa. No le va a competir al comunismo, porque el elector comunista se levanta comunista, desayuna comunista, trabaja comunista, se acuesta comunista. Sí podrá quitarle electores a un ME-O revenido por su triple participación. Pero, masivamente, el elector del Frente Amplio será otra cosa, esa otra poca cosa que anda dando vueltas por ahí, por los márgenes de la abstención. Esos ego-ciudadanos que desde el animalismo o el indigenismo, bajo la mirada ecologista profunda o sexualista, podrían ilusionarse con los jóvenes súper. El Frente Amplio es alternativo, tan alternativo como fugaz.

Un capital simbólico atractivo, una ideología puntuda, un electorado potencialmente enorme, un candidato vital, unos rivales muy autodeterminados por sus propias limitaciones. Todo eso le da al proyecto de esta nueva izquierda un posicionamiento muy interesante.

Gonzalo Rojas S.

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