lunes, octubre 24, 2016

LA NUEVA MINORÍA.


Una derrota dura e inobjetable, que dejó a la centroderecha en una posición expectante y al oficialismo al borde del precipicio. En rigor, contra todos los pronósticos gubernamentales, Chile Vamos obtuvo al final más votos en alcaldes y en concejales, así como también un mayor porcentaje de población gobernada por autoridades del sector. A su vez, la Nueva Mayoría perdió las principales disputas emblemáticas de la Región Metropolitana, entre ellas, Santiago, Providencia, Maipú y La Reina. En paralelo, RN y la UDI se mantuvieron al frente como las colectividades más votadas, en un escenario global donde la abstención se alzó sobre un preocupante 65%.
El gobierno y la Nueva Mayoría fueron, sin duda, los grandes derrotados de la jornada, un día negro que se vio reflejado en el abatido semblante con que el ex Presidente Ricardo Lagos decidió ser el primero en salir a reconocer el fracaso. Un gesto que, de algún modo, resumió la proyección política de los números plasmados en las urnas y, sobre los cuales, se deberá empezar ahora a intentar recomponer un proyecto, una coalición y un estado de ánimo para encarar los desafíos que se inician, precisamente, a partir de estos resultados. Ricardo Lagos puso el rostro a una derrota en el mismo instante en que el ex Presidente Piñera vestía con su sonrisa la victoria de su coalición; dos gestos que fueron la simbología profunda de las condiciones en que los principales bloques políticos comenzarán a desplegarse hacia las elecciones presidencial y parlamentaria del próximo año.
La lógica indicaba que un gobierno cuya popularidad se ha movido durante este año en torno al 15-20% no podía salir airoso en una batalla electoral, pero dicha proyección fue constantemente desestimada por las autoridades y personeros del oficialismo. En los hechos, eso fue exactamente lo que ocurrió: la Nueva Mayoría terminó obteniendo una cifra cercana al 47% en concejales, de la población que fue a votar (un 35%), es decir, en torno a un 13% del total. Una cifra aún menor al 15% de apoyo que el gobierno tuvo en la última encuesta del CEP, y que fue desestimada y ridiculizada por el actual ministro del Interior.
En definitiva, el gobierno y la Nueva Mayoría vieron confirmadas en las urnas las altas cifras de rechazo a su gestión, que mes a mes y semana a semana el país viene constatando. Una impopularidad a la que se buscó negar relevancia, para insistir en un camino de reformas mal pensadas y peor implementadas. Al final del día, el oficialismo terminó de cosechar ayer las consecuencias de una larga y lenta siembra política, de su soberbia ideológica y el desprecio por el sentido común de los ciudadanos. Un resultado que tendrá poco tiempo para intentar revertir y, quizás lo más grave, para el que no parece tener ni el diseño ni la convicción unitaria que urgentemente necesita.
Max Colodro.

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