miércoles, agosto 03, 2016

LA ARAUCANÍA Y EL CASO DE COLOMBIA.



LA SEMANA pasada el Comité Ejecutivo de la Sofofa sesionó en La Araucanía, con miras a relevar la grave situación por la que atraviesa la región debido al llamado conflicto mapuche. Es valorable que se instale la preocupación del sector privado por la postergación que ha sufrido la región y que hoy, como consecuencia de un grave conflicto que se extiende en el tiempo, mantiene a la zona -según la Casen del 2013- con los mayores índices de pobreza del país (27,9%) y con los niveles de ingreso promedio más bajos (33% menos que la media nacional).

Sin embargo, llamó la atención la postura de algunos de sus dirigentes, al poner como ejemplo los acuerdos de paz entre el gobierno de Colombia y las Farc como paradigma para la solución del conflicto en La Araucanía. Por tratarse de fenómenos de naturaleza muy distinta, la comparación parece desproporcionada y probablemente no se orientará bien a buscar soluciones al conflicto en La Araucanía. Las Farc constituyen una organización paramilitar  jerarquizada, con más de medio siglo de existencia, y que protagonizó un conflicto que dejó como saldo 220 mil muertos, 25 mil desaparecidos y casi 30 mil secuestrados, según un informe elaborado por el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia.

Si bien algunos grupos que operan en La Araucanía utilizan tácticas de amedrentamiento similares a este tipo de guerrillas, su escala es mucho más acotada -aunque no por ello menos peligrosa- y su presencia responde a visiones radicalizadas que no representan a la gran mayoría del pueblo mapuche. Por ello, asimilar a este conflicto una figura como los “acuerdos de paz” colombianos resulta erróneo, pues no hay una guerra entre un grupo y el resto del país, sino problemas de reconocimiento y reivindicaciones ancestrales por tierras, cuya solución es compleja y pasará por un acuerdo político a gran escala, pero de un alcance distinto al caso colombiano. Con todo, es positivo que la dirigencia empresarial se involucre en las grandes discusiones, potencie el diálogo y busque contribuir al debate de fondo.

Editorial La Tercera.

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