viernes, agosto 19, 2016

BACHELET GO.



En 2010, las doncellas ofendidas rasgaron vestiduras porque el entonces Presidente Piñera decidió postergar el proyecto energético de Barrancones, entre otras razones, por la presión ejercida por grupos de interés en redes sociales. De hecho, el mandatario anunció la decisión vía Twitter, con falta de ortografía y todo –era que no– asegurando el cuidado de “Punta Choros, Isla Damas y Gabiota” (sic).
En seis años el retozo entre el ejercicio del poder y la presión de grupos de interés ha superado todos los límites de la realidad. La Presidenta Bachelet, que compuso su programa en base a reformas estructurales fomentadas por sectores concretos de la ya desahuciada Nueva Mayoría, hoy –con el apoyo de solo uno de cada cinco chilenos– ha decidido salir a la calle a capturar oportunidades que se vayan exhibiendo de manera llamativa. La máxima autoridad del país y su moribundo gabinete, intentan capturar pokemones guiados por el peligroso diagnóstico del termómetro callejero.
Un gobierno que, al final de cuentas, no ha logrado concretar íntegramente ni una sola de las grandes reformas anunciadas, ha decidido asomarse a la calle y perseguir de manera desesperada un aumento en su puntaje, a cualquier precio y lanzando pokebolas a diestra y siniestra.
La última criatura atrapada por la Presidenta ha sido la anti AFP, que en pocas horas modificó radicalmente el discurso del Ejecutivo respecto de la necesidad y urgencia de abordar la reforma del sistema de ahorro previsional de los chilenos.
Como si no hubiera suficientes flancos abiertos, la autoridad decide escuchar los descargos emocionales de la calle, crear el enésimo comité de expertos y abrazar una nueva causa gelatinosa que juguetea peligrosamente con el futuro de muchos, si no todos, los chilenos.
Para colmo, se toman con descrédito las sugerencias del artífice del actual sistema de previsión, como si fuera alguien que está improvisando. Es un hecho, reconocido por todos, que el sistema de AFP necesita ajustes –más que mal han pasado tres décadas y el país es otro–, pero, ante semejante cirugía, dejar a un lado del debate a José Piñera –caiga como caiga su arrojo– y ridiculizarlo porque habla de Mercedes Benz y Capillas Sixtinas es volver a caer en la trampa de darle solo protagonismo al que hable con slogans coloridos.
La obsesión por atrapar pokemones traslada al Ejecutivo a una realidad paralela, en la cual quien tiene más seguidores en las redes sociales vale más que el que ha dedicado años a estudiar el asunto; el que grite más fuerte es más atendido que el que piensa más profundo; el que muestre un plumaje más colorido captura la atención más que el que entregue datos fríos e incómodos.
Peligroso juego, este del ¡Bachelet Go!
Alberto López-Hermida.

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