miércoles, diciembre 30, 2015

VISITA PRESIDENCIAL Y BURGOS A DISTANCIA.


Señor director:
La Tercera.com

En un secretismo bastante inusual en la estructuración de la agenda presidencial, la Presidenta decidió visitar la Región de La Araucanía. A tal nivel llegó el hermetismo que muchos periodistas fueron -literalmente- convocados a un “viaje sin rumbo”. 

Más allá del juego de palabras, se trata de un viaje sin rumbo, porque independiente de la improvisación, seguramente con afán de evitar manifestaciones como legítima expresión del desamparo de las víctimas de la violencia, no se logra visualizar un destino claro en las definiciones políticas relativas al conflicto en La Araucanía. 

La situación de la IX Región no admite resoluciones tomadas entre gallos y media noche. Se trata del conflicto más relevante en nuestra sociedad, como lo ratifican una serie de estudios de opinión y también los sistemáticos episodios de violencia radicalizada, con repercusiones en los planos económico, político y social. 

Cuando la autoridad no tiene un norte definido prima la incertidumbre. Si algo ha quedado claro con este episodio, es que respecto del conflicto en La Araucanía, por parte de La Moneda no hay rumbo definido para un destino que debiese ser conocido: paz social.

Yasmin Zaror y Jorge Ramírez

Libertad y Desarrollo

BURGOS A DISTANCIA:

Casi jugando a las escondidas, la Presidenta Bachelet decidió finalmente visitar la región de la Araucanía; una zona que en los últimos años ha estado sometida a un creciente clima de inseguridad y hechos de violencia, revistiendo con una pesada carga lo que hoy injustamente se denomina ‘conflicto’ mapuche. Una visita presidencial que demoró casi dos años en concretarse y que debía tener entre sus prioridades los problemas de seguridad y orden público que en la actualidad afectan a agricultores, transportistas y comunidades indígenas. Extrañamente, el periplo no contó con la presencia del ministro Burgos, la autoridad política que por mandato constitucional debiera estar coordinando dicha agenda.
Difícil entender la ausencia del titular de Interior en esta actividad, como lo fue también su pública distancia de las frenéticas tratativas que en los últimos días llevó adelante el Ejecutivo para lograr la aprobación de la glosa sobre gratuidad universitaria. De algún modo, síntomas y señales delicadas que no han pasado desapercibidas, y que inevitablemente reinstalan la imagen de un jefe de gabinete desacoplado de la labor gubernamental y de la propia Mandataria.
Los precedentes no ayudan a despejar las dudas; más bien refuerzan la percepción de que Michelle Bachelet arrastra una dificultad crónica para encontrar un ministro del Interior que se ajuste al esquema y al estilo de conducción que ella impone a su entorno más inmediato. Salvo el caso particular de Rodrigo Peñailillo, las distancias y tensiones con sus jefes de gabinete han sido uno de los nudos irresolubles de la Mandataria, un factor que el último cambio de gabinete no logró mejorar en la interlocución de La Moneda con los partidos y el mundo parlamentario.
El hermetismo que rodeó este sorpresivo viaje a la Araucanía ha terminado siendo también un elemento que agrega un tono de desconcierto a la puesta en escena del gobierno. Si a algo contribuyeron estas extremas medidas de seguridad, fue a confirmar que la situación en la zona visitada no puede en ningún caso ser calificada de ‘normal’. Y si ese era el mensaje que la autoridad quería entregar al país, la ausencia del ministro de Interior lo hizo todavía significativo.
Criterios inexplicables o simple desprolijidad de última hora, que hicieron que la atención pública de nuevo se desplazara a cuestiones de forma, cuando lo relevante era poner el acento en la decisión de la Presidenta, de encarar al fin en terreno los problemas y desafíos que golpean a esa tensionada región de Chile.
Max Colodro.

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