domingo, noviembre 01, 2015

DE LOS MILITARES (R) A LOS CIVILES.



Si la mayoría de los políticos chilenos que apoyó el Pronunciamiento militar hubiese actuado en consecuencia, quizás no habría hecho falta que dirigentes de 182 organizaciones de funcionarios en retiro de las Fuerzas Armadas y de Orden hubiesen tenido que reunirse para conformar una organización a nivel nacional, que les permita hablar con una sola voz.
Yo no soy político, ni soy militar; sólo soy cabo de caballería (porque hice el servicio militar-escolar) y mis vínculos con las Fuerzas Armadas se han limitado a clases, conferencias y alguna breve asesoría. Tampoco fui nunca funcionario del Gobierno militar. O sea, podría estar ahora contemplando el drama de los uniformados (R) desde mi consolidada posición universitaria y profesional, sin involucrarme para nada, como lo hacen tantas personas que todos conocemos.
(Bueno, eso de “sin involucrarse” debe ser matizado, porque uno de los deportes bucales favoritos del chileno de mi generación es destrozar a los uniformados (R) a punta de los mismos adjetivos y verbos que antes solían utilizar contra las izquierdas marxistas y que quizás ahora vuelven a dirigir contra ellas y contra los delincuentes comunes. Es esa gente que habla para oírse, liberarse de responsabilidades y validarse en grupos de referencia donde todos tienden a pensar como ellos).
Retomemos.
La organización que los uniformados (R) han constituido, pudo no haber existido jamás si los civiles hubiésemos sido responsables de nuestra profunda adhesión al Gobierno militar y la hubiésemos prolongado en el tiempo. Pero la inmensa mayoría no lo ha hecho: tantos políticos acomodaticios, tantos intelectuales olvidadizos, tantos profesionales y empresarios dedicados al dinero.
Ya que han tenido que ser los propios militares (R) los que asuman esta tarea, cuando no eran los naturalmente llamados a ella, es imprescindible que en la conciencia de muchos civiles se abra la posibilidad de que despierten, de que se sumen a su causa, de que los apoyen en todo lo que sea digno y noble y rediman décadas de frívola negligencia.
Más que un desafío para los propios militares (R) esta es sin duda alguna la última oportunidad de compromiso para los civiles que conservan aún una cierta rectitud interior.

Gonzalo Rojas Sánchez.

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