miércoles, noviembre 25, 2015

BACHELET: EL SILENCIO ANTE VENEZUELA.


Es probable que en Chile perdure la discusión sobre si correspondía o no que la Corte Suprema emitiera un fallo que, en rigor, le permite internarse en política exterior. La Corte dispuso que, a través del Gobierno, se pida a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA que se ocupe de dos presos políticos de Nicolás Maduro. Es un fallo discutible, desde luego, pero lo que está fuera de discusión es el deplorable silencio que guarda el Gobierno frente a la violación de derechos humanos en ese país. El fallo arroja luz sobre el doble discurso de La Moneda, que condena -y con razón- la violación de derechos humanos en la dictadura militar, pero calla cuando esa violación ocurre bajo regímenes de izquierda.

Políticos oficialistas simpatizantes de Maduro y los hermanos Castro alegan que una cosa es condenar la violación de derechos en Chile y otra condenar lo mismo un paso más allá de la frontera. Parece un buen argumento, pero se contradice con la aseveración de la izquierda de que en casos de violación de derechos humanos no existe prescripción ni fronteras. Implica decir: yo me ocupo de defender los derechos humanos solo de quienes piensan como yo; que otros se ocupen del resto.

Escandaliza esta indiferencia hacia las víctimas de la represión izquierdista. Los mismos que bajo la dictadura militar celebraban a gobiernos que respaldaban la causa de la libertad en Chile, optan hoy por el silencio ante Maduro. Por eso resultó fallida la declaración de Heraldo Muñoz en Filipinas: anunció que el Ejecutivo no comenta decisiones de otro poder del Estado y después guardó silencio sobre el tema de fondo, la represión, como si el fallo se refiriese a un caso puntual en Noruega. La Moneda guardó su voz para ignorar a los sin voz: Leopoldo López y Daniel Ceballos. No es un hecho aislado: Bachelet se las arregló este año para no recibir a las esposas de López y de Antonio Ledezma, otro preso político, cuando vinieron al país.

¿O Bachelet actuó más bien con la prudencia que debe exhibir un Mandatario, para beneficio de su país, en su relación con otros estados? ¿Constituye tal vez una injusticia criticar su silencio y no descubrir en él un recurso para evitar que, junto a las tensiones con Bolivia y Perú, emerjan otras con Venezuela? Aquí ayuda la memoria: en su viaje a Alemania en 2014, Bachelet no mostró prudencia ante el Presidente Joachim Gauck ni la Canciller federal, Angela Merkel. Mientras agradecía allá la acogida de chilenos en 1973 por ambos estados, uno dictatorial, otro democrático, puso en pie de igualdad a la ex Alemania Occidental y la extinta RDA. Bajo el manto de la "gratitud", equiparó a dos estados disímiles. ¿Error, audacia política? Creo que Bachelet no conoce a Gauck ni a Merkel, evangélicos que sufrieron la intolerancia de la RDA, y que hirió la sensibilidad especialmente de Gauck, cuyo padre fue condenado por la RDA a trabajos forzados en Siberia, algo a lo que el Presidente se refiere con gran dolor en sus memorias. Merkel, que vivió en la RDA muchos más años que Bachelet, es diáfana: "la RDA fue todo menos un Estado de Derecho". Supongo que Evo Morales, al que le fue bastante bien en su reciente visita a Merkel, tuvo la prudencia de no ensalzar ante ella el socialismo de la RDA.

Pero detrás del silencio frente a Maduro se halla también la presión del Partido Comunista y de otras fuerzas más modestas, aunque influyentes en la Nueva Mayoría. Si bien sectores moderados del conglomerado critican al régimen de Venezuela, no logran que la balanza de La Moneda se incline a su favor. Los jacobinos disponen al parecer de un derecho de veto en estos casos, poder que basan en su capacidad para articular a "la calle". En La Moneda deben temer que, a la compleja situación política y económica nacional, se sume una "calle" combativa que genere la tormenta perfecta.

Pero el silencio de La Moneda obedece asimismo a una peligrosa ilusión: pensar que así se apaciguará la crítica de los gobiernos del socialismo siglo XXI hacia Chile y lo que este simboliza. Es una ilusión: la postura de esas fuerzas la definen los principios del Foro de Sao Paulo, máxima instancia coordinadora regional de la izquierda.

Para el Foro, la integración de la "Patria Grande" pasa por el acceso soberano al mar de Bolivia. Basta con leer las declaraciones del Foro, al que pertenecen partidos oficialistas, para constatar que, guardando silencio, La Moneda no atemperará la solidaridad de los gobiernos izquierdistas con Morales.

Seguir callando ante lo que ocurre en Venezuela no reportará la tregua con la que sueña La Moneda. Fortalecerá en cambio a los sectores jacobinos de la Nueva Mayoría, envalentonará a los países con los cuales tenemos hoy tensiones y dificultará la recuperación en un futuro próximo del liderazgo "soft" de Chile en la región. La Corte Suprema sabe por experiencia propia que el silencio al final no paga.

Roberto Ampuero.

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