domingo, octubre 11, 2015

"CARROZA POR AHORA NO ME ENCARCELÓ".


Desde distintos puntos del país e incluso del exterior he recibido manifestaciones de preocupación por haber sido citado a declarar por la Brigada de Derechos Humanos de la PDI, siguiendo órdenes del ministro Carroza. Comunico entonces urbi et orbi que sorteé el trámite y quedé posteriormente libre, por contraste con numerosos uniformados que sin haber estado tampoco en el lugar de los hechos ni haber participado en ellos, purgan extensas condenas. En particular he analizado en este blog el caso del  brigadier (r) Miguel Krassnoff y del almirante (r) Raúl Cáceres, que habiendo estado, respectivamente, organizando los aspectos de seguridad con motivo del “abrazo de Charaña”, en Bolivia y asumiendo su nueva destinación en Valparaíso, fueron condenados, el primero, por la muerte de la mirista Diana Arón en la misma fecha en Santiago y, el segundo, por el “secuestro permanente” del extremista Rudy Cárcamo en Talcahuano. Como yo tampoco estuve presente en la muerte o captura de nadie hace cuarenta años, mis relaciones temían  que hubiera sido privado de libertad por el nuevo delito creado por la judicatura chilena de “no haber estado ahí” y condenado a cinco o diez años, como los oficiales antes nombrados. Afortunadamente, la citación que recibí tenía un motivo mucho más baladí, y por el momento estoy en libre plática.

          Pues el motivo de ser llamado a declarar ante la PDI, en el proceso contra civiles que sustancia el ministro Carroza, era la aseveración del abogado querellante Eduardo Contreras, en un escrito presentado en el proceso, de que en una entrevista a “La Segunda” yo me referí a un documento que en 1973 llamaba a las fuerzas armadas a poner “inmediato término” a las circunstancias que se estaban viviendo. Y el detective que me interrogó me instó, entonces, a identificar ese documento, que para Contreras era, al parecer, una prueba fehaciente del ánimo conspirativo de los civiles a los cuales persigue procesar y condenar.

          Por supuesto, sólo ilustra la ignorancia del citado abogado el hecho de que tal documento fuera ni más ni menos que el Acuerdo de la Cámara de Diputados de 22 de agosto de 1973, aprobado por 81 votos contra 47 y que demandaba de los comandantes en jefe una acción para, precisamente, poner “inmediato término a las situaciones de hecho referidas”, que eran las creadas por las ilegalidades e inconstitucionalidades cometidas por Salvador Allende y que el Acuerdo pormenorizó. Puede leerse en Google.

          Debo añadir que en 1973 y en mi condición de diputado, me cupo la honrosa tarea de colaborar en la preparación del texto del Acuerdo, cuyo inspirador y redactor principal fue el ex ministro Enrique Ortúzar Escobar. El borrador redactado por él fue corregido, primero, por el senador Francisco Bulnes Sanfuentes y, posteriormente, por el senador y a la sazón presidente de la DC, Patricio Aylwin Azócar, estrechamente asesorado por el diputado Claudio Orrego Vicuña. Posteriormente fue sometido a la Cámara, que lo aprobó por el margen de votación señalado más arriba.

          Todo el mundo estuvo de acuerdo en que ese instrumento fue un llamado de la mayoría democrática a deponer a Allende, no obstante lo cual mi colega diputado y amigo Bernardo Leighton, tras haberlo votado a favor, no tuvo inconveniente, después del once, en suscribir un documento de trece (y sólo trece) democratacristianos oponiéndose al pronunciamiento.

          Entregada esta explicación y otras a los funcionarios de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI, quedó satisfecha la inquietud del querellante Eduardo Contreras, que seguramente, a raíz de ello, ahora deberá hacer extensiva su querella contra todos los civiles que votaron a favor el Acuerdo de la Cámara y quienes preparamos su texto, siempre que estemos vivos, que es el caso de don Patricio Aylwin y mío. Ambos entonces diremos, como debe estarlo haciendo el ex Comandante en Jefe, general (r) Juan Emilio Cheyre hoy, también finalmente alcanzado por el brazo prevaricador de la justicia de izquierda, "no preguntes por quién doblan las campanas, porque están doblando por ti".

Hermógenes Pérez de Arce.

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