martes, julio 21, 2015

LEOPOLDO LÓPEZ Y SU GESTA POR LA DEMOCRACIA DE VENEZUELA.


Las elecciones decembrinas pudieran definir el destino de Venezuela –y el de toda América Latina.

El cambio ya tiene fecha. Aseveración y profecía escrita de puño y letra por uno de los líderes más admirados del mundo democrático: Leopoldo López. Desde un calabozo militar cubierto de tinieblas, despojado de su libertad, de su familia, de su partido y de su país, el preso político halla vigores e inspiración para dar aliento a su dolido pueblo “por la convicción de lo justo, de las razones que nos llevaron a asumir esta protesta”, escribió al anunciar días atrás su atinada decisión de poner fin a la huelga de hambre.
Lánguidas y pesadas, sus cuatro semanas de clamor –de él y de un centenar de huelguistas–, han logrado notables avances como el anuncio de la fecha de las elecciones parlamentarias para el próximo 6 de diciembre, una valiosa oportunidad a fin de aminorar el sufrimiento de la sociedad venezolana, provocado por un despótico régimen que dejó en ruinas y aislamiento a una nación otrora pudiente, feliz y abierta al mundo. Pero aún no canten victoria, alertó el dirigente de Voluntad Popular en la misiva divulgada por su tenaz esposa: “Queda camino por recorrer en esta lucha por conquistar la democracia que finalmente lleve a todo nuestro pueblo por un camino de paz, bienestar y progreso”.
Paz, bienestar y progreso, empero, son temas ausentes en el incendiario discurso del mandatario Nicolás Maduro, una mala sombra sin conciencia cuya única destreza es apelar a teorías conspiratorias y arremeter contra los opositores, la prensa, los defensores de los derechos humanos y la comunidad internacional. Esta semana no tardó en amenazar, de sufrir una derrota su famélico Partido Socialista Unido de Venezuela, con lanzarse él mismo a la calle junto con el “pueblo” para “defender la revolución”.
¿De cuál pueblo hablará? ¿Del que carece de comida, papel higiénico y medicamentos? ¿O del que afronta una calamidad económica? ¿De aquel que exige una urgente transición democrática? ¿O de aquel que agoniza a raíz de la violencia callejera, el crimen y la sensación generalizada de inseguridad?
Hace 16 meses, el régimen de Maduro encarceló a López, sin las debidas garantías procesales, por convocar a una manifestación pacífica por las depauperadas calles de Caracas. Pero ahora es él quien exhorta a las masas cegadas por el chavismo a alistarse para desatar un proceso de confrontación en esas calles que ven derramar contra sí, diariamente, lágrimas, sudores y sangre de un pueblo explotado y oprimido.
Afortunadamente, ni los barrotes, ni las mordazas, ni tener el oficialismo como perritos falderos a los jueces, los funcionarios electorales y los militares, han logrado opacar al líder opositor. Sucedió todo lo contrario: la figura de López se proyecta luminosa, más que nunca, como la de un héroe, mientras que la de Maduro ensombrece como la de un monumental fracasado.
Si bien la huelga de hambre puso en peligro su vida, el sacrificio mereció la pena por los palpables resultados: comicios legislativos con fecha y observación electoral calificada; mayor conciencia entre la oposición de que en su seno ha de prevalecer la armonía; solidaridad más consistente de la comunidad internacional. Su esfuerzo –el suyo y el de cientos de miles de venezolanos deseosos de recuperar la patria que hace mucho les fue hurtada– se coronará ese día cuando despunten la justicia, el diálogo y la paz. Las elecciones decembrinas pudieran definir el destino de Venezuela –y el de toda América Latina.


El Nuevo Herald.

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