domingo, abril 19, 2015

EL TURNO DE PEÑAILILLO.


El reconocimiento del ministro del Interior de que recibió pagos de la empresa de Giorgo Martelli -la misma que está siendo investigada por el caso Soquimich- parece ser la gota que rebasó el vaso que ponga una lápida sobre la incipiente carrera política del joven Peñailillo. Quien fuera considerado el hombre fuerte de Bachelet, vive sus momentos más duros.
Peñailillo ha intentado defenderse. En una declaración, donde se mostró visiblemente nervioso, señaló que como cualquier profesional joven, debía trabajar para ganarse la vida, y que los pagos corresponden a su calidad de ingeniero y magíster de análisis político de la Universidad Complutense -dato innecesario-, por lo cual realizó diversos informes sobre las enseñanzas de la crisis financiera internacional, las políticas económicas y sociales aplicadas y el mercado del trabajo, lo que da cuenta de la variedad de temas donde el ministro es experto. Y todo esto en cuatro meses, un verdadero récord de consultoría.
La cosa huele mal. Primero, porque la empresa contratante no parece tener relación alguna con esos temas. Segundo, porque su dueño (Martelli) se define como un operador político y es un reconocido recaudador de campañas políticas. Al respecto, Peñailillo dijo que su jefe de ese entonces tuvo un rol marginal en la última elección. Pero como todo se sabe, ayer tuvo que confirmar que Martelli fue el que arrendó las oficinas del comando de Bachelet. Entonces, nada cuadra. Ni los pagos, ni los estudios. Al final, todo parece indicar que Asesorías y Negocios SpA, la empresa en cuestión, no era otra cosa que la receptora de fondos de campaña, entre los cuales estarían los de la filial de Soquimich, SQM Salar.
Para la Presidenta se trata de un golpe muy duro. Si por Caval tuvo que dejar caer a su hijo, Sebastián Dávalos, todo indica que por Soquimich tendrá que hacer lo mismo con su hijo político. Y ella sabe el costo que ha tenido ser blanda en esto. Su capital político se ha desvanecido en menos de dos meses. Seguir debilitándolo por mantener a Peñailillo, sería un error.
Todo esto, teniendo presente que la cosa no viene bien por ningún frente. En Caval, esta semana quedó claro que su hijo, contra lo declarado por su nuera, sí tuvo directa injerencia en el negocio, como lo revelan correos privados donde gestiona reuniones al respecto. El fiscal de la causa, por su parte, señaló que existen indicios de “engaño” en la operación. Por ende, la probabilidad de que Dávalos termine mal no se puede descartar. Sumarle a esto el caso de su hijo político -que seguro seguirá complicándose-, es algo que la supera.
Esta semana, los ex presidentes Lagos y Piñera manifestaron su apoyo a que la Mandataria recupere su liderazgo. Es lo que a estas alturas todos quieren. Pero, la verdad, eso ya no depende totalmente de ella. Puede intentarlo, partiendo por cambiar el gabinete, pero al final, por mucha ropa que le presten, dependerá de cuán involucrada esté su persona en los escándalos de “sus hijos”. Algo que por ahora sólo ella lo sabe. Pronto lo sabremos todos.

Andrés Benítez.

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