martes, marzo 24, 2015

POPULISMO DE EXPORTACIÓN.


En los últimos años, los fenómenos populistas han tomado especial relevancia en Latinoamérica. Han invadido nuestra región con autoproclamados gobiernos revolucionarios que llegan a imponer un mismo esquema: Anular paulatinamente a la oposición, corromper las instituciones, sobornar o censurar medios de comunicación y lo más grave, imponen un desbalance ante el  necesario  y casi olvidado por muchos,  equilibrio que debe existir entre los poderes del Estado para defender una democracia real.
Este esquema que llega lleno de júbilo y promesas de un mesías lleno de “folclor”, carisma y  aires de cambio. usando un discurso que promete poner fin a la ineficiencia de los que han estado en el escenario político hasta hoy.  Esa habilidad de autoproclamarse como salvador,  convirtiendo lentamente la figura de un Presidente, legitimado por una elección , en un caudillo que se encuentra mas allá de la ley. Al estilo de Luis XIV, termina concentrando en su persona el Estado mismo y por tanto éste sólo puede actuar de acuerdo a su voluntad e interés. Una especie de “democracia” imperial, que con un don que se contrapone al otorgado a midas, todo lo que toca lo marchita y lo destruye.
El populismo constituye aquel concepto complejo que nace de la angustia y la crisis, se alimenta de la desesperanza y se desarrolla a partir del debilitamiento de las estructuras de los partidos políticos y su falta de credibilidad ante la opinión pública. Se manifiesta de formas inesperadas, donde la constante es el falso mesías que se muestra como el salvador de la democracia, el gran reivindicador de las clases marginadas que a base de sofismas engaña a poblaciones desmoralizadas, cansadas y en dificultad, ofreciendo soluciones milagrosas a complicados problemas. Llevando a la sociedad, atontada por su encanto, al colapso. El populismo constituye una enfermedad que se extiende del mismo modo que un cáncer, que ataca silenciosamente el cuerpo hasta el punto de invadirlo por completo y asesinarlo sin compasión.
El fenómeno latinoamericano tomó fuerza en la Venezuela de fines de los años 90, bajo la figura de un militar de perfil izquierdista de nombre Hugo y de apellido Chávez, con un discurso agresivo, que alimentaba el resentimiento y la lucha de clases, que en medio de una crisis económica y el desprestigio de los partidos políticos, encontró el caldo de cultivo ideal para forjarse y tomar fuerza entre las bases populares y ante la mirada impávida y muchas veces complaciente de gran parte de la dirigencia del país.
Chávez ganó las elecciones en 1998, inició su revolución bolivariana implementando un “nuevo socialismo” de corte cubano, posicionó el modelo a partir del despilfarro la renta petrolera. Se vivía la mayor bonanza en los precios de crudo de la historia, y regó a base de la chequera de Venezuela su revolución por todo el continente, comprando aliados y aterrando detractores.
Mientras algunos pensaban que era un problema coyuntural, que el impacto sería momentáneo, que Venezuela jamás seria Cuba y que Chávez no sería Fidel, el dictador aceleraba su revolución y profundizaba su régimen, cercenando derechos civiles, aplastando a la oposición y a las instituciones democráticas.
Se han cumplido 16 años de chavismo y Venezuela con Nicolás Maduro, su nuevo dictador y heredero político de Chávez, se parece cada día más a la Cuba de Fidel, con un sistema corrupto, abusador y asesino, que clausura medios de comunicación, mata estudiantes, encierra contradictores y desangra al Estado. Un sistema que se niega a caer y promete sangre y dolor antes que reconocer su fracaso. Todo esto mientras sus amigos del continente guardan un silencio cómplice.
El colapso no ha sido causa para que el chavismo renuncie a su naturaleza expansionista, y lo que parecía ser un problema de América latina o de países subdesarrollados, superó las fronteras, y se manifestó en Europa, bajo la presentación del movimiento “Podemos” en España, fundado por Pablo Iglesias, cercano asesor de Chávez. Este fenómeno que surge como la sorpresa electoral en el país Ibérico, aparentemente financiado desde venezuela y con un discurso cargado de odio, resentimiento y agresividad contra el bipartidismo, se alza como “la voz del pueblo” e incluso como una opción real para ganar las elecciones y así implementar un régimen similar a los que Europa conoció décadas atrás pero que parece haber olvidado.
De ganar “Podemos”, el populismo engendrado por Chávez habrá logrado superar el Atlántico y germinar en Europa, habiendo ya contaminado Latinoamérica y el Caribe, se dispone, tal como sucedió en 1998 en Venezuela, a sorprender a un pueblo confundido y agobiado por la crisis y llevarlo a un punto de difícil retorno, donde la miseria y el totalitarismo constituyen el menú del día.
Lo cierto es que gracias al chavismo, el petróleo pasó a un segundo plano y hoy por hoy el populismo es el primer producto de exportación venezolano.

David Valencia Campo.

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