miércoles, enero 21, 2015

¿HAY OTROS LIDERAZGOS?


En el medio de esta crisis de confianza en el liderazgo de Pedros, Juanes y Diegos, dentro del maremágnum de noticias que día tras día implican –aunque sólo sea a veces comunicacionalmente– a conocidos dirigentes en esto o en aquello, ¿qué se puede hacer?
Irse a vivir a Malta, me decía un buen amigo porque, según él, ahí se pagan pocos impuestos y hay una universidad de categoría; una.
Quedarse en Chile, digo yo. ¿Quedarse? No, perdón: involucrarse en Chile, mejor.
Los Pedros, Juanes y Diegos enfrentarán juicios, perderán activos económicos, políticos y simbólicos, percibirán la molestia de tantos que los admiraban o seguían, continuarán pasándolo mal. En ese sentido, el duro camino que comienzan a transitar podría ser interpretado por todos los observadores desde la comodidad: mejor no asumir tareas de liderazgo público si es tanto el riesgo que se corre.
Mala interpretación o, desde otro punto de vista, buena interpretación.
Mala si se piensa y repite que por definición el poder corrompe; mala si se sostiene que como en lo público todos roban, mejor dedicarse a lo privado, como si nadie lo hiciera en la cartera de la mamá.
Pero, buena interpretación, si el riesgo resulta ser la señal del valor que tiene conducir a otros en la búsqueda del bien común, si el riesgo es la marca de la grandeza del servicio público. Correr el riesgo de lo superior, de lo más noble, es la adrenalina que lleva a algunos a decidirse por liderazgos que los comodones recomiendan no asumir.
Por eso, hay que estar atentos para reforzar a los Ricardos Sande y Erikas Muñoz, a los Ignacios Sánchez, y Federicos Valdés, a los Juan Pablos Swett y Rodrigos Orellana, a los Danieles Mansuy, Pablos Ortúzar, Axeles Kaiser, Julios Isamit y Diegos Schalper, a los Thomas Leisewitz y Jorges JaraquemadasŠ cada uno con sus cadaunadas, cada uno con sus méritos y algún defecto que tendrán.
Desde diversos mundos sociales habrá que ir ayudando a la consolidación de ésos y otros muchos liderazgos, con los matices que cada uno ofrece. Ahí y están y hay que agradecer su presencia con respaldos verdaderos.

Gonzalo Rojas Sánchez.

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