sábado, febrero 08, 2014

UN PASTOR CONSTITUYENTE.


A media tarde del último domingo electoral, hacia las 16 para ser más exactos, comenzó a desplegarse en mi local el operativo de los activistas por la Asamblea Constituyente.
Primero llegó una mujer de unos 30 años que instaló un par de mesas en el patio central del Insuco, junto a los apoderados de Matthei y Bachelet. Ahí desplegó camisetas con el estampado “Marca AC”, lápices a pasta, dos o tres suculentas tortas y las necesarias bebidas. ¿De dónde salieron las mesas y las sillas? Obviamente se las proporcionó el local, aunque el grupo no tenía personería alguna. ¿De dónde salió el financiamiento? La Trasparencia está esperando.
Al poco rato, media docena de jovencitas de aspecto universitario y uno que otro individuo algo mayor se hicieron presentes. Todos serenos, sin agresividad, barrio alto visible, planillas en mano, recorrieron primero nuestras salas para reconocer sus puntos de trabajo y después se congregaron –ya una docena– para la necesaria ingesta de azúcar sólida y líquida: los diez minutos que iba a durar en cada mesa el escrutinio requerían de energía proporcional.
A esas alturas, un par de las neoconstituyentes lucía ya su polerita rupturista. A pesar de que se hicieron dos gestiones con poderes presentes, nadie les indicó que no está permitido llamar a votar en un sentido u otro o a marcar el voto así o asá. Es cierto que en esos momentos la frecuencia de electores era uno-por-hora-mesa, pero el punto es otro: simplemente el equipito de los activistas comprobó lo fácil que resulta vulnerar el ordenamiento cuando no hay voluntad de defenderlo.
Queda para el final de este relato, literalmente, la guinda de la torta. Efectivamente, parece que esa sabrosa frutita le tocó al sacerdote jesuita Rodrigo García, quien formaba parte del grupo que a minutos de la apertura de las urnas tomaba tecito ante la envidia de los que estábamos ahí desde las 7.45 am.
Con visible cuello romano, el padre Jordi actuaba como “observador ciudadano” y, por cierto, después al igual que sus jóvenes colegas, como celoso contador de votos marcados con AC. Es probable que de los cien escrutados en su mesa, haya tenido que hacer una media docena de marcas en su planilla. Así de ardua fue la tarea para otro respetuoso individuo, quien realizó esa misma labor en la mía.
El domingo pastoral del padre Jordi, en todo caso, había contemplado otras acciones de igual trascendencia para el bien de la fe y de la vida cristiana, ya que la prensa nos cuenta que antes del Insuco “el sacerdote llegó hasta el Estadio Nacional donde conversó con electores a quienes los invitó a marcar AC en la papeleta presidencial”, actividad igualmente ilegal.
Me preocupa lo que pasa en mi país”, afirmó, y agregó que “me parece una propuesta ciudadana legitima y necesaria, dado que no hay canales institucionales formales para realizar la consulta; es importante que los ciudadanos sean consultados sobre materias que les competen, en este caso la Constitución. (…) Esto es una necesidad fundamental del país que es replantearse desde la sociedad cuáles son sus estructuras fundamentales, sobre la base de un consenso entre las distintas fuerzas políticas y sociales”, concluyó.
¿Habrá sido éste también el tema de la homilía dominical del padre Jordi? Si así fue, ¿habría permitido que un fiel presente pidiera la palabra para expresar en el mismo recinto la necesidad de distinguir responsablemente entre quienes deben realizar tareas pastorales y quienes están habilitados para plantear opciones políticas?
Nota: Quienes quieran leer mi trabajo “Asamblea Constituyente: ¿Golpe de Estado? Una evaluación política y jurídica”, pueden descargarlo en el siguiente vínculo (descargar).
Gonzalo Rojas Sánchez.
VivaChiler.org

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