miércoles, noviembre 20, 2013

EL CHÉ QUE NO CONOCEN LOS CUBANOS.



Cuando los oficialistas hablan del Che, hacen hincapié en lo que ha servido de sostén ideológico a los gobernantes cubanos. Pero hay muchos aspectos oscuros de su personalidad que no se mencionan.
Su papel en la fortaleza de La Cabaña posiblemente sea la etapa más tenebrosa de su corta vida. He leído varios testimonios sobre ese momento, algunos de personas que entonces militaban en el ejército rebelde. Resulta innegable que los juicios que allí se celebraron no fueron justos. Los abusos, la ligereza con que se aplicó la pena de muerte y la inequívoca parcialidad de los tribunales, han resultado una mácula en la historia del país.
Obviamente, cada vez que se publicaba alguna denuncia, los voceros del régimen decían que era mentira. Por suerte, hace ya varios años que esa estrategia, copiada de Goebbels, no es eficaz. Si tuviéramos acceso a las estadísticas nacionales, comprobaríamos que hasta que el gobierno proclamó la moratoria en la aplicación de la pena de muerte, Cuba fue uno de los países que más aplicó esa sanción en el mundo, si no el que más, si nos atenemos a la proporción por número de habitantes.
Precisamente, la estancia del Che en La Cabaña fue el período con la mayor cantidad de ejecuciones, algo que incluso provocó la protesta de la comunidad internacional.
Se nos inculcó que fuéramos intransigentes ante lo mal hecho, honestos, solidarios, austeros, desprovistos de todo egoísmo, como –según Fidel Castro– había sido el Che. Por su trascendencia, esta faceta suya resultó doblemente incómoda para la burocracia del partido. Por una parte, los ponía contra la pared. En una ocasión, el Che dijo: “Contrarrevolucionario es aquel que lucha contra la revolución, pero también es contrarrevolucionario el señor que valido de su influencia consigue una casa, que después viola el racionamiento, que después tiene todo lo que no tiene el pueblo y que lo ostenta o no lo ostenta pero lo tiene”.
Según esa frase, tenemos que concluir que el propio Che era contrarrevolucionario, pues a él mismo no le costó ni un centavo de su bolsillo la mansión que tuvo en Tarará, la cual, todavía hoy, es un museo dedicado a su memoria. Igualmente, el Comité Central del Partido, los comités provinciales y municipales y todas las instancias del gobierno están llenos de contrarrevolucionarios.
La insistencia de los dirigentes para que los jóvenes sean intransigentes ante lo mal hecho, honestos, austeros y solidarios, no ha sido más que pura demagogia. Cada vez que algún joven o ciudadano ha actuado en congruencia con ese llamado, recibió el sambenito de conflictivo, la separación de la UJC o el partido y el cerco del más inicuo de los ostracismos, algo que se comenzó a percibir en la sociedad cubana desde los primeros años de la década de los sesenta del pasado siglo.
¿Cómo es posible que ahora el general de ejército Raúl Castro pida al pueblo un papel activo, intransigente, cuando la llamada dirigencia histórica de la revolución jamás adoptó medidas eficaces para enfrentar un mal que se diseminó y dañó hasta la raíz la confianza de muchísimos cubanos? La población, al percatarse de que una cosa era lo que se decía en los discursos y otra la que ejecutaba con total impunidad la burocracia partidista y gubernamental, optó por la simulación como forma de sobrevivencia. Por eso, aunque no crean en algo que dejó de ser revolución para convertirse en estancamiento, hoy hay más revolucionarios en la disidencia que en las filas del partido único.
Otro aspecto casi desconocido del Che han sido sus anotaciones críticas sobre lo que fue el llamado socialismo real. Sólo a partir del 2011, cuando se cumplieron 44 años de su asesinato en La Higuera (9 de octubre de 1967), se ha hablado sobre esto. Según algunos artículos de la prensa oficialista, tales anotaciones serían publicadas, pero al parecer la cantidad de ejemplares –si realmente llegaron a publicarse– ha sido tan escasa como su resonancia en los medios del país. ¿Cómo es posible que si el régimen cubano siempre presentó al Che como un paradigma de revolucionario, el hombre que, según Fidel Castro, murió “sin una sola mancha en su conducta”, mantuviera tanto tiempo en secreto estas anotaciones? Sobre sus últimas horas, se nos ha dicho que fue apresado porque un disparo le rompió el cañón de su fusil. Pero en el libro Diana ha regresado y otros cuentos, del ecuatoriano Pedro Jorge Vera –escritor de izquierda y admirador del Che–, justo en el relato Los mandamientos de la ley de Dios, se afirma que antes de ser apresado, el guerrillero gritó: “! Valgo más para ustedes vivo que muerto!”, y que luego se lo llevaron, cojeando, apoyándose en dos soldados. El castrismo jamás informó eso al pueblo. Como también se cuidó de publicar las fotos tomadas al Che inmediatamente después de su muerte, donde en vez de la aureola mística que siempre le han querido endilgar, se aprecia el rostro de un hombre triste, vencido por las circunstancias.
Roberto Quiñones Haces.
VivaChile.org

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