viernes, octubre 04, 2013

LO QUE NO NECESITAMOS.

Nada más peligroso para el país que "esa combinación entre una derecha sin carácter y una izquierda radicalizada" escribe en El Mercurio, el columnista Axel Kaiser.

Comentando un libro del historiador Víctor Farías Soto ("Salvador Allende: Antisemitismo y Eutanasia", 2005), titulado "Ricardo Lagos y el Chile Nuevo" obra escrita a propósito de los 40 años del 11 de septiembre de 1973, nos alerta sobre el futuro.

Farías con el escrito de hace ocho años, despertó no solo polémica por el novedoso ángulo desde el cual abordó el pensamiento profundo del mandatario de la UP, sino que además provocó la ira de la izquierda, al momento que el historiador desnudó el bronce para mostrar la carne.

Ahora, el título de Farías es particularmente oportuno, para comparar al Lagos de sus inicios como político (marxista, estatizador a ultranza, partidario acérrimo del modelo cubano) y su papel efectivo en La Moneda. Así como su firma en la Constitución, la que estampa en reemplazo de la del Presidente Augusto Pinochet.

Lagos, apunta el columnista, transitó desde la izquierda más radicalizada a la renovación, para disgusto del sector extremo, el que motejó de reformista (un insulto en su léxico), su conversión a la llamada "Tercera Vía"; aquella de Felipe González, Tony Blair y de Gerhard Schröeder. Y le abrió las puertas del Club de Madrid.

Allí junto a otros 90 ex gobernantes, Lagos habla. En esa tesitura, similar a aquella circunstancia de las reformas de 2005, él recordará en sus intervenviones esa estudiada frase de "Chile puede mostrar al mundo un texto constitucional que lo hace participar plenamente de las naciones desarrolladas" evoca Axel Kaiser.

Por cierto, desde el partido Comunista, le enrostraron haber "comprado" el modelo de libre mercado. Pero para Lagos con el solo influjo de su figura,  la transición quedó cerrada. Kaiser atribuye esa evolución de Lagos a "madurez"; pudo ser necesidad. Sin embargo en la práctica su administración, caracterizada por la mediocridad, al menos no expuso a nuestro país a a la aventura revolucionaria. tal cual ocurre en  Venezuela, Ecuador o Argentina, ésta en una tonalidad distinta.

No obstante, el proyecto de Bachelet, encarna precisamente lo opuesto. Ella, en una de sus múltiples vueltas y contramarchas, declaró (03-X) que la extensión del período presidencial "es tarea del pueblo discutirlo"

Se ha dicho que, solo hacia el final de su campaña, se pronunciará sobre el espinudo tema de la Asamblea Constituyente, aquella destinada a instalar "por las buenas o por las malas" una Carta Fundamental distinta. Una de corte bolivariano, que permita desde la institucionalidad, robarle su substancia y consolidar un sistema socialista.

Kaiser dice que el período Lagos, aceptó y legitimó el "modelo" - lo cual es cierto -, lo que no quiere decir "que no sea criticable en muchos frentes" agrega, pero personificó el "consenso básico - como sostiene Víctor Farías -, en torno a un proyecto económico y social que probó ser exitoso para el país"

"Es ese consenso - explica el historiador -, el que se ha puesto en jaque con Bachelet y sus asesores" con su proyecto radicalizado.

Efectivamente, las recientes palabras de la candidata socialista que desconoce el papel del Congreso, por una directa consulta a la ciudadanía, entre otros capítulos de su programa de un populismo delirante, es precisamente lo que Chile NO necesita.

DespiertaChile.cl

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