sábado, agosto 31, 2013

HOMENAJE AL GRAL. CAROL URZÚA IBAÑEZ Y SUS 2 ESCOLTAS.

Hoy 30 de agosto se cumplen 30 años del asesinato del mayor general Carol Urzúa Ibáñez.

Hoy 30 de agosto se cumplen 30 años del asesinato del Mayor General (R) Carol Urzúa Ibáñez, Intendente de la Región Metropolitana y a través de este medio deseo rendir a él y a su chofer y escolta, Cabos José Domingo Aguayo Franco y Carlos Riveros Bequiarelli, un sentido homenaje en sus memorias. Han transcurrido tres décadas  desde que fueran vil y alevosamente asesinados por militantes del MIR, en una acción propia de estas organizaciones terroristas: A mansalva, con alevosía, premeditación y ensañamiento, sorprendiendo al aquel entonces Intendente de la Región Metropolitana a la salida de su domicilio y a los dos clases, indefensos y desarmados, sin posibilidad alguna de oponer resistencia o protegerse del ataque traicionero, ocultos en un vehículo y en los alrededores, premunidos de armas automáticas con gran poder de fuego, lo que hacía imposible escapar indemnes. 

El General Carol Urzúa Ibáñez, natural de Parral, nació el 7 de febrero de 1923, hijo de Miguel Ángel y Margot, ingresó a la Escuela Militar en 1941 y recibió sus presillas como Alférez del Arma de Zapadores en el año 1944. Casado con la Sra. María Eliana Scheggia Sánchez, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos Carol, actual Coronel de Ejército y Verónica. 

Sirvió en diversas unidades alcanzado el grado de coronel en 1973, distinguiéndosele con el mando del Comando de Ingenieros y Jefe del Cuerpo Militar del Trabajo, cargo este último, desde el cual puso en marcha e impulsó con especial celo profesional, característica esencial de su personalidad,  uno de los proyectos de integración y desarrollo más notable de nuestro país en el siglo pasado, la Carretera Austral del General Augusto Pinochet Ugarte. Ascendido a General de Brigada en 1975 asumió el mando de la I. D. E, como Jefe Zona de Estado de Emergencia e Intendente de Antofagasta, cargos en los que una vez más puso de manifiesto su gran capacidad organizativa y ejecutora. Después de servir altas funciones en el Estado Mayor General del Ejército y en el extranjero, ascendió a Mayor General en 1980, pasando a ocupar el cargo de Intendente de la R. M., en el que continuó estando en retiro, donde una vez más se destacó por su iniciativa y bríos en el desarrollo de proyectos tendientes a solucionar las necesidades más urgentes de la población precaria de la región con especial devoción, producto de su innata vocación de servicio público lo que fuere vastamente reconocido al existir hoy plazas, calles y poblaciones que han inmortalizado su nombre..

Nuestro General Urzúa, “Carolo”, como le llamaban cariñosamente sus amigos más cercanos poseía todas aquellos rasgos que requiere un buen comandante: Virtuoso, exigente …y bastante, pero consecuente y a la vez dotado de una gran simpatía y empatía; de un arraigado y profundo sentido social, sabía llegar con espontaneidad y singularidad al corazón de sus subalternos fue elegido como blanco por quienes se vestían falsamente con un aire de justicia social y que preconizaban luchar por una mayor equidad, como parte de su política de Rebelión de las Masas e hicieron uso sin embargo de la violencia, el engaño y la sorpresa para emboscar y darle muerte junto a sus subalternos que le acompañaban.

El Cabo 2º José Domingo Aguayo Franco, nació en la ciudad de Santiago en 1949. Cumplió con su Servicio Militar Obligatorio en la Fuerza Aérea de Chile e ingresó al Ejército como Soldado 1º en el escalafón de conductores de vehículos motorizados. En 1980 fue comisionado  para servir en la Intendencia de la Región Metropolitana, cargos que desempeñó como Conductor de auto Comando, dada sus sobresalientes cualidades profesionales y humanas, requisitos fundamentales para desempeñar tales actividades

El Cabo 1º Carlos Manuel Riveros Bequiarelli, nació en Santiago, el 25 de Octubre de 1952. A los 19 años ingresó como Soldado Dragoneante a la Escuela de Suboficiales del Ejército, egresando un año más tarde como Cabo2º, siendo destinado al Regimiento Blindado Nº1 Granadero. Después de servir en diferentes unidades del Ejército, en mayo de 1983 fue seleccionado dada sus relevantes condiciones profesionales y morales a cumplir servicios en la Intendencia de la Región Metropolitana.

A ambos suboficiales, el 17 de octubre de 1983, el Ejército de Chile les otorgó la Medalla al valor Post Mortem por al acto de valor demostrado al tratar de repeler el ataque extremista dirigido contra el Intendente de Santiago, pese a la abrumadora superioridad de fuego de sus atacantes

En las circunstancias presentes, en que actores de la vida nacional, los unos por ignorancia o por no haber vivido épocas pretéritas y los otros, por conveniencia o por ingratitud, los más, omiten o desvirtúan las causales remotas que dieron origen a una de las más graves situaciones de violencia generalizada y de caos político, social y económico que ha conocido nuestra historia, con el propósito de instaurar por la fuerza un sistema ajeno a nuestro institucional vigente, vulnerando y quebrantando el estado de derecho, despertando así el repudio de la inmensa mayoría de la nación, avalado entre otras, por la categórica declaración de uno de los poderes del Estado, en relación con la imposibilidad moral y política del Presidente Constitucional ante el quiebre del orden jurídico y de trasgresión a la autoridad, para continuar desempeñando su cargo, obligó a las FF.AA y de Orden a intervenir en forma decidida, evitando  la guerra civil en ciernes y haciendo posible la restauración nacional, lo que se logró solo con grandes sacrificios, gracias a lo cual hoy día gozamos de prosperidad, libertad y tranquilidad.

Excúsenme de traer a la memoria para quienes no vivieron aquellos negros días, que conforme a los informe de prensa de la época - sin pretender hacer un recuento de hechos nefastos que sacudieron a nuestra patria, que nos aparten del genuino propósito de este homenaje- la ejecución de casi 2.000 acciones desestabilizadoras, entre ellas 1.1000 atentados con explosivos, 230 actos de sabotaje, 163 asaltos a mano armada a instituciones financieras, llamadas eufemísticamente “expropiaciones” por sus hechores y 36 ataques selectivos sobre personas, denominados ajusticiamientos, cuyos autores en este caso en particular, la mayoría escapó a la acción de la justicia asilándose nada menos que en la Nunciatura Apostólica por expresa intercesión de la Santa Sede, viajando con posterioridad al extranjero, sin haber sido jamás perseguidos por los tribunales; o bien, fueron beneficiados con indultos por el Presidente Aylwin, conmutándoles la pena por extrañamiento, de manera que hoy día ninguno de ellos se encuentra purgando penas, a diferencia de los nuestros que en el cumplimiento de su deber que combatieron dichos excesos, hoy se encuentran privados de libertad, la mayoría de ellos ancianos y enfermos, algunos de los cuales han fallecido en los penales sin tener la oportunidad de pasar los últimos días de su vida junto a sus seres queridos ni mucho menos gozar de los beneficios que a los otros le han sido concedidos. 

No obstante las pasadas declaraciones del Sr. Cdte. en Jefe del Ejército, General de Ejército Juan Miguel Fuente-Alba, apelando a la mirada humanitaria para los involucrados en casos de DD.HH., considerando que estamos a 40 años del triste episodio que dividió a los chilenos, lamentablemente hasta el momento, sus declaraciones solo han encontrado eco en quienes han hecho del ni perdón ni olvido una doctrina de fe, alimentándose con pasiones que solo enferman el alma y el espíritu y las transmiten a las nuevas generaciones, en medio de la pasividad y silencio de quienes ayer llamaron y aplaudieron la intervención y que hoy gozan de la tranquilidad y prosperidad alcanzada por nuestra nación en estas últimas décadas.

En este mismo sentido, pretender que un conflicto como el que sacudió a nuestra nación en el pasado, en la forma que se este se originó, se presentó y desarrolló, estuviese ajeno a excesos, producto de las circunstancias en que se estos se dieron, es mirar lo ocurrido con sesgos, miopía y el futuro con ataduras no convenientes para la anhelada paz social y reconciliación efectiva. Ningún ser racional puede omitir que la guerra como tal es un exceso y un conflicto entre hermanos no está exento a dichas conductas, por cierto reprochables y causantes de justificado dolor y angustia en las familias de los afectados, pero que no fueron cometidas como expresión de un política oficial, como se ha pretendido instaurar y asentar en la opinión pública. Nadie anhelaba ni buscaba los extremos, pero estos lamentablemente se dieron por profusión del celo, por la pasión acumulada durante tanto tiempo que enceguece y nubla la razón, por la fuerte presión psicológica y el agotamiento físico de estar sometidos a un esfuerzo permanente y constante, de ser víctimas de emboscadas y otros ataques arteros, aún cuando hoy día ellos se consideren que no tenían justificación alguna, especialmente habiendo transcurridos cuatro decenios y se disfrute en el presente de un desarrollo y prosperidad logrado con el esfuerzo de todos nuestros compatriotas y con un clima de paz social que solo se ve ensombrecido por quienes al parecer anhelan regresar al pasado. Por ello, los pueblos que aman la paz y desean asegurar el futuro de nuestros hijos y el de las generaciones futuras, han optado por leyes que tienden a superar las divisiones y las odiosidades, como lo hizo nuestra propia nación a fines del siglo XIX, cuando se vio enfrenado a una revolución civil como la que evitó el gobierno militar.

El seudo ajusticiamiento, preparado y ejecutado en forma brutal fue perpetrado a las 08.30 de la mañana, empleando fusiles ametralladoras Aka de procedencia rusa, similares a los que habían sido internados por el fallecido Presidente Allende durante su gobierno, bajo el disfraz de obras de arte obsequiadas por el líder cubano Fidel Castro.

Comprendemos el profundo dolor que aflige a todos los familiares de las víctimas de estas situaciones no deseadas. Pero nadie parece recordar que entre ellas también se encuentran numerosas pertenecientes a las Fuerzas Armadas y de Orden, como las familias de nuestros caídos que hoy recordamos y cientos más, las que no obstante han asumido su duelo con profunda humildad cristiana y en doloroso silencio su pesar, resignándose y honrando con dignidad y respeto el recuerdo de sus seres queridos que no tuvieron la oportunidad de acompañar el crecimiento de sus hijos ni conocer y disfrutar de la dulzura y ternura de sus nietos.

¿Son acaso para sus esposas e hijos sus dolores menos intensos que el de los otros? ¿Es inferior el amor y el fervor que ellos sienten por sus deudos  ¿Sus hijos y nietos no se hacen las mismas preguntas por la ausencia de sus seres queridos y que en muchos casos ni siquiera tuvieron la suerte de conocer y compartir con ellos? ¿Igualmente no han sido afectados por la imposibilidad de ser depositarios de su cariño y afecto a lo largo de todos estos años, de ser partícipes de sus éxitos o sentir su compañía y apoyo en momentos de dolor o enfermedades; compartir en fechas trascendentales para la familia o para satisfacer las necesidades materiales a causa de la falta del jefe del hogar, sometiéndoles a mayores esfuerzos para compensar dichas carencias? 

Nuestros deudos no han recurrido a manifestaciones callejeras ni funas; no han demandado pensiones, becas ni otras prebendas, que en muchos casos con toda seguridad habrán sido imprescindibles; no han organizado conferencias de prensa ni menos aún recurrido a la ayuda de organismos internacionales u ONG; sus nombres no aparecen en los memoriales de cementerios ni en museos, que como obras materiales hechas por el hombre están sujetas a motivaciones que desnaturalizan su esencia, producto muchas veces de intereses mezquinos y de la contingencia política, ocultando o disfrazando la verdad histórica, como el mal llamado Museo de la Memoria; tampoco han hecho ostentación de sus imágenes ni enlodado su memoria en escapularios exhibidos con fines que no guardan relación con su duelo.

Ellos han dignificado su memoria, grabándola a fuego en sus corazones, desde donde jamás serán erradicadas y fortalecerán nuestros espíritus, colmando de orgullo a sus seres queridos, por haber entregado sus vidas en defensa de los más sagrados principios, como se juramentaran siendo muy jóvenes ante nuestra bandera: Hasta rendir la vida si fuese necesario.

Estamos ciertos que resulta más sencillo y cómodo hablar en estos términos cuando no se ha sido afectado personalmente. Por ello es que se requiere de un tremendo esfuerzo y de mucha mayor generosidad por parte de quienes si lo han sido, como lo han hecho dignas de ejemplo las familias de nuestros mártires, en aras, por una parte, de un necesario y pronto reencuentro entre todos los chilenos y por otra, porque no es sano, tanto fisiológica como moralmente, alimentar los corazones con hiel y odios, transmitiendo toda esa inmensa carga negativa de padres a hijos, ahogándonos en frustraciones y pesares que jamás serán superados.

Detengámonos a pensar y meditar, orando por nuestros caídos de hace 30 años y unámonos en una plegaria por sus almas, en un ruego fervoroso por el consuelo de sus familiares y amigos que tan pundonorosamente han vivido su aflicción y para que el sol vuelva a brillar en el corazón de todos nuestros compatriotas superando los rencores y recriminaciones, que nos permitan solidariamente hermanados continuar impulsando el desarrollo y el bienestar que Chile y su pueblo necesitan y se merecen.

Hay quienes sustentan que los ciclos históricos se repiten en nuestra Patria, casi con las mismas frecuencia con lo son las grandes crecidas de nuestro río capitalino, Dios quiera que este no vuelva a desbordarse. Hagamos sinceros votos por ello.


FERNANDO HORMAZABAL DIAZ
General de Brigada
Cdte. del Regimiento Tradicional de Ingenieros Lumaco
DespiertaChile.cl

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