miércoles, julio 03, 2013

UN PASADO QUE NOS CONDENA, ALLENDE Y PINOCHET: LAS VERDADES OLVIDADAS.





Chile es un país profundamente dividido. Derecha e Izquierda viven en pugna, estudiantes y gobierno hacen lo propio. Ni hablar de una clase política que ya no puede venderle la pomada a la ciudadanía. Sin embargo, muchos todavía sostienen que la polarización del país está vinculada a los haceres de un Capitán General fallecido hace siete años. No es mi intención polarizar más mi sociedad, pero el libro De Allende y Pinochet: las verdades olvidadas (Editorial Maye, 2012) nos hace recapacitar en un pasado que puede ser “terra ignota” para los nacidos posteriormente. Es por eso que hoy reseño este documento de verdades ocultas que muchos chilenos deberían conocer.

Tres jóvenes profesores de historia, Mauricio Schiappacase Ardiles, Ernesto Medalla Mesa y Francisco Sánchez Urra,  son los autores de este libro. Aunque a ninguno se le puede acusar de simpatía por la Izquierda, es de admirar su objetividad. En vez de limitarse a hacer juicios personales optan por apoyarse en las opiniones de otras fuentes y de contemporáneos, (de ambos colores políticos) sobre los hechos descritos.  Allende y Pinochet es un texto de historia que, a ratos, deviene en proyecto oral debido a las múltiples citas de personas involucradas en ese proceso histórico.

Lo que más me ha impresionado de este bien documentado trabajo es que sus fuentes no pueden ser tildadas ni de fascistas ni de estar coimeadas por la Derecha. Como prueba, una de las  autoridades en este examen es el Archivo Mitrokhin, compuesto por informes de agentes de la KGB sobre la infiltración soviética en Chile y su visión del "Camarada" Allende.
Aunque es difícil condensar todo lo que encierra un libro de esta magnitud  hay algunos datos que me han impresionado, sea porque los desconocía o los había olvidado expuesta como estoy (como estamos) a un culto de mentiras  que opacan grandes verdades.

Abre el libro una sección llamada “Generalidades”. Esta comprende una reseña de la historia política del Siglo XX, a la que sigue un resumido panorama de la política en Chile desde antes de ser nación.  Continúa con un examen del nacimiento de movimientos izquierdistas chilenos y su obra en la primera mitad del Siglo XX. Toda esta retrospectiva es necesaria para comprender como funcionaba el aparato político chileno y como influyeron los –ismos que transformaron la historia mundial del siglo pasado.

Hace un tiempo que observando las maniobras de la mafia estudiantil y el actuar de sus dirigentes, he sentido un desagradable deja vu, la sensación de haber vivido esto antes. Leer Allende y Pinochet me ha descifrado ese malestar. Aunque parezca curioso, el mayor impacto de contenido no lo hallé ni en la sección dedicada a la Unidad Popular ni en la del Gobierno Militar (ambas comprende más de la mitad del libro) sino en esa primera parte, dicho puntualmente en eventos ocurridos durante el mandato de Eduardo Frei Montalva.
Desde mi regreso a Chile que escucho en los medios (chilenos y extranjeros) que la explicación universal para todo lo negativo de nuestra sociedad es el Gobierno Militar. Me tienen chata con el cuento de que la violencia chilena, manifiéstese ésta en el auge del crimen o en protestas de estudiantes que a veces rayan en criminales, se debe a la “opresión y brutalidad de los milicos”. Este libro nos recuerda que la violencia política precedió por casi media década al Pronunciamiento del 11 de septiembre de 1973.

Leer sobre sucesos olvidados me remontó a la época que, como “niñita precoz”, tenía permiso para hojear revistas políticas desde la Ercilla hasta el  Topaze, más  los diarios incluyendo El Clarín,  ese “in-famoso” pasquín de la Izquierda.  Me alarmó revivir sucesos inquietantes y premonitorios que en los 60’s dejábamos pasar con esa apatía que vuelve mediocre al ser humano. Tal como hoy, entonces  estaba de moda ser “radical chic” y aplaudíamos la toma de universidades y  las huelgas. ¡Cómo nos reíamos de los aviones chilenos secuestrados y desviados a Cuba! A los 10 años hasta yo  tenía un poster del Che Guevara en la pared de mi dormitorio. Años más tarde pagaríamos con lagrimas amargas nuestra irresponsabilidad e insensatez.

Las señales del debacle que se acercaba saltaban a la vista y nos noqueaban en el ojo como muñecos de resorte. Los asaltos y robos (que La Izquierda tildaba de “expropiación”); el secuestro y asesinato de carabineros;   el descarrilamiento de trenes; el plagio y tortura de Hernán Osses,  y el Incendio del Teatro en Concepción  (todos descritos en el libro) no fueron sucesos aislados. Eran parte de un plan premeditado de desestabilizar la nación y preparar el terreno para una revolución armada (tal como hoy). Yo tenía la excusa de ser una niñita de clase media acomodada que vivía protegida de todo, menos del bullying escolar ¿Pero y mis mayores? ¿Cómo no se daban cuenta?
No solo estaba el Partido Comunista interesado en la desestabilización social del país y en el  atropello a la democracia. En este libro se repasa la infiltración izquierdista de las Fuerzas Armadas por parte del MIR y que comienza a partir de 1965 (Allende y Pinochet, pp. 108-115). Leyendo esas páginas comprendo muchas de las desconfianzas post-11 de septiembre entre las ramas de las Fuerzas Armadas, y la existencia de elementos de alta jerarquía opositores al Pronunciamiento.

Como nos recuerda el libro, el proceder de la Izquierda chilena de los 60’s se caracterizó por la división ente violentos y “reformistas”. Los últimos  eran los que creían que se podía alcanzar el poder por la vía parlamentaria y cambiar el país por medios legales. A esa minoría pertenecía Salvador Allende, y quienes más criticarían su postura serian sus mismos camaradas políticos. Minuciosamente el libro describe una situación en la que los mayores oponentes del Dr. Allende  serían los de su misma ideología, pero que abrazaban totalmente la vía de la violencia. Irónico que hoy lo enaltezcan cuando en su día criticaron y obstaculizaron  su labor.

Resulta espeluznante leer las declaraciones incitando a comportamientos violentos y antisociales. En declaraciones a El Siglo (febrero, 1969) Volodia Teitelboim afirmaba “La expresión vía pacifica es un término obsoleto que no tiene ningún sentido” (Allende y Pinochet, p. 65). Ese mismo año Carlos Altamirano declaraba “Nada tiene de extraño que el orden socialista nazca del cañón de un fusil” (Allende y Pinochet, p.66).
El libro describe los panfletos del MIR de esa época donde repudian  medios tradicionales y legales de alcanzar el poder,  acusan a la clase política izquierdista de ser “escuela de traidores” y terminan con un llamado  “a tomar el camino franco y directo de la lucha revolucionaria” (Allende y Pinochet, p.  72). Los autores también nos recuerdan que en 1971 el propio Allende dirá en una entrevista con el escritor Regis Debray: “Si no hubiera sido elegido, las calles de Santiago estarían llenas de sangre” (Allende y Pinochet, p. 92).

Salvador Allende, hoy mártir de una “historia oficial” Roja, no fue siempre el bien amado de los gobiernos de la orbita Soviética. El Archivo MItrokhin es muy franco sobre ese aspecto. Este libro recoge varios reportes de agentes de los servicios de inteligencia rusos, incluso pre-KGB. En ellos la imagen de Don Chicho no es óptima. Junto a destacar  lo que en su día llamaban “los gustos de pije del Compañero Allende” como su afición por la buena ropa, whisky fino y mujeres buenasmozas, están también acusaciones de poco fervor revolucionario, soberbia, falta de conocimiento político y adherencia ideologías facciosas.

“Sus atributos más característicos son la arrogancia, la vanidad, el deseo de que lo glorifiquen y de ser el centro de atención a toda costa “(Allende y Pinochet, p. 83). Esto dicho por la propia KGB quien además lo calificaría de ser “un demagogo y político débil e inconsistente, con simpatías maoístas” (Allende y Pinochet, p. 87).
Aunque amigo de la legalidad, El Compañero Allende, y no nos engañemos en este aspecto, pretendía con su gobierno destruir toda estructura legal e institucional chilena. Su sueño era comenzar desde cero y convertir a Chile en un clon de la Cuba castrista. Esto lo confirma uno de sus seguidores, Luis Guastavino. El libro recoge sus declaraciones hechas al diario El Mercurio en agosto del 2003.  Según el entonces intendente de la Región de Valparaíso, el gobierno de la UP oscilaba hacia un socialismo “donde no iba a haber sino una educación, una televisión, un diario, una filosofía, un partido único” (Allende y Pinochet, p.95).
El gobierno allendista y sus desmanes también es retratado en un segmento correspondiente que describe el clima de inseguridad economía y ciudadana que se vivió (vivimos) por aquellos años. Nuevamente leer esas líneas me llena de malos recuerdo; los cordones revolucionarios que rodeaban el Gran Santiago y que amedrentaban a la ciudadanía; las huelgas; las marchas de cacerolas que el mundo hoy cree que se originaron durante el gobierno militar. Siempre adhiriéndose a fuentes originales, el libro describe todos los altibajos de la Unidad Popular, la corrupción pública y privada de la corte allendista, el caos político, el vacío de poder, y por supuesto la omnipresente presencia de la violencia izquierdista.
Recuerdo claramente cada marcha, cada protesta de la que fui testigo. Eso aunado a noticias escalofriantes de tomas de fábricas , expropiaciones de fundos  y otros abusos “revolucionarios” que venían de todos los puntos del país nos tenían sumidos en dolorosas incertidumbres. Lo irónico es que muchas protestas y huelgas eran en contra del gobierno al que los facciosos tildaban de “blandos”. Comparando esa falta de solidaridad Roja, y esos elementos tan peligrosos, con los “díscolos” del Gobierno Bachelet, estos últimos parecen monaguillos inofensivos.
¿Logró entre todo este descalabro el breve, pero nefasto gobierno allendista mejorar la situación de los chilenos cuyas miserias pretendía remediar? El libro cede la palabra a Marcos Enríquez Ominami que con ojo retrospectivo responde con una conclusión lapidaria:
“Los resultados de Allende fueron como las huevas...las injusticias fueron más graves, los pobres más pobres.” (Allende y Pinochet, p.132).
¿Entonces por qué los cabros chicos chilenos y los viejos progres del Primer Mundo siguen hablando de la Unidad Popular como un Paraíso para los pobres tronchado únicamente por el oportunismo militar y las ambiciones gringas?

El resto del libro se concentra en el Gobierno Militar.  No es talmente el panegírico esperado. Los autores reconoce el uso de torturas, pero recuerdan que aun gobiernos “democráticos” de tendencias de Izquierda (e.g. La España de Felipe González) hna hecho uso de apremios físicos en su lucha contra elementos  terroristas. Ciertamente, el libro no escatima detalle sobre la violencia de parte de grupos antigubernamentales que afectó Chile durante los años 1973-1989. Cuando comparamos el estado de nuestra Patria con situaciones vividas en Perú, Colombia y otras naciones latinoamericanas enfrentadas a lacras similares, nos damos cuenta de que solo la fuerza militar impidió que viviéramos en un estado de terrorismo total.

El libro ofrece un toque de luz en esa oscuridad evocando lo que La Concertación vanamente pretende que el país olvide, el milagro económico ocurrido durante el gobierno del General Pinochet. Milagro nacido de un programa económico que gobiernos de la Concertación hicieron suyo y que han permitido que Chile sea, en este momento, un gigante de estabilidad y desarrollo económico y buen puerto para que calen inversionistas extranjeros.

Al cerrar el libro, me quedan rondando en la cabeza unas incógnitas. ¿Por qué es execrable la violencia perpetrada por los militares, pero la que va en contra de los mencionados es considerada excusable, admirable, e incluso patriótica? ¿Y qué sucede con el terrorismo que tuvo lugar durante los gobiernos democráticos de 60’s y 70’s? ¿También es justificable y digno de admiración? Esas son preguntas que cada chileno debe plantearse antes de aplaudir o endorsar esta cultura de violencia que estamos viviendo y que es como un  espejo de la que precedió al Gobierno Militar.

Allende y Pinochet: las verdades ocultas puede ser encontrado tanto en la Feria Chilena del Libro como en la Librería Antártica.

VIOLANTE CABRAL.

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