lunes, julio 22, 2013

¿TIENE CONCIENCIA EL PARTIDO COMUNISTA?



Una de las formas de iniciar epistemológicamente el análisis de la “conciencia” es a través del punto de arranque de posturas ideológicas y jurídicas que yerran con los conceptos de autonomía y heteronomía, norma jurídica y libertad o autodeterminación (pensemos en los derechos reproductivos) y determinación a través de una autoridad externa. Es en esta contraposición de conceptos que la “conciencia” funciona como el centinela de la correcta libertad, de la paz y en consecuencia del Derecho.
La problemática que nos plantea la conciencia nos sitúa en la sede de la moralidad y la existencia humana. Pero debemos tener mucha precaución con un aspecto de ella que se ha tergiversado en la actualidad, que puede terminar por justificar incluso crímenes contra el hombre, amparados por una desviada idea del Derecho. Me refiero a la “conciencia errónea”.
No es difícil percatarse, si reflexionamos un poco, de la divulgada opinión que existe sobre lo que sería una especie de “inimputabilidad” de ciertas personas, que si bien están en el error, en su conciencia creen estar del lado de la verdad, pero que de saber realmente lo correcto, su comportamiento moral no habría estado a la altura necesaria. De esta manera la conciencia errónea, que permite vivir una vida más fácil, sería la verdadera gracia y el estándar de comportamiento necesario.
Descubrimos de esta forma que ante la no verdad, el quedarse lejos de la verdad, sería para el hombre mejor que la verdad, equivocando incluso su raíz antropológica, ya que en realidad estamos inclinados siempre hacia la “Verdad”. No sería la verdad lo que libertaría, sino más bien habría que liberarse de ella. Ahora, sobre este aspecto debemos tener mucha precaución, porque es este uno de los puntos centrales del liberalismo, del inmanentismo y del positivismo jurídico, que muchas veces pasa desapercibido.
En la modernidad, la conciencia no se despliega como el foco desde el cual el hombre abarca la verdad universal, que nos erige a todos y que una vez reconocida por el Estado posibilita un Derecho instituido por el hombre y no creado por él. En esta concepción la conciencia no es la apertura del hombre hacia el fundamento de su ser, sino más bien parece ser el recubierto de la subjetividad, en el que el hombre se puede esconder huyendo de la realidad. Está aquí manifestado el concepto de conciencia que adopta el liberalismo. La conciencia no abre las puertas al camino liberador de la verdad, la cual o no existe en absoluto o es demasiado exigente para nosotros.
La “conciencia errónea” se transforma de esta manera en la justificación de la subjetividad, que ya ni siquiera se deja poner en tela de juicio. Se evapora la obligación de buscar la verdad, como también las dudas sobre las nuevas directrices dominantes en la sociedad y todo lo que en ellas se ha vuelto parte de nuestra cultura. Ahora basta solamente estar convencido de las propias opiniones y acomodarse a las de los demás. El hombre queda reducido a sus convicciones superficiales que, cuanto menos profundas sean tanto mejor para él (J. Ratzinger).
Todo este análisis previo lo he hecho en consideración al Partido Comunista y su justificación a las sistemáticas violaciones a los derechos humanos, que han cometido tanto en Chile, como en Cuba o Corea del Norte y que hoy es objeto de contraposición con el Partido Socialista y los argumentos presentados por Osvaldo Andrade frente a las dictaduras de izquierda. Los comunistas, con brazos armados como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, han realizado respuestas fanáticas con una convicción propia de quien cree estar realizando un bien. Inclusive basta consultar a cualquier comunista su posición sobre la democracia, y dirán como respuesta que son absolutamente democráticos. De esta forma la pregunta que me hago es, por mucho que las acciones de los comunistas hayan sido objetivamente espantosas, a nivel subjetivo ¿se comportaron moralmente bien? ¿Es justificación plausible esto? La respuesta es no.
La respuesta negativa a esta pregunta es por un motivo fundamental. No se puede identificar la conciencia del hombre con la autoconciencia del yo, con la certidumbre subjetiva de sí mismo y del propio comportamiento moral. Sin perjuicio de esto, es cierto que este conocimiento puede ser una mera espontaneidad de las opiniones difundidas en el ambiente social, o puede proceder de una falta de autocrítica o incluso de una incapacidad de escuchar las profundidades del espíritu, según J. Ratzinger. Todo lo que ha salido a la luz después del hundimiento del sistema marxista en la Europa Oriental, confirma este diagnóstico. Y la deformación intelectual sufrida por esto ha sido enorme. Hoy ha quedado como efecto de lo anterior una incompetencia en el sentimiento moral, que representa una pérdida y un peligro mucho más grave que los daños económicos ocurridos.
La reducción del hombre a su mundo subjetivo no libera en absoluto, sino que por el contrario esclaviza y nos hace totalmente dependientes de las opiniones dominantes. La persona o grupo político que hace coincidir la conciencia con las convicciones superficiales, la identifica con una seguridad seudorracional entrecruzada de autojustificaciones y pereza. La conciencia se minimiza y se deforma a mecanismo de “desculpabilización”. La reducción de la conciencia a la certidumbre subjetiva significa por lo tanto la absoluta renuncia a la verdad.
Así las cosas y sin posibilidad de justificación alguna, hoy es este mismo Partido Comunista, que defiende una ideología manchada con sangre a lo largo de la historia nacional y mundial, la que pretende llegar al Ejecutivo en caso de salir electa Michelle Bachelet.
Gonzalo Carrasco A.
VivaChile.org

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