martes, julio 30, 2013

CHILE A LA RULETA.



La lógica del espectáculo lo invade todo. Ahora resulta que los debates presidenciales deben ser entretenidos, y se reprocha que Allamand y Longueira tengan tantas coincidencias. Twitter se aburre: quiere ver sangre, y se encuentra con propuestas unitarias; tiene sed de experimentos políticos, y constata, irritado, un afán de estabilidad.
Parece que olvidamos que esto no es un reality, es Chile, que enfrenta la elección presidencial más importante de los últimos 43 años. En ese contexto, si una coalición muestra unidad, tiene una ventaja comparativa grande. Uno puede discrepar de sus propuestas, y está en su derecho. Pero esperar sangre y lamentar que no llegue es pura y simple frivolidad.
La congruencia entre los candidatos de la Alianza es, al mismo tiempo, su gran debilidad en las primarias del próximo 30 de junio. Algunos pueden pensar ingenuamente que, dado que los candidatos son parecidos y competentes, entonces da lo mismo votar o quedarse en casa. Olvidan que en esta etapa lo más imprescindible para la Alianza es contar con una alta participación, que muestre que esta no es una carrera perdida.
Distintas son las cosas en “Nueva Mayoría”, la coalición opositora. Ella sí nos promete un futuro excitante.
¿Tendremos el aborto de Gómez, o el respeto a la vida que propone Orrego?
Los hijos de ricos, ¿irán a la universidad gratuita de Bachelet, o tendrán que pagar si se impone el aguafiestas de Velasco, que insiste en hacernos poner los pies en la tierra?
¿Y qué pasará con la educación privada básica y media? En la Unidad Popular, las amenazas a la libertad de educación llevaron a una férrea alianza entre la Democracia Cristiana y la derecha. ¿Ha dejado de ser una materia importante? Parece difícil que la DC ignore el clamor de miles de familias de clase media que quieren elegir para sus hijos un colegio de acuerdo con sus preferencias.
¿Y el matrimonio, esa institución que está en la base de la humanidad? ¿Seguirá siendo una unión entre hombre y mujer, como quiere la DC, o pasará a ser un cajón de sastre, donde todo cabe con tal de que haya amor, como anhelan Bachelet, Gómez y Velasco?
Tampoco aparece claro el papel que el Estado tendrá en nuestras vidas. Ese clamor por “más Estado”, ¿implica que la autoridad se preocupará más de los débiles (postura de Velasco y Orrego), o que va a terminar controlando gran parte de nuestras vidas, como quieren los otros? ¿Dejaremos en manos del Estado nuestra salud, nuestra vejez y nuestra educación? La presencia del Partido Comunista no es particularmente útil para lograr un consenso.
La participación comunista, ¿supondrá un lastre a nuestra política internacional, de modo que habrá que mirar para el lado cuando los disidentes cubanos tengan problemas?
Tampoco hay claridad sobre la carga tributaria. Bachelet quiere aumentar el impuesto a las empresas, eliminar el Fondo de Utilidades Tributarias, y hasta habla de subir el Impuesto de Timbres y Estampillas, lo que equivale a poner nuevos obstáculos a las Pymes y a toda clase de emprendedores.
Las propuestas de Allamand y Longueira podrán gustarnos o no, pero carecen de ambigüedades. Sus votantes conocen los términos del mandato que le entregarán a uno de los dos.
En cambio, las múltiples caras de “Nueva Mayoría” nos dejan perplejos. Las diferencias entre la izquierda liberal de Velasco, el socialcristianismo de Orrego, la peculiar socialdemocracia radicalizada de Gómez, la proverbial indefinición de Bachelet, y las ideas del PC (con un pie en la institucionalidad y otro en la calle) no son cuestión de matices.
Como sus principales propuestas son contradictorias, una parte significativa de sus electores quedarán defraudados. El problema es que, en esta ruleta, nadie sabe por anticipado qué grupos resultarán postergados por su candidata, porque está claro que no podrá complacerlos a todos. A los votantes de las primarias se les pide un cheque en blanco y una ciega confianza en que ella acertará con sus futuras corazonadas. La víctima más probable en este cuadro incierto será la DC, pero seguramente habrá otras.
Los juegos de azar están reservados a los casinos, pero parece que aquí nos están poniendo a todos los chilenos en la ruleta.
Todo esto suena muy entretenido, porque nos aleja del predecible eje México-Colombia-Perú y nos acerca al emocionante club Argentina-Ecuador-Bolivia. Más que “Nueva Mayoría”, esta coalición debería llamarse “Rumbo a la aventura”.
JOAQUÍN GARCÍA SAAVEDRA.
VivaChile.org

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